Página inicial > Medievo - Renascença > Corbin (ICSIA): Senhor

A imaginação criadora no sufismo de Ibn Arabi

Corbin (ICSIA): Senhor

2. A ontologia integral e as teofanias

segunda-feira 1º de agosto de 2022, por Cardoso de Castro

    

español

Significa alcanzar lo que se designa técnicamente como sirr al-robúbíya, el secreto de esta condición señorial, el secreto que la fundamenta y la hace posible, y sin el cual desaparece. Los Nombres divinos   no tienen sentido y realidad más que por y para los seres para los que ellos son formas, las teofanías en las que la divinidad se revela a su fiel. Al-Láh, por ejemplo, es el Nombre que significa la Esencia divina revestida de todos sus atributos. Al-Rabb  , el «Señor», es lo divino personificado y particularizado en uno de los Nombres y en uno de sus atributos. Estos Nombres divinos son los «señores», los Dioses de ahí el Nombre supremo como «Señor de Señores» («Dios de Dioses», dicen el Deuteronomio y Sohravardí), «el mejor de los Creadores», dice el Corán.

Haydar Amoli lo explica así: «La divinidad (olúhiya) y la señorialidad (robúbíya) no adquieren realidad más que por el Dios y por aquél del que ese Dios es el Dios, por el Señor y por aquél del que ese Señor es el Señor». O también: «El Agente   activo absoluto (al-féiil al-motlaq) requiere un receptáculo   (un patiens) absoluto, como es la relación entre el Ser   divino y el Universo  . Del mismo modo, el Agente activo limitado requiere un receptáculo determinado y limitado, como es la relación entre los Nombres divinos múltiples y las hecceidades   eternas. Es así porque cada Nombre divino, cada atributo divino, postula una forma epifánica propia, lo que se designa como relación entre rabb, el señor, y marbúb, aquél del que el señor es señor. Estas indicaciones atestiguan la pluralidad de los Creadores y la multiplicidad de los Señores (Arbéib)».

La connivencia de la que hablábamos hace un momento entre el Nombre divino y la hecceidad eterna en que ese Nombre aspira a revelarse llega a la investidura de ese Nombre en una forma de manifestación   (mazhar) que le es propia. Se siguen los actos de una cosmogonía o de una teogonía basada no en la idea   de Encarnación, sino en la de unión teofánica (unión de la que la imagen y el espejo son ejemplo), unión teofánica delléihút y el néisút, del Nombre divino y la forma sensible   que es el espejo en el que ese Nombre divino se refleja. Pues la integridad del Nombre divino son, los dos juntos, el Nombre y su espejo, su forma de manifestación, no uno sin el otro ni el uno confundido con el otro (a la manera de una unión hipostática). Los dos juntos constituyen la totalidad y la realidad de un Nombre divino. Ésta es la ontología integral basada en la función epifánica, que es el fundamento del «secreto de la condición señorial».

Rabb es en efecto un nombre propio que postula e implica la relación con aquél del cual el señor es señor, su marbúb (el marbúb «lleva» el Nombre; su nombre es teóforo). Un gran místico  , Sahl Tostarí, define así el secreto en cuestión: «La condición señorial divina tiene un secreto, y ése eres tú. Si ese tú desapareciera, la condición señorial del señor divino sería igualmente abolida. Ya hemos señalado en otra parte la idea del pacto caballeresco subyacente en la relación mística del Rabb y el marbúb, del señor y su vasallo, su»teóforo«. Hay interdependencia entre uno y otro; uno no puede subsistir sin el otro. Es esto lo que, en Occidente, ha inspirado algunos de los más bellos dísticos de Angelus Silesius  :»Dios no vive sin mí; yo sé que sin mí Dios no puede vivir ni un instante  «. El»secreto de la condición señorial divina«es ése. Es este secreto lo que no hay que olvidar, cuando se pronuncian, como hacíamos al principio, las expresiones»muerte   de los Dioses«y»renacimiento de los Dioses".

Así desaparece el monoteísmo   abstracto que opone un Ente divino (Ens supremum) a un ente creatural. Éste es integrado en el advenimiento mismo de la señorialidad de su señor. Es su secreto. Uno y otro son compañeros de una misma epopeya teogónica. En verdad, ese secreto se origina en la determinación inicial con la que hace eclosión la totalidad de los Nombres divinos que postulan la multitud de las teofanías, por tanto la multiplicidad de la relación entre Rabb y marbúb, unidos uno a otro por el mismo secreto que es en definitiva la función epifánica del marbúb. Esta función epifánica se entiende en el nivel de una catóptrica (ciencia de los espejos) esotérica. No puede ser salvaguardada, lo comprendemos ahora, más que por la ontología integral, superando toda antinomia de lo Uno y lo múltiple, del monoteísmo y el politeísmo, por la integración de la integración (jam al-jam), que integra el Todo unificado con el Todo diversificado.

El peligro de la idolatría metafísica  , de la confusión entre unidad del ser y unidad del ente, queda entonces descartado. Sayyed Haydar Amoli, cuyos ingeniosos -yo diría incluso geniales- diagramas ya hemos estudiado aquí, en Eranos, hace algunos años, ilustrará en su inmenso comentario de las Gemas de las sabidurías de los profetas, de Ibn Arabi  , algunos aspectos de esa integración de la integración tal como la determina la relación auténtica entre el Uno unífico y sus teofanías múltiples, no siendo en ningún caso el Uno unífico una unidad aritmética que se sobreañada a las unidades concretas que él unifica, que actualiza en unidades. Por eso en los diagramas en forma de círculos estará siempre en el centro  .

