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Coomaraswamy Não-Mente

segunda-feira 28 de março de 2022

      

MANAS
NÃO-MENTE  

«Allí ni la vista, ni el habla, ni el intelecto pueden ir; nosotros no lo "conocemos" ni podemos analizarlo, de modo que seamos capaces de comunicarlo por la instrucción» (anusisyat, Kena Upanixade   - Kena Upanishad   I.3). La realización del estado   correspondiente en el que el Intelecto no intelige, que en nuestro texto se llama «el Misterio Eterno», y en Katha Upanishad   VI.10, «la Meta Suprema», y que «no puede ensenarse», es el «secreto» último de la iniciación. No debe suponerse que una mera descripción del «secreto», tal como puede encontrarse en la Escritura (sruti  ) o en la exégesis, basta para comunicar el secreto de la «de-mentación» (amanibhava); ni que el secreto se haya   comunicado nunca o que pueda ser comunicado nunca a un iniciado, o traicionado por alguien, o descubierto, por mucho saber que se tenga. Solo puede ser realizado por cada uno para sí mismo; todo lo que puede efectuarse con la iniciación es la comunicación de un impulso y un despertar   de las potencialidades latentes; el trabajo lo debe hacer el iniciado   mismo, a quien las palabras de nuestro texto, prayatnena sodhayet, son siempre aplicables, hasta que el fin mismo de la vía (adhvanah param) ha sido alcanzado.

Hacemos estas observaciones solo para recalcar que por mucho que pueda decirse de él, el secreto permanece inviolable, guardado por su propia incomunicabilidad esencial. Solo en este sentido, en Jaiminiya Upanishad Brahmana I.5.3, se dice que el Sol  , la Verdade - Verdad, «repele» (apasedhanti) al potencial «ganador más allá del Sol» [1] (Chandogya   Upanishad II.10.5-6, Jaiminiya Upanishad Brahmana I.6.1), que debe «pasar» dentro del Inagotable (Mundaka Upanishad   II.2.2, tad evaksaram, viddhi) [2] por sus propios poderes, y, como en nuestro texto Maitri Upanishad   VI.34, «con esfuerzo» (prayatnena). No se trata de phthonos   («celos») por parte de una Deidade   - deidad Olímpica o por parte de algún gurú humano. Las doctrinas esotéricas no se niegan a nadie para que no comprenda; por el contrario, y aunque las palabras de la escritura son inevitablemente «enigmáticas», la doctrina se comunica con toda la claridad posible, y corresponde a aquellos que tienen oídos para oír, oír efectivamente (Rg Veda   Samhita X.71.6, San Marcos 4:11-12). No es por razones interesadas por lo que las palabras u otros símbolos, con los que se prefigura el secreto último, «no han de comunicarse excepto al que está en paz   (prasanta) y tiene devoción perfecta (yasya, para bhaktih), y que es, además, el propio hijo   de uno o un discípulo» (Svetasvatara Upanishad VI.22-23) —y por consiguiente apto   para la iniciación (diksa)— sino, esencialmente, debido a que una comunicación tal sería inútil en el caso de un oyente incualificado, pues «¿cuál es la utilidad de los textos para el que no Le conoce?» (yas tan na veda kimrca karisyati, Rg Veda Samhita 1.164.39 = Svetasvatara Upanishad IV.8); y, accidentalmente, como una cuestión de «conveniencia» a causa   de «aquellos que solo pueden acercarse a la Palavra - Palabra en pecado  » (ta ete vacam abhipadya papaya, Rg Veda Samhita X.71.9) [3].

