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Sufismo y Taoismo

Izutsu (ST:287-291) – Lao Tzu (Laozi)

Laozi y Zhuangzi

quarta-feira 16 de março de 2022, por Cardoso de Castro

    

IZUTSU  , Toshihiko. Sufismo y tao  ísmo. Volumen II Laozi   y Zhuangzi. Tr. Anne-Héléne Suárez Girard. Madrid: Siruela, 2004, p. 13-18

IZUTSU,Toshihiko. Sufism and Taoism  . Berkeley  : University of California Press, 1984, p. 287-291

    

Suárez Girard

Laozi   es una figura legendaria o, por lo menos, semi-legendaria, y constituye un evidente   eufemismo decir que no se sabe nada a ciencia cierta acerca de él, ya que, incluso en el supuesto de que haya   una base histórica en su biografía, debemos admitir que la imaginación popular ha tejido en torno a él un tapiz fantástico de acontecimientos imposibles e incidentes increíbles de tal magnitud que no hay esperanza alguna de desenredar la intrincada red de leyendas, mitos y hechos que lo rodean.

Incluso el historiador chino más sobrio y fiable de la antigüedad, el primero en intentar una descripción de la vida de Laozi en su Libro de la historia  , Sima Qian, de la dinastía Han (principios del siglo I a. de C.), tuvo que contentarse con hacer una narración incongruente y poco metódica, basada en historias de diversas procedencias.

Según una de esas leyendas, Laozi era originario del estado   de Chu. Era funcionario del Tesoro Real de Zhou cuando fue a visitado Confucio  . Se dice que, tras la entrevista, Confucio hizo la siguiente observación a sus discípulos, acerca de Laozi: «Los pájaros vuelan, los peces nadan, los animales corren; todo eso, lo sé a ciencia cierta. Es más: el que corre puede caer en una trampa, el que nada puede quedar prendido al anzuelo y el que vuela puede ser alcanzado por la saeta. Pero ¿qué puede hacerse con un dragón? Ni siquiera podemos ver cómo cabalga vientos y nubes, elevándose en el cielo  . ¡Sin duda este Laozi que he conocido hoy sólo es comparable a un dragón!».

Según esta historia, Laozi tenía más edad que Confucio (551-479 a. de C.). Eso significaría que vivió en el siglo VI a. de C., lo cual no puede, en modo alguno, ser un hecho histórico.

[...]

Ocupémonos ahora de otro aspecto de Laozi, más importante que la cronología para nuestro propósito. Empezaremos señalando que la biografía de Laozi que presenta Sima Qian en su Libro de la historia indica que el sabio era originario de Chu. Escribe: «Laozi nació en Quren, Lixiang, en la provincia de Ku  , del estado de Chu». En otro pasaje afirma que, según una tradición   distinta, existía un hombre llamado Lao Laizi en tiempos de Confucio, que dicho hombre era de Chu y escribió quince libros que trataban de la Vía. Sima Qian añade que ese hombre podía ser Laozi.

Puede tratarse de una leyenda. Sin embargo, en mi opinión, es altamente significativo que la «leyenda» relacione al autor del Dao de jing   con el estado de Chu. Esta relación no puede deberse a una mera coincidencia, ya que hay algo del espíritu de Chu que fluye a lo largo de todo el libro. Con «espíritu de Chu» me refiero a lo que podríamos llamar la tendencia chamánica de la mente   o al pensamiento chamánico. Chu era un gran estado de la periferia meridional del Reino Central civilizado, un territorio con marcas   vírgenes, ríos, bosques y montañas, rico en cuanto a naturaleza y pobre   en cuanto a cultura, habitado por gentes de origen   no chino con variopintas y extrañas costumbres. En él florecía todo tipo de creencias supersticiosas en seres sobrenaturales y espíritus, y abundaban las prácticas chamánicas.

