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REP I 354a-354c: Epílogo

sexta-feira 25 de março de 2022

Y, por otra parte, el que vive bien es feliz y dichoso, y el que vive mal, lo contrario.

¿Cómo no?

Y así, el justo es dichoso; y el injusto, desgraciado.

Sea -dijo.

Por otro lado, no conviene ser desgraciado, sino dichoso.

¿Qué duda tiene?

Por tanto, bendito Trasímaco, jamás es la injusticia más provechosa que la justicia.

Banquetéate con todo eso, ¡oh, Sócrates!, en las fiestas Bendidias [1] -dijo.

Banquete   que tú me has preparado, ¡oh, Trasímaco! -observé yo-, pues lo aplacaste conmigo y cesaste en lo enfado. Mezquino va a ser, sin embargo, no por lo culpa, sino por la mía; y es que, así como los golosos gustan siempre con arrebato del manjar que en cada momento se les sirve sin haber gozado debidamente del anterior, así me parece que yo, sin averiguar lo que primeramente considerábamos, qué cosa sea lo justo, me desprendí del asunto y me lancé a investigar acerca de ello, si era vicio e ignorancia o discreción y virtud; y presentándose luego un nuevo aserto, que la injusticia es más provechosa que la justicia, no me retraje de pasar a él, dejando el otro, de modo que ahora me acontece no saber nada como resultado de la discusión [2]. Porque no sabiendo lo que es lo justo, difícil es que sepa si es virtud o no y si el que la posee es desgraciadoo dichoso.


[1Este imperativo parece relacionarse con un problema importante de La República. A lo largo de todo el diálogo, desde la primera hasta la última palabra, es Sócrates quien relata a un auditorio innominado la conversación mantenida «ayer» (327a). Pero ¿podemos colegir quiénes sean los afortunados oyentes de sus palabras? Sí si nos atenemos a cuanto se nos refiere en los comienzas de Timeo, diálogo escrito más tarde que el nuestro, pero unido evidentemente a él en la intención del autor. La sucesión cronológica podría ser semejante a ésta: un día Sócrates visita el Pireo y mantiene a11í la larga discusión de que ha de salir el Estado ideal. El segundo día (y ahí de la invitación de Trasímaco) Sócrates convida a Timeo, Hermócrates, Critias y otro personaje anónimo en quien, con gran fantasía, se ha querido reconocer a Platón y les obsequia con el texto entero de nuestra República. Y en el tercero los tres convidados le devuelven el banquete, pero el interlocutor desconocido no ha podido asistir ese día por hallarse enfermo (Tim 17a). Entonces, antes de una nueva disertación sobre temas afines al de nuestro diálogo, se ofrece (17c-19a) un breve resumen de la conversación del Pireo del que parecería desprenderse la existencia de una primitiva República que solamente llegara hasta el IV o, todo lo más, el V libro. Pero probablemente no debemos ver en este pasaje sino un extracto voluntariamente abreviado de la La república entera.

[2Una confesión de ignorancia es frecuentemente la conclusión del diálogo socrático; cf. la del presumido Eutidemo, después de su larga conversación con Sócrates (Jenof. Mem. IV 2, 39): «Y pienso que quizá lo mejor para mí será callar; pues me parece que no sé absolutamente nada».