Puesto que el «secreto» de lo que se entiende por «dementación» (amanibhava) es inaccesible al «mero saber» (cf. panditam manyamanah... mudhah [4], Mundaka Upanishad I.2.8: cf. Isha Upanixade   - Isavasya Upanishad 9), también es inaccesible, por definición, a la «erudición», en el sentido moderno y filológico de la palabra, y desde este punto de vista debe confesarse que la mayor parte de nuestros «estudios védicos» no equivale a otra cosa que a un «vagar en la ignorancia por parte de ciegos guías de ciegos» (Mundaka Upanishad I.2.8) y no, ciertamente, a una «comprensión» tal como la que implica el constantemente repetido ya evam vidvan de los textos, una comprensión que es una cuestión de experiencia, o nada   en absoluto. Así pues, el saber erudito, como otros «medios» (upaya  ), puede ser dispositivo «o a la esclavitud o a la liberación», y que esto es así es una proposición con la que incluso algunos críticos occidentales, de miras educativas modernas, están sinceramente de acuerdo [5]. El fin o el «valor  » último depende, como es habitual, de la causa final; cuando el saber deviene un fin en sí mismo, una ciencia por la ciencia, entonces no equivale a otra cosa que a lo que San Bernardo   llamaba una «vil curiosidad» (turpis curiositas). Pero si el saber se adquiere no por su propia causa, sino como un medio hacia un fin que le rebasa, y deviene así un «sacrificio de conocimiento. ofrecido a Mí» (jnana  -yajnam... mad arpanam, Bhagavad Gita IX.15, 27), entonces es conductivo al summum bonum   considerado por todas las escrituras como el fin último del hombre.

Hemos sido conducidos a un examen de estos puntos, en conexión con dichos tan difíciles como «la mente   debe ser detenida» (mano niroddhavyam) y «de-mentación» (amanibhava), en parte por la aparición de expresiones tales como «secreto último» en el mismo contexto, y más particularmente para explicar cómo es que a pesar del prestigio de los métodos científicos modernos, y a pesar de su adopción general en las cátedras de ensenanza indias, queda todavía un cuerpo de opinión desconocido y por diferentes razones ampliamente inarticulado —pero muy lejos de ser insignificante— según el cual, aparte del campo   limitado de la edición y de la publicación, los resultados obtenidos por la erudición védica moderna han sido fundamentalmente nulos, debido precisamente a que, en casi todos estos estudios, el corazón del tema ha sido eludido, ya sea porque la «doctrina que escapa debajo del velo de los versos extranos» (Dante   Alighieri, Inferno, IX.61), la «pintura que no está en los colores» (Lankavatara   Sutra, II.117-118), ha excedido las capacidades del erudito o del traductor o ya sea porque, lo que equivale a lo mismo, no le ha interesado.



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[1No podemos emprender aquí un análisis detallado de las etapas de la deificación, pero podemos senalar que el «paso por el medio de» (el Sol adentro de lo que está más allá del Sol) es, según el Maestro Eckhart «la segunda muerte del alma y es mucho más importante que la primera» (ed. Evans I, 275). La prolongación del brahmapatha más allá del Sol, donde ni el Sol ni la Lua - Luna ni las Estrellas dan luz, y donde la única guía es la del Rayo suprahumano, o la Visão - visión inmediata que conduce al para-brahman, y que solo es descriptible por la via remotionis (neti, neti), implica también un abandono del «prototipo eterno» (svarupa) del Caminhante - Viajero en la mente divina; y el último paso (param padam), por el que uno sube al trono mismo del Brahman (Kausitaki Upanishad I.5-7) —es decir, «conociendo al Brahman como el Brahman mismo»— es la última muerte del Caminhante - Viajero, quien, de la misma manera que en Brhadaranyaka Upanishad I.2.7, «deviniendo Muerte, ya no muere más muertes, pues Muerte no muere». Todo esto está implícito en el superlativo paristad etasyai’tasminn amrte nidadhyat, «debe entregarse a esa Inmortalidad más allá de este (Sol)», Jaiminiya Upanishad Brahmana I.6.1, y param adityaj jayati, paro hasyadityajayaj jayo bhavati, «gana más allá del Sol, oh sí, conquista más allá de la conquista del Sol» (Chandogya Upanishad II.10.5-6).

