Página inicial > Medievo - Renascença > Ficino (A:1.2) – Regla para alabar el amor

Ficino (A:1.2) – Regla para alabar el amor

domingo 4 de setembro de 2022

    

Gratísima suerte, muy ilustres invitados, hoy me ha tocado, de la que resulta que yo represente el papel de Fedro   de Mirrinonte. De Fedro, digo, de aquél cuya amistad tanto estimó Lisias tebano, el famoso orador, que se esforzó en ganarse su favor con un discurso compuesto durante muchas noches en vela; Sócrates   admiró sus cualidades naturales hasta el punto que, conmovido por su brillantez, estando cercanos al río Ilisio y altamente inspirado, cantó misterios divinos, él, que antes predicaba ser ignorante de todo, no sólo de las cosas celestes sino también de las terrestres. Platón se deleitó tanto con su ingenio que dedicó a Fedro las primicias de sus trabajos. A él los epigramas  , las elegías platónicas, a él el primer libro sobre la belleza que tituló Fedro. Y bien, ya que no yo, pues tanto no me atribuyo, sino la suerte primero y vuestra aprobación luego, me ha juzgado semejante a Fedro, con estos felices augurios, interpretaré con gusto en primer lugar su discurso. Después, expondré en la medida de mi ingenio las partes de Antonio y de Ficino  .

Cualquier filósofo platónico considera, hombres excelentes, tres partes en toda cosa: lo que le precede, lo que le acompaña, lo que le sigue. Si estas partes son buenas, alaba aquella cosa; si malas, la critica. La alabanza perfecta, entonces, es aquélla que examina el origen   de la cosa, narra la forma actual y presenta los sucesos futuros. Por sus antecedentes una cosa es elogiada como noble, por su presente   como grande, por sus consecuencias como útil  . De las tres partes por tanto se concluirán tres alabanzas: la nobleza, la grandeza   y la utilidad.

Por esto, nuestro Fedro, contemplando ante todo la excelencia presente del amor lo llamó gran dios. Y añadió digno de admiración por los hombres y los dioses. Y no sin razón admiramos las cosas propiamente grandes. Se dice que es verdaderamente grande aquello a cuyo poder se someten todos los hombres y los dioses. Y, en efecto, entre los antiguos tanto los dioses como los hombres aman. Y esto lo demuestran Orfeo y Hesiodo, cuando dicen que las mentes de los hombres y de los dioses son subyugadas por el amor. Se dice, además, que debe ser admirado, pues todos aman aquello cuya belleza admiran. Así, los dioses, o como dicen los nuestros, los ángeles   admiran y aman la belleza divina, los hombres la hermosura de los cuerpos. Y es así como la alabanza del amor se ha deducido de su excelencia presente, que a él mismo acompaña. Fedro lo alaba después por sus antecedentes, afirmando que es el más antiguo entre los dioses, por lo que la nobleza del amor resplandece tan pronto se habla de su origen. En tercer lugar, lo alabará por las cosas que le siguen, donde aparecerá la maravillosa utilidad de éste a partir del efecto. Pero primero trataremos de su origen antiguo y noble, y después de su futura utilidad.


Ver online : Ficino – Do Amor