Pero esta atmósfera aparentemente primitiva e «incivilizada» proporcionó un terreno favorable para el excepcional poder visionario de la imaginación poética, como lo demuestran las elegías compuestas por el mayor poeta-chamán que el estado de Chu haya dado jamás, Qu Yuan. La misma atmósfera produjo asimismo un tipo muy particular de pensamiento metafísico, probablemente porque la experiencia chamánica es de tal naturaleza que puede ser refinada y elaborada hasta alcanzar el nivel de experiencia metafísica  . En cualquier caso, la profundidad metafísica del pensamiento de Laozi puede, creo, explicarse en gran medida si se relaciona con la mentalidad chamánica de los antiguos chinos, que se remonta a los tiempos históricos más remotos e incluso a épocas anteriores, y que floreció particularmente en el sur de China, a lo largo de la larga historia de la cultura de ese país.

A este respecto, Henri Maspéro está básicamente en lo cierto cuando se opone a la opinión tradicional que pretende que el tao  ísmo apareció bruscamente a principios del siglo IV antes de nuestra era como metaf1sica mística, con Laozi, que tuvo un gran desarrollo con Zhuangzi hacia finales de ese siglo y, a partir de entonces, fue corrompiéndose y degenerando hasta la dinastía Han posterior  , en que se transformó en un cúmulo de supersticiones, magia   y brujería. Contra esa visión, Maspéro sostiene que el taoísmo era una religión «personal», a diferencia del tipo agrícola y comunal de religión de estado que nada tiene que ver con la salvación personal, y que se remonta a la antigüedad inmemorial. La escuela de Laozi y Zhuangzi, según él, era una rama o sección de ese amplio movimiento religioso, una rama caracterizada por una marcada tendencia místico  -filosófica.

Estas observaciones nos retrotraen de nuevo al problema de la autoría del Dao de jing y de la historicidad de Laozi. ¿Es posible que ese refinamiento metaf1sico del tosco misticismo haya sido el resultado de un proceso de desarrollo natural, sin la participación activa de un pensador individual dotado de un extraordinario don filosófico? No lo creo. El chamanismo primitivo de la China antigua habría conservado su tosquedad original como fenómeno de la religión popular, caracterizado por la orgía extática y la «posesión» frenética, de no ser por un tremendo trabajo de elaboración llevado a cabo en el transcurso de su historia por hombres de extraordinario genio. Así, para producir las Elegías de Chu, la visión chamánica del mundo tuvo que pasar por la mente   de un Qu Yuan. De igual modo, sólo un genio filosófico pudo elevar la cosmovisión chamánica al grado de profunda metafísica de la Vía.

Original

Lao-tzu is a legendary, or at the very most, semi-legendary figure, of whom it is an obvious understatement to say that nothing certain is known to us. For, even on the assumption that there is an historical core in his so-called biography, we must admit that the popular [288] imagination has woven round it such a fantastic tapestry of impossible events and unbelievable incidents that no one can ever hope to disentangle the intricate web of legends, myths and facts.

Even the most sober and most dependable of all Chinese historians in ancient times, and the earliest to attempt a description of Lao-tzu’s life and adventures in his Book of History? Ssu Ma Ch’ien of the Han Dynasty (the beginning of the 1st century B.C.), had to be content with giving a very inconsistent and unsystematic narrative made up of a number of stories stemming from heterogeneous origins.

According to one of those legends, Lao-tzu was a native of the state of Ch’u. He was an official of the royal Treasury of Chou, when Confucius came to visit him. After the interview, Confucius is related to have made the following remark to his disciples about Lao-tzu. ‘Birds   fly, fishes swim, and animals run — this much I know for certain. Moreover, the runner can be snared, the swimmer can be hooked, and the flyer can be shot down by the arrow. But what can we do with a dragon  ? We cannot even see how he mounts on winds and clouds and rises to heaven. That Lao-tzu whom I met to-day may probably be compared only to a dragon!’

