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kairos / καιρóς / oportunidade / momento propício / ὀλίγος / oligos / instante / in hoc tempora

    

gr. καιρóς, kairós = oportunidade, momento propício, ponto no tempo, instante (Augenblick). Originalmente medida certa, proporção correta. Conota também lugar apropriado, indicando uma situação   crítica, que exige uma decisão  .


Coomaraswamy

Aquí incuestionablemente «instante» o «momento» sin duración, puesto que es sinónimo de «no en algún tiempo». Aristóteles   define exaiphnes   (Física 4.13, 222 B) como «movido mínimamente (del ahora indivisible  ) por un tiempo imperceptible»; en el Nuevo Testamento la palabra se traduce por «súbitamente», —Marcos 13:26, Lucas   2:13, 9:39, Hechos 9:3, 22:6, y similarmente Marcos 9:8 (exapina) y Hechos 2:2 (aphno); cf. Santo Tomás de Aquino  , Sum. Theol. 1-2.113.7 sobre la «subitaneidad» del Espíritu Santo, y también Platón  , Ep. 7.341 C. La palabra misma parece significar «desde lo invisible» (ex-aphanes), mientras que «de súbito» significa «venir ocultamente» (sub-it-aneus), cf. aphono en el sentido de «de improviso». [AKCTE  :Nota]

Ruzbehan

O instante se situa entre o passado   e o futuro do tempo consagrado ao exercício da vigilância   (moraqaba). Sua plena realização   é obtida quando comunicações sutis do mundo invisível   aparecem no coração  . Jonayd disse: «O instante é muito precioso, se nós o perdemos, perdemos a meta».

Comentário: A definição de Ibn Arabi  : o instante exprime teu estado   particular durante a condição do estado místico  , sem depender   do passado nem do futuro. Nossa definição: o instante é a intuição   imediata da Presença   divina. Lembremos o dito: «O instante é cortante como a espada  ». [Tratado do Espírito Santo  ]

Mestre Eckhart

En este contexto hemos preferido el término «instante» por «nû» que generalmente (cfr. la «Introducción») traducimos por «ahora» (entre comillas) ya que Eckhart   usa aquí «nû» tanto para el instante temporal como para el atemporal. Véase también la diferenciación hecha por Quint (t. I, p. 169 n. 4): «El “nû” como parte ínfima del tiempo es y sigue siendo temporal, un algo delimitado y distinto a la eternidad sin tiempo, o sea, el “nû” eterno». [SERMÃO II]

Reiner Schurmann

Continuando seu comentário do segundo parágrafo do SERMÃO 1 de Mestre Eckhart, Schürmann   se questiona sobre o que vem fazer aí uma elaboração sobre o instante. Numerosos são os autores, pagãos e cristãos, que nos legaram confidências sobre um «raptus» instantâneo no qual a alma   reintegra, em um bem-aventurado   êxtase, a plenitude   originária de onde ela vem. Por alguma prática ou iluminação   súbita, ela se afasta fora das limitações daqui de baixo e saboreia, tal um prisioneiro evadido do cárcere, às delícias da pátria.

Poderia se crer que em nosso texto trata-se de uma experiência similar: Mestre Eckhart tendo então falado do mundo das ideias de onde viemos, indicaria aqui o caminho   do retorno, o tempo de um arrebatamento. Nada disto. Já o dissemos: Eckhart, falando «deste atual agora», entende significar não alguma saída do tempo, mas sua aceitação na igualdade de alma. Ele significa um comércio com as coisas. O que ele diz aqui do instante, oposto à duração, descreve uma maneira de se mover no mundo, não dele se evadir. O desprendimento   carrega uma marca   de «mundanidade», posto que designa o ser   junto às coisas, sem apreensão  .

Um texto de Plotino   mostrará em contraste em que termos se exprime o místico do arrebatamento.

Em Eckhart, nenhum apelo a uma experiência privilegiada, nenhuma lamentação de uma recaída no interior do corpo, após um repouso no Divino, nenhuma oposição sobretudo entre um mundo superior e um mundo inferior   no qual a alma se resigna a descer.

Se em sua compreensão do tempo Eckhart é tributário da mística neoplatônica, a modifica totalmente a significação: de uma compreensão «extática» a uma compreensão «mundana» do instante, a fuga   da situação presente se move de maneira a estar junto a ela. A aprendizagem do desprendimento não tem outra finalidade que tornar «livre e solto para a vontade muito amada de Deus   e sua realização sem estorvo». E a medida que um homem   triunfa do apego, o Cristo   é recebido em um espírito virgem. [MESTRE ECKHART OU A ALEGRIA   ERRANTE]

René Guénon

Por consiguiente, si el presente puede ser puesto en correspondencia con el Hombre (y, por lo demás, incluso en lo que concierne simplemente al ser humano ordinario, es evidente   que solo en el presente puede ejercer su acción, al menos de una manera directa e inmediata) [1], nos queda ver si no habría también una cierta correspondencia del pasado y del porvenir con los otros dos términos de la Tríada; y es también una comparación entre las determinaciones espaciales y temporales la que nos va a proporcionar la indicación de ello. En efecto, los estados de manifestación inferiores y superiores en relación al estado humano, que son representados, según el simbolismo espacial, como situados respectivamente por debajo y por encima de él, son descritos por otra parte, según el simbolismo temporal, como constituyendo ciclos respectivamente anteriores y posteriores al ciclo   actual. El conjunto   de estos estados forma así dos dominios cuya acción, en tanto que se hace sentir en el estado humano, se expresa en él por influencias que se pueden llamar «terrestres» por una parte y «celestes» por la otra, en el sentido que hemos dado constantemente aquí a estos términos, acción que aparece como la manifestación respectiva del Destino y de la Providencia; es lo que la tradición   hindú indica muy claramente al atribuir uno de estos dominios a los asuras y el otro a los devas. En efecto, al considerar los dos términos de la Tríada bajo el aspecto del Destino y de la Providencia es quizás cuando la correspondencia es más claramente visible; y es precisamente por eso por lo que el pasado aparece como «necesitado» y el porvenir como «libre», lo que es muy exactamente el carácter propio de estas dos potencias. Es cierto que ahí todavía no se trata en realidad más que una cuestión de «perspectiva», y que, para un ser que está fuera de la condición temporal, ya no hay ni pasado, ni porvenir, ni por consiguiente ninguna diferencia entre ellos, puesto que todo se le aparece en perfecta simultaneidad [2]; pero, bien entendido, aquí hablamos desde el punto de vista de un ser que, al estar en el tiempo, se encuentra colocado necesariamente por eso mismo entre el pasado y el porvenir. [O TEMPO TRIPLO]


[1Si el «hombre verdadero» puede ejercer una influencia en un momento cualquiera del tiempo, es porque, desde el punto central donde está situado, puede, a voluntad, hacer ese momento presente para él.

[2Con mayor razón es así al respecto del Principio; haremos observar a este propósito que el Tetragrama hebraico es considerado como constituido gramaticalmente por la contracción de los tres tiempos del verbo «ser»; por eso mismo, designa al Principio, es decir, al Ser puro, que envuelve en sí mismo los tres términos del «ternario universal», según la expresión de Fabre d’Olivet, como la Eternidad que le es inherente envuelve en sí misma el «triple tiempo».