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Antonius Advertencias 7

domingo 20 de março de 2022

Antonius Advertencias - ADVERTENCIAS SOBRE LA ÍNDOLE HUMANA Y LA VIDA BUENA (cont.)

Los que no están conformes con los bienes que actualmente poseen, sino que aspiran a tener más, se someten voluntariamente a las pasiones que desordenan el alma, agregando logismos - pensamientos y fantasías nefastos. Estos bienes acarrean males y son un verdadero impedimento, así como lo son las túnicas demasiado largas que impiden correr. Así también los afanes desmedidos por conseguir una riqueza excesiva, no permiten a las almas ni luchar, ni salvarse.

Si nos sentimos forzados a hacer algo, y lo hacemos contra nuestra thelema - voluntad, encontramos en ello una prisión y un castigo. Ama, pues, las condiciones actuales en que vives, porque si tú las conllevas sin gratitud, te castigas a ti mismo sin darte cuenta. Hay un solo camino para lograr esto: el desprecio por las realidades de esta vida.

Así como obtuvimos de Dios la vista para reconocer las cosas que se pueden ver, para entender lo que es blanco y cual es la tinta de los colores oscuros, así también Dios nos ha dado la racionalidad para discernir lo que es bueno para el alma. La concupiscencia (pleonexia, epithymia) , una vez que ha sido separada del logismos - pensamiento, genera la voluptuosidad y no permite la soteria - salvación del alma o su unión con Dios.

No constituye un hamartia - pecado lo que se produce según natura; pero lo que implica una elección voluntaria es malo No es hamartia - pecado comer, pero lo es comer sin agradecer, sin decoro ni continencia, cuando no se ayuda al soma - cuerpo a permanecer vivo sin incurrir en mal logismos - pensamiento alguno. Del mismo modo, no es hamartia - pecado mirar puramente, pero que lo es cuando se mira con pleonexia - envidia, con soberbia y pleonexia - avidez. También es hamartia - pecado escuchar sin calma, con orge - cólera, y no moderar la lengua -reservada para dar gracias y para orar - usándola, por el contrario, para la calumnia. También es hamartia - pecado que las manos no trabajen para dar una limosna, sino para matar y robar, Como éstos, hay otros ejemplos: cada miembro peca cuando hace el mal en lugar del bien, contra la thelema - voluntad de Dios, actuando según su propia determinación.

Sin dudas de que cada praxis - acción es observada por Dios, observa como tú, que eres hombre y barro, puedes al mismo tiempo, observar hacia diversos puntos y comprender. ¡Cuánto más Dios, quien lo ve todo, incluso un grano de mostaza, quien da vida a todo y a todos nutre como quiere!

Cuando cierras la puerta de tu casa y estás solo, debes saber que esta contigo el aggelos - ángel que Dios ha reservado para cada hombre, y que los griegos llaman "numen tutelar." Éste, insomne y no sujeto a engaño, está siempre contigo. Todo lo ve, y las tinieblas no son un obstáculo para él. Debes saber que también está con él Dios, que está en todo lugar. No hay, de hecho, lugar o materia donde Dios no se encuentre, porque Él es superior a todos y a todos encierra en su mano.

Si los soldados juran su pistis - fe al César, porque él es quien los provee de alimentos, ¿ con cuánto mayor celo no deberíamos nosotros rendir incesantemente gracias a Dios, con voces que nunca se acallen y rendirnos gratos a Aquel que ha creado para el hombre todas las cosas?

Los buenos sentimientos con respecto de Dios y la vida buena, son un fruto del hombre que es grato a Dios. Pero los frutos de la tierra no maduran en una hora; es necesario que haya tiempo, lluvias y cuidados. Del mismo modo, los frutos de los hombres resplandecen con la praktike - práctica, el ejercicio, el tiempo, la hypomone - constancia, la continencia y la soportación. Y si, por causa de alguna de estas cosas, alguien te considera piadoso, no te creas a ti mismo mientras habites tu soma - cuerpo, y ninguna de tus cosas te parezca que es del gusto de Dios: debes saber que no es fácil para el hombre custodiar hasta el final su impecabilidad.

Para los hombres, nada es tan precioso como la palabra: la palabra es tan poderosa que, justamente con la palabra, servirnos a Dios y le agradecernos. Pero si usamos palabras no buenas o injuriosas, condenamos nuestra alma. El hombre obtuso culpa a su propia naturaleza o a otra cosa, atribuyéndole el motivo de su hamartia - pecado, ¡mientras hace uso voluntario de palabras o acciones indebidas!