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axon / άξων / eixo / eje del mundo

      

Vivenza

O Eixo do Mundo (skambha) simboliza a passagem vertical entre o plano terrestre e o plano celeste, situado no Centro   do Universo  , ao mesmo tempo raio   do círculo e raio do Sol, pois sempre considerado como portador de luz   (Lúcifer), Platão o descrevendo mesmo como "Eixo luminoso de diamante", o que, escreve Guénon, não é sem fazer lembrar um dos aspectos do Vajra tibetano, este tendo o sentido de "raio" e igualmente de "diamante". Na mesma ordem   de ideia, a escada   de Jacó é também identificada ao Eixo do Mundo, lugar de passagem entre a Terra   e o Céu (Céu e Terra).

É a notar, que a Cruz, frequentemente representada entre o Sol   e a Lua   nas antigas figurações medievais, é uma imagem bastante evidente   do Eixo do Mundo, Guénon chega mesmo a precisar, que esta identificação da Cruz com o Eixo do Mundo, se encontra expressamente enunciada na divisa da Ordem dos Cartuchos: "Stat Crux   dum volvitur orbis"; o símbolo do "globo do Mundo", mostrando uma cruz sobrepondo-se ao polo terrestre, e sendo a princípio uma cativante e muito significativa identificação com o "Eixo do Mundo", assim como uma recordação alquímica surpreendente do hieróglifo da Terra e o emblema do poder imperial.

Quanto aos símbolos podendo ser identificados com o Eixo do Mundo, e afim de ser o mais completo possível, conviria assinalar igualmente além da Árvore, a Escada e a Cruz que já se falou, a "Montanha   Polar" que ocupa uma lugar totalmente especial no seio das figurações simbólicas do Eixo. Se destaca que a ciência dos símbolos nos indica que a Lança, como o Cálice, que figuram em lugar importante nos elementos   fundamentais da Lenda do Graal, são comparáveis à "Montanha Polar".

René Guénon

En el curso de su estudio sobre el simbolismo del domo, Ananda K. Coomaraswamy ha señalado un punto particularmente digno de atención en lo que concierne a la figuración tradicional de los rayos   solares y su relación con el "Eje del Mundo": en la tradición védica, el sol está siempre en el centro del Universo y no en su punto más alto, aunque, desde un punto cualquiera, aparezca empero como situado en la "cúspide del árbol" (Hemos indicado en otras oportunidades la representación del sol, en diferentes tradiciones, como el fruto   del "Árbol de Vida"), y esto es fácil de comprender si se considera al Universo como simbolizado por la rueda, pues entonces el sol se encuentra en el centro de ésta y todo estado   de ser se halla en su circunferencia (Esta posición central y, por consiguiente, invariable del sol le da aquí el carácter de un verdadero "polo", a la vez que lo sitúa constantemente en el cenit con respecto a cualquier punto del Universo). Desde cualquier punto de esta última, el "Eje del Mundo" es a la vez un radio del círculo y un rayo de sol, y pasa geométricamente a través del sol para prolongarse más allá del centro y completar el diámetro; pero esto no es todo, y el "Eje del Mundo" es también un "rayo solar" cuya prolongación no admite ninguna representación geométrica. Se trata aquí de la fórmula según la cual el sol se describe como dotado de siete rayos; de éstos, seis, opuestos dos a dos, forman el trivid vajra (’triple vajra’), es decir, la cruz de tres dimensiones; los que corresponden al cenit y al nadir coinciden con nuestro "Eje del Mundo" (skambha), mientras que los que los que corresponden al norte   y al sur, al este y al oeste, determinan la extensión de un "mundo" (loka) figurado por un plano horizontal. En cuanto al "séptimo rayo", que pasa a través del sol, pero en otro sentido que el antes indicado, para conducir a los mundos suprasolares (considerados como el dominio de la "inmortalidad  "), corresponde propiamente al centro y, por consiguiente, no puede ser representado sino por la intersección misma de los brazos de la cruz de tres dimensiones (Es de notar que, en las figuraciones simbólicas del sol de siete rayos, en especial en antiguas monedas indias, aunque esos rayos no estén todos forzosamente trazados en disposición circular en torno del disco central, el "séptimo rayo" se distingue de los otros por una forma netamente diferente); su prolongación allende el sol no es representable en modo alguno, y esto corresponde precisamente al carácter "incomunicable" e "inexpresable" de aquello de que se trata. Desde nuestro punto de vista, y desde el de todo ser situado en la "circunferencia" del Universo, ese rayo termina en el sol mismo y se identifica en cierto modo con él en tanto que centro, pues nadie puede ver a través del disco solar por ningún medio físico o psíquico que fuere, y ese paso "allende el sol" (que es la "última muerte" y el paso a la "inmortalidad" verdadera) no es posible sino en el orden puramente espiritual.

Ahora, lo que importa señalar, para vincular estas consideraciones con las que hemos expuesto anteriormente, es esto: por ese "séptimo rayo" está vinculado directamente al sol el "corazón" de todo ser particular; él es, pues, el "rayo solar" por excelencia, el sushumna por el cual esa conexión se establece de modo constante e invariable (Ver L’Homme et son devenir selon le Vedanta  , cap. XX); y él es también el sutratma (’hilo del Atma  ’) que une todos los estados del ser entre sí y con su centro total (A esto se refiere, en la tradición islámica, uno de los sentidos de la palabra es-sirr, literalmente, ’el secreto’, empleada para designar lo que hay de más central en todo ser, y a la vez su relación directa con el "Centro supremo", ello en razón de ese carácter de "incomunicabilidad" a que acabamos de aludir). Para quien ha retornado al centro de su propio ser, ese "séptimo rayo" coincide necesariamente con el "Eje del Mundo", y del tal se dice que para él "el Sol se levanta siempre en el cenit y se pone en el nadir" (Chhandogya-Upanishad  , Prapathaka 3 Khanda 8 shruti   10). Así, aunque el "Eje del Mundo" no sea actualmente ese "séptimo rayo" para un ser cualquiera situado en tal o cual punto particular de la circunferencia, lo es siempre, empero, virtualmente, en el sentido de que tiene la posibilidad de identificarse con él por medio de ese retorno al centro, cualquiera sea, por otra parte, el estado de existencia en que ese retorno se efectúe. Podría decirse también que ese "séptimo rayo" es el único "Eje" verdaderamente inmutable, el único que, desde.el punto de vista universal  , pueda designarse verdaderamente con ese nombre, y que todo "eje" particular, relativo a una situación contingente, no es realmente "eje" sino en virtud de esa posibilidad de identificación con él; y esto es, en definitiva, lo que da toda su significación a cualquier representación simbólicamente localizada del "Eje del Mundo", por ejemplo aquella que hemos considerado antes en la estructura de los edificios construidos según reglas tradicionales, y en especial de aquellos que están coronados por un techo en forma de cúpula, pues precisamente a este tema de la cúpula o el domo debemos volver ahora. [LA PUERTA   ESTRECHA]