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Izutsu : "eu" no zen-budismo

dimanche 12 janvier 2020

Excerto de IZUTSU, Toshihiko. El Koan Zen. Madrid : Editorial Eyras, 1980, p. 48-50

nossa tradução

[...] A imagem comum do ser humano? em que se baseia a nossa vida cotidiana, bem como a nossa vida social, não cobre de modo algum, segundo a concepção Zen, a verdadeira realidade do ser humano. Porque o homem assim descrito nada mais é do que uma "coisa", no sentido de que ele nada mais é do que um homem objetificado, um homem enquanto objeto?. E essa não pode ser de forma alguma uma imagem autêntica, porque o ser humano, segundo o Zen, é, em sua verdadeira realidade, um si mesmo absoluto?.

[...]

A imagem do próprio ser humano do Zen é assim sacada de uma dimensão que transcende totalmente a distinção - tão característica, por outro lado, do intelecto humano - entre sujeito e objeto. Como será visto, essa imagem não pode ser obtida, pelo menos enquanto insistimos em levantar a questão sob a fórmula? "o que é homem". Tal pergunta terá que tomar a fórmula do "quem sou eu ?". Em outras palavras : o homem deve ser percebido intuitivamente sob sua subjetividade mais íntima. Porque, por mais longe que penetremos na busca do "ser" no plano da análise intelectual, esse mesmo "ser" não resta por isso nem mais nem menos objetivado. Qualquer que seja a nossa penetração, jamais teremos uma imagem do "ser" percebido como objeto. O "ser" em si, o sujeito real da busca por si mesmo, permanece fora de qualquer pesquisa e de toda espera, esquivando nossas tentativas de acercamento. A subjetividade pura não chega a dar-se até o momento mesmo em que o ser humano passa além da atividade? que o separa de seu próprio intelecto, cessa de captar seu próprio ser externo como objeto e o converte em seu próprio ser imediatamente. O Zazen, que é - como é conhecido - uma "meditação sentada de pernas cruzadas", é um meio específico para o sujeito, que dessa maneira pode penetrar cada vez mais profundamente no interior de si, de tal modo que o "eu"? separado - o "eu" dividido em "eu" como objeto e em "eu" como sujeito - pode recuperar sua unidade original. Quando, nos limites de tal unidade, o ser humano se converte realmente nele mesmo e se transforma em eu puro e absoluto, quando não há nenhuma distinção entre o eu como sujeito e o eu como objeto, um estágio epistemológico é alcançado no qual o ser se identifica perfeitamente consigo mesmo e se converte de tal modo em um consigo mesmo também que transcende o estado mesmo do eu. O ponto exato em que o eu se faz um com um mesmo de modo absoluto é designado, na terminologia técnica de Dogen, pela expressão "espírito-e-corpo-caído" (shin jin datsu raku). Este estádio é imediatamente substituído por outro, de fato atualizado enquanto tem lugar o primeiro - que é o de "o-espírito-e-o-corpo-caídos" (datsu raku shin jin). Esse segundo estágio está relacionado ao fato empírico de que, no exato momento em que o espírito e o corpo, ou seja, o um-mesmo cai no Nada, se encontra ressuscitado fora desse Nada o mesmo espírito-e-corpo, o mesmo velho eu, mas desta vez convertido em eu absoluto. O eu, assim ressuscitado de sua própria morte, apresenta-se, mesmo exteriormente, como a mesma fusão corpo-espírito, mas é este último o que caiu - o qual significa a mesma coisa que "transcendeu" - de uma vez por todas. tudo. A imagem do ser humano, no zen-budismo, é a de um homem que já passou por semelhante transformação de si mesmo. Ele é o "homem verdadeiro sem nenhum nível" de Lin Chi.

Original

La imagen del ser humano propia del budismo Zen surge exactamente cuando tal imagen, sea prefilosófica o filosófica, se hunde. La imagen ordinaria del ser humano sobre la que se basa nuestra vida cotidiana, lo mismo que nuestra vida social, no cubre en modo alguno, según la concepción Zen, la verdadera realidad del ser humano. Porque el hombre así descrito no es más que una "cosa", en el sentido que no es más que un hombre objetivado, un hombre en tanto que objeto. Y ésta no puede en modo alguno ser una imagen auténtica, porque el ser humano, según el Zen es, en su verdadera realidad, un sí-mismo absoluto.

[...]

La imagen del ser humano propia del Zen está sacada, pues, de una dimensión que trasciende totalmente la distinción -tan característica, por otra parte, del intelecto humano- entre sujeto y objeto. Como se verá, una imagen semejante no podrá obtenerse, al menos mientras nos empeñemos en plantear la cuestión bajo la fórmula del "qué es el hombre". Tal pregunta tendrá que tomar la fórmula del "¿quién soy yo ?". En otras palabras : el hombre debe ser intuitivamente percibido bajo su subjetividad más íntima. Porque, por más lejos que penetremos en la búsqueda del "ser" en el plano del análisis intelectual, ese mismo "ser" no queda por ello ni más ni menos objetivado. Cualquiera que sea nuestra penetración, jamás obtendremos una imagen del "ser" percibido como objeto. El "ser" en sí mismo, el sujeto real a la búsqueda de sí mismo, permanece fuera de toda encuesta y de toda espera, esquivando nuestras intentonas de acercamiento. La pura subjetividad no llega a darse hasta el momento mismo en que el ser humano pasa más allá de la actividad que le separa de su propio intelecto, cesa de captar su propio ser externo como objeto y lo convierte en su propio ser inmediatamente. El zazen, que es -como se sabe- una "meditación sentada con las piernas cruzadas", es un medio específico para el sujeto, que de este modo puede penetrar cada vez más profundamente en el interior de sí mismo, de tal modo que el "yo" separado -el "yo" dividido en "yo" como objeto y en "yo" como sujeto- puede recobrar su unidad originaria. Cuando, en los bordes de tal unidad, el ser humano se convierte realmente en él mismo y se transforma en yo puro y absoluto, cuando ya no hay ninguna distinción entre el yo como sujeto y el yo como objeto, se alcanza un estadio epistemológico en el que el ser se identifica perfectamente consigo mismo y se convierte de tal modo en uno consigo mismo también que trasciende el estado mismo del yo. El punto preciso en el que el yo se hace uno con uno mismo de modo absoluto, es designado, en la terminología técnica de Dógen por la expresión "espíritu-y-cuerpo-en-picado" (shin jin datsu raku). Este estadio es inmediatamente sustituido por otro de hecho actualizado mientras tiene lugár el primero - que es el de "el-espíritu-y-el-cuerpo-caídos" (datsu raku shin jin). Este segundo estadio se relaciona con el hecho empírico de que, en el instante mismo en que espíritu-y-cuerpo -es decir, el uno-mismo- cae en la Nada, se encuentra resucitado fuera de esa Nada el mismo espíritu-y-cuerpo, el mismo viejo yo, pero esta vez convertido en yo absoluto. El yo, de este modo resucitado de su propia muerte, se presenta, incluso exteriormente, como la misma fusión cuerpo-espíritu, pero es éste último el que ha caído -lo cual significa lo mismo que "ha trascendido"- de una vez por todas. La imagen del ser humano, en el budismo Zen, es la de un hombre que ya ha pasado por semejante transformación de sí mismo. Es el "hombre verdadero sin rango alguno" de Lin Chi.


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