Original

Le dire, c’est atteindre ce que l’on désigne techniquement comme sirr al-robûbîya, le secret de cette condition seigneuriale, le secret qui la fonde et la rend possible, et sans lequel elle disparaît. Les Noms divins n’ont de sens et de réalité que par et pour des êtres pour qui ils sont les formes, les théophanies sous lesquelles la divinité se révèle à son fidèle. Al-Lâh, par exemple, est le Nom qui signifie l’Essence divine revêtue de tous ses Attributs. Al-Rabb, le « Seigneur », c’est le Divin personnifié et particularisé sous l’un de ses Noms et dans l’un de ses Attributs. Ces Noms divins, ce sont les « seigneurs », les « Dieux », d’où le Nom suprême comme « Seigneur des Seigneurs » (Dieu   des Dieux disent le Deutéronome et Sohravardî), « le meilleur des Créateurs », dit le Qorân.

C’est ce qu’explique ainsi Haydar Âmoli : « La divinité (olûhîya) et la seigneurialité (robûbîya) ne prennent de réalité que par le Dieu et par celui dont ce Dieu est le Dieu, par le Seigneur et par celui dont ce Seigneur est le Seigneur. » Ou encore : « L’Agent actif absolu (al-fâ’il al-motlaq) requiert un réceptable (unpatiens) absolu, comme tel est le rapport entre l’Être Divin et l’univers. De même l’Agent actif limité requiert un réceptable déterminé et limité, comme tel est le rapport entre les Noms divins multiples et les hec-céités éternelles. Cela, parce que chaque Nom divin, chaque Attribut divin, postule une forme épipha-nique en propre, ce que l’on désigne comme rapport entre rabb, le seigneur, et marbûb, celui dont il est le seigneur. Ces indications attestent la pluralité des Créateurs et la multiplicité des Seigneurs (Arbâb). »

La connivence dont nous parlions tout à l’heure, entre le Nom divin et l’heccéité éternelle en laquelle ce Nom aspire à se révéler, aboutit à l’investissement de ce Nom dans une forme de manifestation (mazhar) qui lui est propre. S’ensuivent les actes d’une cosmogonie ou d’une théogonie fondée non pas sur l’idée d’une Incarnation, mais sur l’idée d’une union théophanique (union dont l’image et le miroir sont l’exemple), union théophanique du lâhût et du nâsût, du Nom divin et de la forme sensible qui est le miroir dans lequel ce Nom divin transparaît. Car l’intégralité du Nom divin, ce sont tous deux ensemble le Nom et son miroir, sa forme de manifestation, non pas l’un sans l’autre ni l’un confondu avec l’autre (à la façon d’une union hypostatique). Ce sont les deux ensemble qui constituent la totalité et la réalité d’un Nom divin. C’est cela l’ontologie intégrale fondée sur la fonction épiphanique, laquelle supporte le « secret de la condition seigneuriale ».

Rabb en effet est un nom propre qui postule et implique la relation avec celui dont il est le seigneur, son marbûb (le marbûb « porte » le Nom; son nom est théophore). Un grand mystique, Sahl Tostarî, définit ainsi le secret en question : « La condition seigneuriale divine a un secret, et c’est toi. Si ce toi venait à être enlevé, la condition seigneuriale du seigneur divin serait également abolie. » Nous avons déjà relevé ailleurs l’idée du pacte chevaleresque sous-jacente au rapport mystique du Rabb et du marbûb, du seigneur et de son vassal, son « théophore ». Il y a interdépendance entre l’un et l’autre; l’un ne peut subsister sans l’autre. C’est cela même qui, en Occident, a inspiré certains des plus beaux distiques d’Angelus Silesius : « Dieu ne vit pas sans moi; je sais que sans moi Dieu ne peut vivre un clin d’œil. » Le « secret de la condition seigneuriale divine », c’est cela. C’est ce secret qu’il ne faut pas oublier, lorsque l’on prononce, comme nous le faisions au début, les mots de « mort » et de « renaissance des Dieux ».

Ainsi disparaît le monothéisme abstrait opposant un Etant divin (Ens supremum) à un Etant créaturel. Celui-ci est intégré à l’avènement même de la seigneurialité de son seigneur. Il en est lui-même le secret. L’un et l’autre sont partenaires d’une même épopée théogonique. En vérité, ce secret s’origine à la détermination initiale, avec laquelle fait éclosion la totalité des Noms divins postulant la multitude des théophanies, donc la multiplicité du rapport entre Rabb et marbûb, liés l’un à l’autre par le même secret qui est en définitive la fonction épiphanique du marbûb. Cette fonction épiphanique s’entend au niveau d’une katoptrique (science des miroirs) ésotérique. Elle ne peut être sauvegardée, nous le comprenons maintenant, que par l’ontologie intégrale, dépassant toute antinomie de l’Un et du Multiple, du monothéisme et du polythéisme, par l’intégration de l’intégration (jam’ al-jam), intégrant le Tout unifié au Tout diversifié. Le péril de l’idolâtrie métaphysique, de la confusion entre unité de l’être et unité de l’étant, est désormais écarté. Sayyed Haydar Amolî dont nous avons déjà étudié ici à Eranos, il y a quelques années, les diagrammes ingénieux, je dirai même géniaux, illustrera dans son immense commentaire des Gemmes des sagesses des prophètes d’Ibn ’Arabî, quelques aspects de cette intégration de l’intégration, telle que la détermine le rapport authentique entre l’Un unifique et ses théophanies multiples, l’Un unifique n’étant en aucun cas une unité arithmétique se surajoutant aux unités concrètes qu’il unifie, actualise en unités. C’est pourquoi dans les diagrammes en formes de cercles, il sera toujours au centre.


Ver online : Excertos de «Paradoxo do Monoteísmo»