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Izutsu (SOP1:81-82) – sujeito-objeto no Zen

domingo 4 de setembro de 2022

    

Atienza

Desde su mismo origen  , el Zen afirma que existe una relación funcional entre el sujeto y el objeto, entre el que conoce y lo conocido. Con mayor precisión, el Zen reconoce la existencia de una correlación muy estrecha entre el estado   de conciencia del sujeto y el estado del mundo objetivo que éste percibe. Esta correlación es de naturaleza extremadamente sutil  , delicada y dinámica a la vez, hasta el punto de que el mínimo movimiento por parte del sujeto puede provocar inmediatamente un cambio — tan sutil como queramos — por parte del objeto.

Aunque insignificante de primera intención, esta observación es, en realidad, tremendamente importante, porque nos acerca a una comprensión correcta del budismo   Zen desde un punto de vista tanto práctico como filosófico. Y no es menos importante el hecho de observar   que, en esta correlación entre sujeto y objeto, como entre el ego y el mundo circundante, el Zen — y, por extensión, el budismo en general — reconoce siempre al primero, es decir, al sujeto, el papel determinante. El estado particular en que se encuentra el sujeto perceptor determina el estado o la naturaleza del objeto percibido. Un particular modo existencial del sujeto actualiza el mundo en su conjunto   bajo la forma particular que le corresponde. El mundo fenoménico se revela a los ojos de un observador según el modo interior de su propio ser. En resumen: la estructura del sujeto determina la estructura del mundo objetivo de las cosas.

En consecuencia, si sentimos que el mundo que observamos actualmente no es el mundo real — aunque sea de manera vaga e imprecisa —, si notamos que las cosas fenoménicas que vemos no son vistas en su realidad verdadera, nos bastará con intervenir sobre la estructura misma de nuestra propia conciencia. Y esto es justamente lo que el budismo Zen nos sugiere que hagamos.

Original

The most fundamental philosophical assertion which is made by Zen at the outset is that there is a functional relationship between the subject and the object, the knower and the known. Zen begins by recognizing a very close correlation between the state of consciousness   of the subject and the state of the objective world which the subject perceives.This correlation between subject and object is of an extremely subtle, delicate, and dynamic nature, so much so that the slightest move on the part of the subject necessarily induces a change on the part of the object, however slight it might be.

The observation of this point, trivial though it may look at first glance, is in reality of paramount importance for a right understanding of Zen Buddhism, whether practical or philosophical. For both the practice of Zen in its entirety and its philosophical elaboration hinge upon such a relationship between subject and object. It is no less important to observe that in this correlation between subject and object, or the ego and the world, Zen — and, for that matter, Buddhism in general — always recognizes the former, i.e., the subject or the ego, to be the determining factor. The particular state in which the perceiving subject happens to be, determines the state or nature of the object which is perceived. A particular existential mode of the [81] subject actualizes the whole world in a particular form corresponding to it. The phenomenal world rises before the eyes of an observer in accordance with the latter’s inner mode of being. In brief, the structure of the subject determines the structure of the world of objective things.

Consequently, if we feel, vaguely or definitely, that the world as we actually observe it is not the real world, that the phenomenal things which we see are not being seen in their true reality, then we will have only to do something about the very structure of our own consciousness. And that exactly is what Zen Buddhism proposes that we should do.


Ver online : Izutsu – The Structure of Oriental Philosophy