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Teologia e Pensamento Pré-socrático

sexta-feira 25 de março de 2022

    

Si la posición del pensamiento presocrático en la historia   de la filosofía griega necesita de revisión y complemento en este sentido, no puede menos de resultar afectada también nuestra manera de ver sus relaciones con la religión griega. La teología de los primeros filósofos los presenta como una parte no menos importante de la historia de la religión griega que de la historia de la filosofía. Las historias habituales de la religión apenas han tratado nunca en serio su teología dentro de este conjunto   más amplio, probablemente porque el principal interés de estas historias siempre se ha dirigido más a las divinidades objeto de culto y las instituciones de la vida religiosa que a las ideas. Wilamowitz nos ha prestado en su obra postuma Der Glaube der Hellenen el gran servicio de romper con este prejuicio, adjudicando a los filósofos griegos su lugar dentro del desarrollo religioso del pueblo griego. Pero como es natural en una obra de tan vasto alcance, Wilamowitz nunca interpreta realmente las palabras de los filósofos dentro del conjunto de todo su pensamiento, ni trata de determinar su pleno   sentido. Su juicio sobre ellos resulta gravemente perjudicado por un espíritu de protestantismo que le impide ver suerte alguna de verdadera religión ya en el mundo intelectual, ya en las prácticas piadosas del culto, incluso cuando pudieran enseñarnos algo de importancia acerca de lo que quería decir religión para los griegos. Por lo mismo debe ser una de nuestras principales finalidades dar a la religión de los filósofos — y no sólo a la de los pensadores presocráticos — un lugar realmente positivo en nuestro esfuerzo por comprender cómo se desarrolló la religión griega. Antes de poder hacer esto debidamente, necesitamos primero adquirir una idea   más adecuada de la forma específica que toma el pensamiento religioso cuando entra en la etapa de la especulación filosófica independiente. Es fácil decretar a priori   que las sublimes ideas que se formó de la naturaleza de lo Divino una determinada edad de la historia humana no corresponden a nuestro concepto corriente de lo que es religión y que por consiguiente deben dejarse a los filósofos y los físicos, quienes por su parte no se cuidan mucho de ellas porque no son pura razón. Esta situación sólo es otro ejemplo de la lamentabilísima falta de integración de la vida humana que es característica de nuestra moderna civilización y que tratamos de imponer a las edades anteriores al hacer la interpretación histórica de sus creaciones. Mas al proceder así, nos privamos con frecuencia de la posibilidad de penetrar su verdadera naturaleza y quizá incluso de la buena ventura que podrían aportarnos. Una auténtica comprensión del intelectualismo religioso de los más antiguos griegos es uno de los primeros pasos por el camino que lleva a una apreciación más justa de las fases históricas posteriores del espíritu griego. Partiendo de estos heroicos comienzos fué desenvolviéndose la transformación y reavivación filosófica desde la religión en la teología de Platón, en los sistemas de Aristóteles y de las escuelas helenísticas (estoicos  , epicúreos, etc.), y sobre todo en el sistema de teología que fué producto del conflicto y la compenetración de la tradición   griega y la religión judaica   y otras orientales hasta, por último, la fe cristiana. Las bases espirituales de esta creciente unidad humanista del mundo fueron 1) el Imperium Romanum, mientras se sostuvo apoyado en la idea de un gobierno mundial de la ley y de la justicia; 2) la paideia   griega, mientras se la concibió como el punto de partida de una cultura humana universal  , y 3) una teología «universal» (katholike) como armazón religiosa de semejante civilización. La teología filosófica de los primeros pensadores griegos representa, como reconoce claramente y proclama altamente San Agustín en su De civitate Dei  , el hontanar de esta teología universal que fué desarrollándose paulatinamente.

Mucho hace que inicié mis trabajos sobre la filosofía presocrática bajo la dirección de hombres como Hermann Diels y Wilamowitz, y estoy obligado a verla como una parte de la historia del genio griego. Pero también he gastado una vida entera en el estudio de la tradición cristiana, especialmente en su fase antigua, griega y romana. Por lo mismo me ha impresionado profundamente ia continuidad de las formas fundamentales del pensamiento y de su expresión que franquea triunfante el abismo   abierto entre estos períodos antitéticos del espíritu humano y los integra en una civilización universal.


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