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Ficino (A:1.3) – Da origem do amor

domingo 4 de setembro de 2022

    

Cuando Orfeo en las Argonáuticas, siguiendo la teología de Mercurio Trimegisto, cantó los principios de las cosas en presencia de Quirón y de los héroes, puso el caos   antes del mundo, y colocó el amor en el seno de ese mismo caos, antes de Saturno, Júpiter   y los demás dioses, con estas palabras:

πρεσβ’ υτατόν τε καὶ αὐτoτελῆ πoλύμητιν ’’Eρωτα.

Amor es el más antiguo, perfecto en sí mismo   y mejor consejero[38]. Hesiodo, en la Teología, y Parménides, el pitagórico, en el libro de la Naturaleza, y Acusilao el poeta coincidieron con Orfeo y Mercurio. Platón en el Timeo describió el caos de forma semejante, y en él colocó el amor. Y lo mismo refirió Fedro   en el Banquete  . Los platónicos llaman caos al mundo sin forma, al mundo caos formado. Para ellos, hay tres mundos   e igualmente existirán tres caos. El primero de todos es Dios, autor de los universos, y al que llamamos bien en sí mismo. Este crea, como Platón afirma, primero la mente   angélica, después el alma   de este mundo, y por último el cuerpo del mundo. A este mismo sumo Dios no lo llamamos mundo, porque mundo significa ornamento, compuesto de muchas cosas, y verdaderamente El debe ser absolutamente simple, pero afirmamos que es el principio y el fin de todas las cosas. Así, la mente   angélica es el primer mundo hecho por Dios. El segundo, el alma del cuerpo universal  . El tercero, todo este artificio que vemos.

Ciertamente, en estos tres mundos se consideran también tres caos. Al principio Dios crea la sustancia de esa mente, que llamamos esencia. Esta, en el primer momento de su creación, es informe y oscura, pero, porque nació de Dios, por un cierto deseo innato, a Dios su principio se vuelve. Vuelta hacia Dios, es iluminada por su rayo  . Y es por el resplandor de aquel rayo   que su deseo se enciende. Y encendido, se une entera a Dios, y al unirse es formada, pues Dios que todo lo puede, imprime en la mente que a él se une la naturaleza de todas las cosas que deben ser creadas. En aquélla entonces se pintan de un modo espiritual, por así decir, todas las cosas que percibimos en los cuerpos. Allí se generan las esferas de los cielos y de los elementos  , las estrellas, la naturaleza de los vapores, y las formas de las piedras, de los metales, de las plantas y de los animales.

De este modo, no dudamos que las formas de todas las cosas, concebidas con la ayuda de Dios en esta mente superior, son las ideas. Y a la forma e idea   del cielo  , a menudo la llamamos dios cielo, y a la forma del primer planeta  , Saturno, del segundo Júpiter, e igualmente con los planetas que siguen. Y así a la idea del elemento fuego la llamamos Vulcano, a la del aire Juno, a la del agua Neptuno, y a la de la tierra Plutón. Por lo cual, todos los dioses asignados a ciertas partes del mundo inferior   son las ideas de estas partes reunidas en la mente. Pero a esta concepción de las ideas, perfecta por ser formada por Dios, precedió el acercamiento de la mente de Dios. A éste precedió el incendio de su deseo; a éste, la infusión del rayo; y a ésta, antes, la primera inclinación de su deseo; y a ésta la esencia de la mente informe. Finalmente, nosotros afirmamos que esta esencia no formada es el caos. Su primera conversión a Dios, el nacimiento del amor. La infusión del rayo, el alimento del amor. Y el incendio que le sigue, lo llamamos crecimiento del amor. El acercamiento, el ímpetu del amor. Su formación, la perfección del amor. Y al conjunto   de todas las formas e ideas lo llamamos mundo, esto es, mundus en latín, κόσμον en griego, es decir, ornamento. La gracia de este mundo y este ornamento es la belleza a la que el amor, desde el momento en que nació, atrajo y condujo de una mente antes deforme a una mente hermosa. Tal es la condición del amor, que rapta las cosas para la belleza y une lo deforme a lo hermoso.

¿Quién dudará por consiguiente que el amor no sigue inmediatamente al caos y precede al mundo y todos los dioses que están distribuidos en las partes del mundo? Puesto que aquel deseo de la mente existe antes de su formación, y en la mente formada nacen los dioses y el mundo. Por esto, con razón Orfeo le llamó el más antiguo. Y además, por sí mismo perfecto, lo que significa casi que él mismo se perfecciona. Pues parece que aquel primer instinto de la mente por su naturaleza toma su perfección de Dios y la transmite a la mente que de ahí se forma, y a los dioses que de ahí se generan. Además, lo llamó el mejor consejero. Y justamente, pues toda la sabiduría de la que deriva propiamente el consejo se da a la mente, porque al volverse a Dios por amor, ella misma resplandece por su propio brillo. La mente se dirige a Dios del mismo modo que el ojo a la luz del sol. En tercer lugar, en la luz del sol comprende los colores y las figuras de las cosas. Por lo que el ojo, primero oscuro e informe a semejanza del caos, cuando mira, ama la luz, y al mirar es alcanzado por el rayo, y al recibir el rayo es formado por los colores y las figuras de las cosas. Y así como la mente, desde el momento en que nace, e informe se vuelve hacia Dios y allí se forma, igualmente también el alma del mundo se vuelve hacia la mente y hacia Dios, de donde ha sido generada, y aunque antes era informe y caos, dirigida con amor hacia la mente y aceptadas las formas de ésta, se hace mundo. E igualmente la materia de este mundo, aunque al principio no era más que un caos informe sin ornamento de formas, por el mismo amor innato a ella se dirige al alma y a ella se ofrece, y por este amor conciliante recibe del alma todas las formas que se ven en el mundo, y así nacida del caos se ha hecho mundo, ornamento.

Hay, entonces, tres caos y tres mundos. Y, en suma, en todos el amor acompaña al caos, precede al mundo, despierta de la inercia, ilumina las tinieblas, da vida a las cosas muertas, da forma a lo informe, perfecciona las imperfecciones. Después de estas alabanzas apenas se puede pensar o decir otras mayores.


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