[2En conexión con la expresión «pasar» adentro (cf. Maitri Upanishad VI.30, dvaram bhitva), aprovecho esta oportunidad para senalar que el védico vedhas, traducido comúnmente por «sabio», como si procediera de vid, es mucho más probablemente «penetrante», procedente de vyadh y equivalente a vedhin (arquero) en el sentido de Mundaka Upanishad II.2.2, tad evaksaram viddhi; cf. también Bhagavad Gita XI.54, sakyo hy aham viddhah. Y, ciertamente, si vedhas y viddhi son también formas posibles de vid, en ello no hay implícito ninguna antinomia puesto que es precisamente por la gnosis (jnana, vidya) como se efectúa el «traspaso» o acierto del blanco.

[3Cf. Mundaka Upanishad III.2.10-11: «La doctrina de Brahma puede comunicarse a aquellos que cumplen el sacrificio (kriyavantah), que son escuchadores (srotriyah), que son hombres de fe (sraddhayantah), que hacen del "Brahman" su apoyo y que hacen de sí mismos una ofrenda al Único Profeta (Agni), portadores de brasas de Fuego sobre su cabeza, Pero el estudio no es para el que no practica». Incidentalmente, puede observarse que traducido a términos puramente cristianos, kriyavantah sería «celebrantes regulares de la Misa».

[4En primer lugar a los Asuras, de quienes los Devas se representan a menudo como ocultando su procedimiento, para que estos «mortales» no les sigan, cf. Génesis 3:22, «no sea que extienda su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre»; y en segundo lugar, a la multitud «profana», infantil, terca e inmadura (avidvansah, mudhah, balah, nastikah, prthagjanah, laukikah, etc.), cf. San Marcos 4:11-12, «A vosotros os es dado conocer el misterio del Reino de Dios; pero a los de fuera, todas estas cosas se les dan en parábolas: para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no comprendan; a no ser que alguna vez ellos se conviertan y sus pecados les sean perdonados»; San Marcos 4:23, «Si algún hombre tiene oídos para oír, que oiga»; y Orígenes, Contra Celsum I.7, «Que haya ciertas doctrinas que no se hagan conocer por la multitud. eso no es una peculiaridad del cristianismo solo».
Para resumir, es intrínsecamente impossible comunicar la Verdade - Verdad más alta (anagógica, paramarthika), de otro modo que parabólicamente, por medio de símbolos (verbales, visuales, míticos, rituales, dramáticos, etc.); y es igualmente indeseable intentar comunicar la Verdade - Verdad más alta, ya sea a alguien o ya sea a todos, debido a que el oyente incualificado, aunque cree que comprende, inevitablemente no comprende; cf. Kena Upanixade - Kena Upanishad II.3b, «Ello no es comprendido por aquellos que Lo "comprenden"; sino solo por aquellos que no Lo "comprenden"». Este punto de vista no resulta admisible en una época democrática de creencia patética en la eficacia de la «educación» indiscriminada, aunque en esta época precisamente, es completamente evidente hasta que punto la «vulgarización» implica una distorsión de todo excepto de las teorías más elementales —la teoría de la relatividad, por ejemplo, está realmente «fuera del alcance» de aquellos que no pueden pensar en los términos técnicos de las altas matemáticas.

[5C. G. Jung ha atribuido el «fracaso» del Orientalismo Occidental, en parte al orgullo y en parte a una actitud de distanciamiento, más o menos consciente, asumida por el erudito, debido precisamente a que «una comprensión tenida de simpatía podría permitir que el contacto con un Espíritu extrano deviniera una experiencia seria» (Richard Wilhelm y C. G. Jung, The Secret of the Golden Flower, 2a ed. rev., Nueva York, 1962, p. 81). Y, ciertamente, no puede haber ningún conocimiento real de algo de lo que uno se mantiene a distancia y a lo que uno no puede amar.