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Silesius (PQ) – Prolegômeno

quarta-feira 21 de setembro de 2022

    
El hombre mira a Dios,
un trozo de tierra el animal  :
por esto, lo que Él es
puede saber cada cual. [Johannes Angelus Silesius  ]

Rimas espirituales: gnómicas y epigramáticas que conducen a la divina contemplación

«Todos nosotros, que con rostro descubierto
contemplamos la majestad del Señor,
somos transformados en esta misma imagen
de claridad en claridad,
como por el Espíritu del Señor», 2 Cor. III, 18.
A la eterna Sabiduría,
a Dios,
al espejo sin mácula
que los kerubines y todos los espíritus bienaventurados
contemplan con admiración eterna,
a la luz que ilumina a todos los hombres
que vienen a este mundo,
al manantial inagotable y a la fuente   originaria
de toda sabiduría,
Le dedica y restituye
estas mínimas gotitas graciosamente
derramadas de Su vasto mar,
Su
incesante deseo de contemplarLo
siempre agonizante

JOHANNES ANGELUS


En lo que concierne a muchos enunciados y sentencias no conocidos comúnmente por todos, espero que sean para el lector benévolo, en caso de que esté versado en los maestros de la divina sabiduría mística, no sólo no extraños, sino también agradables y placenteros, puesto que encontrará aquí en un conciso concepto, lo que ha leído a lo largo de sus obras, o aun de hecho gustado y sentido por la graciosa visita de Dios. Si es, empero, todavía inexperto, desearía haberlo remitido amistosamente a ellos: particularmente a Ruysbroeck  , Tauler  , Herp, el autor de la Teología Teutónica, etc. Y junto a éstos, en especial a Maximil. Sandæo Societatis Jesu, que, con su Theologia   Mystica y el Clave, ha merecido extraordinario reconocimiento entre los aficionados a este arte divino. Pues hacer una exégesis completa y acendrada de todos y cada uno de los términos, exigiría una gran prolijidad, y sólo causaría fastidio al lector. No hay ya por lo demás medida en la escritura de libros, de tal modo que actualmente se escribe casi más de lo que se lee. Estas rimas, tal como al autor le ha sido dado componerlas sólo y únicamente por la fuente de todo bien, la mayor parte en corto tiempo, sin reflexión previa ni fatigosa meditación, de tal suerte que llegó a escribir el primer libro en cuatro días, así deben quedar, y ser un estímulo para que el lector busque por sí mismo   al Dios oculto en él y su santa sabiduría, y contemple su rostro con sus propios ojos. Donde la comprensión sin embargo, parezca ser dudosa o demasiado oscura, ha de tener lugar una breve advertencia. Pero siga el lector meditando, y viva en la contemplación de los milagros divinos con amor auténtico, para gran gloria de Dios. A Él encomendado. Dado a la estampa en Silesia, el día   7 de julio del año mil seiscientos cincuenta y seis.

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