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Evangelho dos Hebreus

terça-feira 29 de março de 2022

      

Excertos de Aurelio de Santos Otero, Los evangelios apócrifos (BAC)

Bajo este título incluimos aquí el núcleo fundamental de los evangelios apócrifos llamados judeo-cristianos, dejando para después un tercer representante de este grupo: el llamado de los Ebionitas. Una característica común de estos escritos es que los textos correspondientes se han perdido totalmente, quedando únicamente a nuestra disposición alusiones, citas de primera o segunda mano, referencias, etc., dispersas en las diversas obras de la literatura patrística. Otra característica común es que estos apócrifos fueron adoptados, o quizá compuestos, por comunidades judías que habían abrazado el cristianismo — pero sin renunciar a su mentalidad semítica — y que por tanto se sentían especialmente atraídos por el Evangelio de San Mateo, al que copiaban o parafraseaban en su original hebreo o arameo.

De lo dicho se desprende lo complicado   que es este tema desde cualquier punto de vista y lo abonado que es este terreno para la serie de conjeturas, hipótesis y teorías que se han hecho y seguramente seguirán haciéndose acerca de la identidad y características de los escritos que nos ocupan. Una exposición de las hipótesis que aparecieron hasta mitad del siglo XX aproximadamente — con su correspondiente bibliografía — puede encontrar el lector en la edición bilingüe de esta obra (BAC 148). Aquí nos contentaremos con reproducir todo el material de citas originales de que disponemos y resumir los últimos resultados de la investigación en orden a una valoración coherente de los datos que han llegado hasta nosotros.

La inmensa mayoría de los testimonios que se ofrecen a continuación aluden, sin dar lugar a dudas, a un Evangelio de los Hebreos o según los Hebreos. Sin embargo, Jerônimo - San Jerónimo — que es el que más referencias aporta (n. 15-32) —, aun llamándolo hebreo o según los Hebreos, consigna en varios lugares que era usado por los Nazarenos de Berea (n.18, 23, 24, 28, 29, 30, 31) y que él mismo lo tradujo al griego y al latín (n.17), después de que éstos le ofrecieran un ejemplar. Este autor no deja dudas de que este evangelio usado por los Nazarenos y traducido por él era el mismo Evangelio de los Hebreos a que aluden los testimonios más antiguos — por ejemplo, de Clemente de Alexandria   - Clemente Alejandrino (n.3, 4) y Orígenes   (n.5, 6) — y que él en parte reproduce.

Esta apreciación de Jerônimo - San Jerónimo ha determinado durante largo tiempo la imagen que se tenía del evangelio judeo-cristiano de los Hebreos y a la vez ha constituido un verdadero rompecabezas para la investigación moderna al descubrir en ella no pocas incongruencias. Éstas desaparecen en gran parte partiendo del supuesto de que el evangelio hebreo, del que se dicen usuarios los Nazarenos, es una obra distinta del evangelio hebreo citado por Clemente de Alexandria - Clemente Alejandrino y Orígenes. Esta hipótesis, ya lanzada a principios del siglo XX, ha adquirido nueva solidez gracias al examen minucioso a que ha sido sometido de nuevo todo el material documental existente desde los más distintos puntos de vista (Vielhauer, Krause, Klijn). Aun dejando a salvo diferencias de enfoque y conjeturas, que seguramente persistirán mientras no aflore nuevo material de primera mano, parece, hoy por hoy, seguro que en las numerosas citas que presentamos a continuación hay restos de dos apócrifos judeo-cristianos perfectamente distintos: el Evangelio de los Hebreos y el de los Nazarenos.

El primero podría estar representado por poco más de media docena de testimonios, entre los que se encuentran Clemente de Alexandria - Clemente Alejandrino y Orígenes (ver n.3, 4, 5, 6) — escritores que vivieron entre la segunda mitad del siglo II y la primera del III — y varios de Jerônimo - San Jerónimo (por ejemplo, n.15, 17, 28, 30), que murió a principios del siglo V. A éstos hay que añadir otro de Dídimo el Ciego (313-398), que no figura en la presente   lista. Fue descubierto por los años 60 entre los papiros de Tura y no aporta nada sobre el contenido de nuestro apócrifo, sino que simplemente lo cita a propósito de la confusión entre los nombres Mateo y Matías, sólo explicable lingüísticamente teniendo en cuenta un trasfondo hebreo.

