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REP I 345b-347a: Retomada da discussão

sexta-feira 25 de março de 2022

Bien ves, Trasímaco -consideremos una vez más lo de antes-, que después de haber definido al verdadero médico no te creíste obligado a observar la misma precisión en lo que toca al verdadero pastor, sino que piensas que éste ceba sus ovejas en su calidad de pastor, no atendiendo a lo mejor para ellas, sino a manera de un glotón dispuesto al banquete  , para su propio regalo o bien para venderlas como un negociante, no como tal pastor. Pero a la pastoría [1], de cierto, no interesa otra cosa que aquello para que está ordenada a fin de procurarle lo mejor, puesto que, por lo que a ella misma respecta, está bien dotada hasta la máxima excelencia, en tanto no le falte nada para ser verdadera pastoría. Y así, creo yo ahora que es necesario confesemos que todo gobierno, en cuanto gobierno, no considera el bien sino de aquello que es gobernado y atendido por él, lo mismo en el gobierno público que en el privado. Mas tú, por lo parte, ¿piensas que los gobernantes de las ciudades -me refiero a los verdaderos gobernantes- gobiernan por su voluntad?

No lo pienso, por Zeus -dijo él-, sino que lo sé.

XVIII. -¿Cómo, Trasímaco? -contesté yo-. ¿No lo percatas de que, cuando se trata de los otros gobiernos, nadie quiere ejercerlos por su voluntad, sino que piden recompensa, entendiendo que ninguna ventaja les ha de venir a ellos de gobernar, sino más bien a los gobernados [2]? Porque, dime, ¿no aseveramos constantemente que cada arte es distinta de las otras en cuanto tiene distinta eficacia? Y no contestes, bendito mío, contra lo opinión, para que podamos adelantar algo.

En eso es distinto -dijo.

¿Y no nos procura cada una un provecho especial, no ya común con las otras, como la medicina procura la salud, el pilotaje la seguridad al navegar, y así las demás?

Bien de cierto.

Y así, ¿el arte de granjear [3] nos procura granjería?

Porque, en efecto, ésa es su eficacia; ¿o designas tú con el mismo nombre a la medicina y al pilotaje? O si de cierto quieres definir con precisión, como propusiste, en caso de que un piloto se ponga bueno por convenirle navegar por el mar, ¿vas a llamar en razón de ello medicina a su arte?

No, por cierto -dijo.

Ni tampoco al granjeo, creo yo, porque alguien se cure recibiendo granjería.

Tampoco.

¿Y qué? ¿La medicina será granjeo porque uno, curando, haga granjería?

Nególo.

¿Y así confesamos que cada arte tiene su propio provecho?

Sea así -dijo.

De modo que aquel provecho que obtienen en general todos los profesionales de ellas, está claro que lo sacan de algo adicional idéntico en todas las artes.

Tal parece -repuso.

Diremos, pues, que los profesionales que obtienen granjería, la obtienen por servirse en añadidura del arte del granjeo.

Aunque a duras penas, lo reconoció así.

Ese provecho, pues, de la granjería no lo recibe cada uno de su propia arte, sino que, consideradas las cosas con todo rigor, la medicina produce salud y el granjeo, granjería; la edificación, casas, y el granjeo que acompaña a ésta, granjería; y así en todas las demás artes hace cada una su trabajo y obtiene el provecho para que está ordenada. Y si no se añade la ganancia, ¿sacará algo el profesional de su arte?

No parece -dijo.

¿No aprovecha, pues, nada cuando trabaja gratuitamente?

Sí aprovecha, creo.

Así, pues, Trasímaco, resulta evidente que ningún arte ni gobierno dispone lo provechoso para sí mismo, sino que, como veníamos diciendo, lo dispopte y ordena para el gobernado, mirando al bien de éste, que es el más débil, no al del más fuerte. Y por esto, querido Trasímaco, decía yo hace un momento que nadie quiere gobernar de su grado ni tratar y enderezar los males ajenos, sino que todos piden recompensa; porque el que ha de servirse rectamente de su arte no hace ni ordena nunca, al ordenar conforme a ella, lo mejor para sí mismo, sino para el gobernado; por lo cual, según parece, debe darse recompensa a los que se disponen a gobernar: sea dinero, sea honra, sea castigo al que no gobierna.


[1«Oficio de pastor» considerado como arte.

[2Cf. Aristóteles, Eth. Nic. 1134b 5-7: «y por esto dicen que la justicia es bien ajeno; ... por tanto, se ha de dar algún sueldo».

[3Sócrates lleva aquí a sus últimas consecuencias la abstracción establecida por Trasímaco al hablar de la infalibilidad del gobernante en sí. Por otra parte, como se ha observado, el separar el arte de la ganancia de las demás artes tiene un cierto sentido humano, porque rara vez un buen profesional piensa en su recompensa material antes que en la perfección de su obra o ejercicio.