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Balyani (TU) – Tratado da Unidade §7

domingo 21 de agosto de 2022

    

Chodkiewcz

Subordinar el Conocimiento de Allah   — ¡exaltado sea! — a la extinción del ser y a la extinción de la extinción, lleva a profesar la idolatría (shirk), puesto que esto implica que lo otro que Allah y opuesto a El posee ser: existe en ello una idolatría evidente  . El Profeta   — ¡la Gracia y la Paz   sean con él! — dijo: «Aquél que se conoce a sí mismo   conoce a su Señor». No dijo: «Aquél que se extingue a sí mismo conoce a su Señor». Por tanto, o bien se afirma que «otro que Allah» posee ser, y esto es contradictorio con su extinción (porque lo que es no puede cesar de ser); o bien esta afirmación es imposible, y se desprende que ya no se puede hablar de extinción (porque para cesar de ser tendría que haber sido) [1].

Roberto Pla

Atribuir la Gnosis   a la extinción (fana  ) y a la extinción de la extinción (fana el-fana’i) es un credo idólatra. Si atribuyes la Gnosis a “fana” y a “fana el-fana’i”, pretendes que algo distinto de Allah puede gozar de existencia. Esto es negarle y entonces eres formalmente culpable de idolatría. El Profeta ha dicho: “Quien se conoce a sí mismo, conoce a su Señor”. Si se afirma la existencia   de algo distinto no se debe hablar de su extinción, porque no se puede hablar de la extinción de aquello que hay que afirmar.

Notas:

Interesa mucho entender bien el sentido de la frase “la extinción de la extinción” (fana el-fana’i), de tanta importancia en el espíritu sufí. La extinción (fana) de la existencia se consigue, según el sufismo, por la superación de tres diferentes y bien determinadas etapas. Durante la primera de éstas, el viajero (salik), que avanza por su espiritual sendero (taricat), ha de practicar el arrepentimiento (tawbat), término musulmán equivalente a “conversión”. Se describe el “tawbat” como un despertar   del alma  , o como el presentimiento de la existencia de una realidad superior, presentimiento que según el sufismo más debe su aparición a un acto de la gracia divina que a la acción de la voluntad propia. La mente  , en virtud de su movimiento de “conversión”, se vuelve hacia adentro y comienza a escrutar en su propio interior. Al principio, la “conversión” tiene el carácter de mera purificación moral, mas poco a poco, obtiene como fruto   una objetivación de todos los movimientos o estados de la mente  . Así se abren las puertas a la segunda etapa, o “macamat” [plural de maqam = estaciones en sufismo]. Los movimientos de la mente — pensamientos, pasiones, deseos, sentimientos —, al quedar objetivados, es decir al aparecer como hechos objetivos no atribuibles al sí-mismo, ni identificables con el alma, dejan al descubierto su condición de meros atributos temporales. Entonces, al quedar objetivados, al quedar el sí-mismo desnudo de atributos, el pensamiento, que a partir de entonces empieza a comportarse puro, manso y en plenitud de inocencia, da paso a la contemplación de la nada. Esto es el “baqa”, el “morar en Dios”. Más adelante, aquella nada resulta ser un motivo de amor, un río fluente y renovado de felicidad  , cuya creadora contemplación, convertida en una lluvia de sabiduría, proporciona los medios para culminar la extinción. Sobreviene entonces la tercera etapa, llamada por los sufíes “la extinción de la extinción” (fana el-fana’i). La mente se ha percatado de la no-existencia del sí -mismo. Este percatarse, que al principio es más o menos artificial, se hace cada vez más real y profundo, hasta que al fin, falto de objetivo por la evidencia de su inutilidad, el movimiento hacia la extinción cesa. Esto es el “fana el-fana’i”, la extinción de la extinción. Una vez consumada ahí está la Unidad. Pero la Unidad “sabe” entonces que todo este penoso esfuerzo fue totalmente innecesario, pues jamás hubo en verdad otra cosa que la Unidad. Un célebre poeta derviche persa del siglo XI, describió el último acto del “sendero” con estas palabras:

“Como vela en la llama, en su fuego me derretí y al resplandor oscilante, sólo a Dios vi.
Con mis propios ojos, a mí mismo me vi, pero al mirar con los ojos de Dios,
Sólo a Dios vi.
Desvanecido en la nada me derretí.
Yo era la Vida, El Universo  ...
Sólo a Dios vi”.


Ver online : EPÍSTOLA DA UNICIDADE ABSOLUTA


[1Literalmente: «porque la afirmación del otro contradice su extinción, y lo que no es posible de afirmación no puede extinguirse».