A juzgar por el origen   de los autores más antiguos que de él hacen referencia, el Evangelio de los Hebreos hubo de estar en uso — o fue quizá compuesto — en medios helenísticos judíos de Egipto, como lo demuestra el uso del Antiguo Testamento a través de la versión griega de los LXX   y el colorido «sapiencial» de algunos pasajes que se le atribuyen. Su lengua original fue probablemente el griego. Se trataba probablemente de una «vida de Jesús  », al estilo de los evangelios sinópticos, compuesta en una comunidad de «hermanos» estrechamente unidos entre sí y separados del mundo. El pasaje citado por Clemente de Alexandria - Clemente Alejandrino (n.3, 4) aparece como logion en el papiro griego de Oxyrhynchus 654 y, por consiguiente, en el Evangelho de Tomé - evangelio gnóstico de Tomás (v.2), del que forma parte. Es interesante el pasaje citado por Orígenes en que el Espíritu Santo aparece como madre   del Salvador   (n.5, 6), lo cual explica Jerônimo - San Jerónimo (n.16) por el género femenino que en hebreo tiene la palabra ruah (= espíritu). La fecha de composición es difícil de precisar, pero bien puede suponerse a principios del siglo II.

Del Evangelio de los Nazarenos tenemos muchos más testimonios. Los que más probabilidad ofrecen de referirse a él son los de Eusebio de Cesarea, muerto el año 339 (n.ll, 12); el de la traducción latina de Orígenes, de fecha desconocida (n.33), y los de Jerônimo - San Jerónimo (n.21, 23, 24, 25, 26, 31). A estas citas hay que añadir un gran número   de variantes o scholia contenidos en cinco   manuscritos griegos del evangelio de San Mateo, cuya antigüedad oscila entre el siglo IX y el XIII. Estas variantes o glosas al texto canónico son aducidas como partes integrantes del Iudaikon (n.42-54), un evangelio judeo-cristiano perdido que probablemente puede identificarse con el de los Nazarenos, a que aquí nos referimos. Así lo hace Jerônimo - San Jerónimo en una cita (n.32) que coincide en lo sustancial con una variante al texto de Mt   18,22 que el códice 566 del Nuevo Testamento aduce como procedente del Iudaikon (n.44). Sobre el origen hebreo de éste no deja dudas, por lo demás, el tenor de las variantes aducidas, pues casi todas constituyen hebraísmos introducidos en el texto griego.

Lo mismo que Jerônimo - San Jerónimo copió de sus antecesores citas de evangelios judeo-cristianos, de la misma manera hay un gran número de autores medievales latinos que en sus comentarios al evangelio de San Mateo se inspiran en Jerônimo - San Jerónimo y reproducen referencias de éste al evangelio de los Hebreos o al de los Nazarenos. De tales citas ofrecemos aquí sólo un ejemplo (n.40).

A diferencia del evangelio de los Hebreos, el de los Nazarenos fue escrito originariamente en lengua aramea o siro-palestinense por un grupo de cristianos radicados en Berea. Un ejemplar de este apócrifo se conservaba en tiempos de Jerônimo - San Jerónimo en la biblioteca de Cesarea (n.18), y este mismo autor afirma que lo tradujo al griego y al latín (n.17). Su contenido era análogo al del original hebreo de San Mateo, añadiendo detalles nuevos por su cuenta, por lo que era muy apreciado en los primeros siglos del cristianismo. Y siguió siéndolo aun después de que el grupo de los Nazarenos, movimiento aislado que más se distinguía por su devoción al original hebreo de San Mateo que por preocupaciones teológicas de carácter especulativo, finalmente se extinguió. Se supone que este evangelio fue compuesto en la primera mitad del siglo II.


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