The story makes Lao-tzu a senior   contemporary of Confucius (551-479 B.C.). This would naturally mean that Lao-tzu was a man who lived in the 6th century B.C., which cannot possibly be a historical fact.

[...]

Turning now to another aspect of Lao-tzu, which is more important for the purposes of the present work than chronology, we may begin by observing that the Biography of Lao-tzu as given by Ssu Ma Ch’ien in his Book of History makes Lao-tzu a man of Ch’u. Thus he writes in one passage, ‘Lao-tzu was a native of the village Ch’u Jen, in Li Hsiang, in the province of K’u, in the state of Ch’u’. In another passage he states that according to a different tradition, there was a man called Lao Lai Tzu in the time of Confucius; that he was a man of Ch’u, and produced fifteen books in which he talked about the Way. Ssu Ma Ch’ien adds that this man may have been the same as Lao-tzu.

All this may very well   be a mere legend. And yet it is, in my view, highly significant that the ‘legend’ connects the author of the Tao Te Ching with the state of Ch’u. This connection of Lao-tzu with the southern state of Ch’u cannot be a mere coincidence. For there is something of the spirit   of Ch’u running through the entire book. By the ‘spirit of Ch’u’ I mean what may properly be called the shamanic tendency of the mind or shamanic mode of thinking. Ch’u was a large state lying on the southern periphery of the civilized Middle Kingdom, a land of wild marches, rivers, forests and mountains, rich in terms of nature but poor in terms of culture, inhabited by many people of a non-Chinese origin with variegated, strange customs. There all kinds of superstitious beliefs in supernatural beings and spirits were rampant, and shamanic practices thrived.

But this apparently primitive and ‘uncivilized’ atmosphere could provide an ideal fostering ground for an extraordinary visionary [291] power of poetic imagination, as amply attested by the elegies written by the greatest shaman-poet the state of Ch’u has ever produced, Ch’u Yuan. The same atmosphere could also produce a very peculiar kind of metaphysical thinking. This is very probable because the shamanic experience of reality is of such a nature that it can be refined and elaborated into a high level of metaphysical experience. In any case, the metaphysical depth of Lao-tzu’s thought can, I believe, be accounted for to a great extent by relating it to the shamanic mentality of the ancient Chinese which can be traced back to the oldest historic times and even beyond, and which has flourished particularly in the southern part of China throughout the long history of Chinese culture.

In this respect Henri Maspero is, I think, basically right when he takes exception to the traditional view that Taoism abruptly started in the beginning of the fourth century B.C. as a mystical metaphysics with Lao-tzu, was very much developed philosophically by Chuang-tzu   toward the end of that century and vulgarized to a considerable degree by Lieh-tzu   and thenceforward went on the way of corruption and degeneration until in the Later Han Dynasty it was completely transformed into a jumble of superstition, animism, magic and sorcery. Against such a view, Maspero takes the position that Taoism was a ‘personal’ religion — as contrasted with the agricultural communal type of State religion which has nothing to do with personal salvation — going back to immemorial antiquity. The school of Lao-tzu and Chuang-tzu, he maintains, was a particular branch or section within this wide religious movement, a particular branch characterized by a marked mystical-philosophical tendency.

These observations would seem to lead us back once again to the problem of the authorship of Tao Te Ching and the historicity of Lao-tzu. Is it at all imaginable that such a metaphysical refinement of crude mysticism   should have been achieved as a result of a process of natural development, without active participation of an individual thinker endowed with an unusual philosophical genius  ? I do not think so. Primitive shamanism in ancient China would have remained in its original crudity as a phenomenon of popular religion characterized by ecstatic orgy and frantic ‘possession’ , if it were not for a tremendous work of elaboration done in the course of its history by men of unusual genius. Thus, in order to produce the Elegies of Ch’u the primitive shamanic vision of the world had to pass through the mind of a Ch’u Yuan. Likewise, the same shamanic world-vision could be elevated into the profound metaphysics of the Way only by an individual philosophical genius.


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