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Teofisica

segunda-feira 28 de março de 2022

Epílogo
Hemos tenido que mantenermos en la generalidad más pura intentando de delimitar   un concepto. Para mostrar su fecundidad se debería ahora ejemplificarlo y hacer ver como una visión teofísica del mundo aporta una nueva luz tanto a la Física como a la Teología. A la Física, por un lado, porque le vuelve a dar aquella dignidad de Ciencia teológica y de hábito   humano, dándole la conciencia que se las tiene que haber con algo más que con simples procesos, fórmulas o comportamientos, sin otra compensación luego que tal cultivo da prestigio, dinero e poder sobre los ombres e sobre la naturaleza. La dignidad de la Física es mucho mayor que todo esto. La Teofísica le hace llegar, a ella también, hasta las mismas entrañas de Dios, en quien — paradójicamente — por ser simple, el roce más superficial le penetra hasta lo más profundo de su Ser; ella también descifra la Revelación de lo que Es y de Quien es. A la Teología, por el otro lado, porque le reconcilia con el mundo científico que se había casi perdido del ámbito teológico y con su contacto la vivifica y enriquece. Toda una dimensión de la Teología de la creación material sólo nos puede venir de la aportación teofísica.

Veamos uno de los puntos más centrales de este ejemplo: Una visión corriente dentro de la Teología de la creación, influenciada mucho más de lo que comúnmente se cree por una cierta concepción de la Ciencia, coloca el acto creador de Dios al principio del tiempo, de manera que una vez Dios creó el mundo pudo al séptimo día descansar y limitarse a "conservar" el universo y a ejercer una espécie de "supervisión" de ingeniero-jefe para corregir alguns defectos o para "intervenir" en lo que la Ciencia hasta ahora no puede explicar (digamos, la creación directa del alma humana, por ejemplo o la "creación" de los diversos reinos naturales, sean éstos los géneros o las especies). Es evidente   que la Ciencia no puede manifestar una excesiva consideración por un Dios, cuya misión ha consistido en poner en marcha universo y que ahora se limita a "tapar los huecos" que la Ciencia aún no puede explicar, para retirarse "estratégicamente", cuando la explicación científica llega. Tampoco la Física sola puede decir mucho acerca de la creación y el científico creyente se encuentra, muy a su pesar, encerrado en una dicotomía que no favorece ni su fe ni su razón. La Teofísica nos haría ver entre otras cosas cómo la llamada Causa   primera no es la primera en el orden exclusiva ni primordialmente temporal, de manera que pueda considerarse como un primer anillo que sostiene al segundo, éste al tercero y así sucesivamente, sino que es una Causa que está inmeditamente causando cualquier "causa segunda", esto es, con otras palabras, que la creación no es una cosa del pasado sino del presente  , que el fiat   creador no es un acto del inicio del mundo, sino que es el acto sempiterno de Dios por el que crea las cosas a lo largo el tiempo, esto es, que es un acto del presente. Cualquier alma contemplativa "ve" que Dios está hoy, ahora, creando el mundo. Dios no está sólo al inicio o al final del mundo sino que lo está creando en la medida que el universo es, subsiste y evoluciona. Toda la teoría de la evolución no quiere ser otra cosa que la reacción en contra de um concepto estático del universo que una cierta concepción — postcartesiana — de la realidade nos había hecho creer. Lo triste del caso es que esta sed teológica de la Ciencia no haya sido hasta ahora adecuadamente compreendida ni por los mismos científicos ni por los teólogos  . La Teologia, en estos problemas no es ni un complemento extrínseco ni un suplemento aditivo de la Física, sino "su alma invisible, su dimensión más profunda. Todos los trabajos actuales sobre la expansión del universo, como sobre el origen   de la vida, como los de la evolución, de la esencia de la cibernética o del automatismo, etc., son, en el fondo, problemas teofísicos que ni la Físico-matemática sola ni la Teología ad usum pueden adecuadamente resolver.

En el fondo, a pesar del neologismo, la Teofísica nos es solamente el motor escondido que dirige la investigación científica (puesto que cualquier conocimiento tiende a Dios como cualquier amor a aspira a: Él) sino que ha sido la aspiración consciente de una gran mayoría de los creadores de la Ciencia moderna. Newton decía que sus obras teológicas eran por lo menos tan importantes como sus escritos científicos. Las oraciones de un Kepler o de un Copérnico están en la misma línea que las efusiones de un Agustín o de un Anselmo. El conflicto con Galilei y casi todos los demás surgieron precisamente porque mayor blasfemia parecería aún la separación de dominios que los conflictos que al entonces podían parecer inevitables. Los modernos tampouco se excluyen de este afán por una concepción plenaria e aun mística del universo. Tanto un Einstein como um Planck para no citar más nombres nos ofrecen un ejemplo del afán aunque no siempre de la realización.

Escribía Kepler en su libro de Ciencia:

"O qui lumine Naturae, desiderium in nobis pro moves luminis Gratiae, ut per id transieras non in lumen Gloriae; gratias ago tibi Creator Domine, qui delectasti me in factura tua, et in operibus manuum tuarum exultavi."