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EL LIBRO DE LA FILIACIÓN ESPIRITUAL

Almazán de Gracia: Ibn Arabi - Filiacion Espiritual

PRIMERA PARTE - PRÓLOGO

terça-feira 29 de março de 2022, por Cardoso de Castro

    

Yo, Muhammad   b. Ali b. Muhammad b. al-Arabi, al-Tai, declaro: Gloria a Dios que ha revestido de Sus Nombres magníficos a aquellos de Sus servidores que la Providencia asiste, a fin de conducirles hacia el lugar más noble y más sublime. Así, los que han sido elegidos para Su servicio y que se reserva para Él-Mismo son elevados por sus Nombres hasta la distancia de “dos arcos o incluso menos” (Corán 53:9). En virtud de esta proximidad divina, tienen una vida próspera y agradable y Él les ha dicho: “Sabed que quien es de los Nuestros, le está prohibido tomar conocimientos espirituales de cualquiera excepto solo de Nosotros”.

Entre ellos, algunos realizan la ascensión (miraj  ) con total facilidad, pero no pueden adoptar discípulos; otros efectúan el “viagem noturna — viaje nocturno” (isra) en la dificultad y la prueba, pero los tormentos encontrados les inquietan poco apenas obtienen los que ellos desean. Otros, en fin, lo toman por Confidente, Compañero, Bienamado, Amigo. Y todos, en virtud de una gracia predestinada, son maestros de los hombres de confianza que han recibido el “poso” (amana) (Nota del traductor: quizá habría que entender aquí el “acceso” o protuberancia que, al modo como los tenía el Profeta  , aparecen como signo   carnal en algunos gnósticos   musulmanes, en algunos casos como hendidura como es el caso de Ibn Arabi  ).

Es aquí donde se lleva a cabo, por consiguiente, la distinción entre los que permanecen con el espíritu divino y los que moran con el ser carnal hecho de “esperma esparcida” (Corán 75:37). Y no tiene más que dos “puños”: el izquierdo que es el de la facilidad, y el derecho que es el de la prueba. Sin embargo, la Misericordia divina lo abarca todo. También Dios —que Él sea exaltado — ha dado “al que está lejos” acceso “al que está próximo”, si le anhela, a fin de que se cualifique por la proximidad en el momento de la proyección de los conocimientos que obtiene al alcanzar su finalidad. A éste o aquél, Dios le dice en la intimidad de su ser, por la lengua del estado   espiritual: “No procede sino de Nos”. Y su decreto, que inscribe en el pecho de Sus servidores, tiene el grado de la Presencia divina conjugando los atributos superiores y los atributos inferiores.

Yo Le alabo (ahmaduhu) con la alabanza del que afirma “Él” y no “yo” y que es un perfecto guardián de lo que Dios proyecta hacia él y en él. Y yo ruego sobre Su Enviado — sobre Él la Gracia y la Paz   — el Elegido, el que no cesa de salmodiar el Corán durante tanto tiempo hasta el punto que la letra   se une a la letra, el sentido al sentido, y los inteligibles toman la palabra por morada  .

FUNDAMENTOS CORÁNICOS DE LA KHIRQA

Después de alabar a Dios, invocado Su bendición sobre el Profeta y mencionado los dones abundantes que Él nos otorga, digo —buscando en Dios mi sostén y refugio—: “Alabad a Dios que nos guía hacia sí puesto que nosotros no estaríamos sobre la buena vía si Dios no nos hubiera dirigido. Los Enviados de Nuestro Señor han venido con la Verdad” (Cor.7:43).

El noble Enviado, particularmente ha dicho de parte de Dios —el Muy alto, el Sabio — en el Libro revelado que es el Corán sublime: “¡Oh, hijos de Adán, Nosotros os hemos enviado un vestido para cubrir vuestra desnudez además de un adorno   (sawa´at). Pero la vestimenta   de la piedad (libas at-taqwa) es la mejor” (Cor,7:26). Lo que, en el ropaje exterior cubre la desnudez (saw´at), constituye la vestimenta indispensable, la cual es el “vestido de la piedad” (taqwa) en tanto que nos preserva (wiqaya). El adorno es todo lo que viene a añadirse a lo estrictamente necesario y constituye por tanto el ornamento (zina), que no es otro que el “ornamento de Dios que Él ha extraído para Sus servidores” (Cor.7:32), de los tesoros de Sus misterios y que Él ha reservado a los creyentes en esta vida y al día de la Resurrección, y al respecto sujeto del que ellos no tendrían que rendirle cuentas.

Sin embargo, si ellos se revisten con otra intención y sin este recogimiento, y se recubren con altivez y orgullo, este “ornamento” no es sino “el ornamento de este bajo mundo” (Cor.18:28, 46). Se trata, por tanto, de la misma vestidura, pero su estatuto difiere según el uso que se le asigne.

Para aquéllos, Dios ha hecho descender sobre el corazón de los servidores el “vestido de la piedad” que es “la mejor vestimenta”. Análogo al ropaje exterior, se trata como él, de un “vestido indispensable” que oculta los vicios (sawa´af) del ser -que no es sino el hecho de preservar absolutamente de todo lo que es ilícito y de cualquier cosa que sea comparable al adorno exterior-, de ahí que sea el vestido de las “nobles virtudes” (makarim al-alkhlaq).

Se trata, por ejemplo, de las prácticas superogatorias tales como la clemencia y el espíritu de conciliación. En efecto, aunque el Legislador autoriza a cada uno a exigir lo que le corresponde en derecho, el hecho de renunciar a este derecho forma parte de las cosas por las cuales el hombre se embellece interiormente. Tal es el “ornamento de Dios” en su aspecto interior, y esto designa toda “vestimenta” interior que la Ley estimula (sin hacerlo obligatorio). Se verifica así que la vestimenta interior está, sobre el plano legal, a imagen del ropaje exterior. Y de la misma forma que el (estado) del vestido exterior varía en función de las intenciones de cada uno, de la misma manera acontece con el vestido interior.

Habiendo comprendido esto, los hombres de Dios han querido combinar las dos vestimentas y engalanarse de los ornamentos a fin de reunir   las dos perfecciones y recibir una doble recompensa  . La razón de ser de la khirqa, tal como es conocida por ellos, es indicar acerca de lo que ellos quieren revestir interiormente. Es por tanto el signo del compagnonnage y de la observancia de las conveniencias espirituales.

Por mi parte, el fundamento de la investidura de la khirqa, según lo que Dios ha proyectado en mí y revelado en mi corazón, se encuentra en el hecho de que Dios Se reviste del corazón de Su servidor. En efecto, él ha declarado: “Mi tierra y Mi cielo   no Me contienen pero el corazón de Mi servidor me contiene”. Asimismo, el hábito   contiene al que lo porta  .

Debido a que eso está arraigado en lo más secreto de mi ser y que mi rango entre los gnósticos fue magnificado, he compuesto al respecto estos versos:

¿No soy un parco conocedor
al no prodigar ni mi ciencia ni mi secreto?
Eso no es, sin embargo, señal de avaricia sino
Virtud y generosidad suprema.
Accedo a esta morada cada vez
Que la realiza mi corazón, que acoge toda ciencia.
Soy el sol y aparezco en mi esencia
Si lo quiero; los crecientes lunares me reflejan
Si lo deseo, conforme a
Mi rango. Y las constelaciones me manifiestan.
Cuando mi ausencia permite a las tinieblas extenderse
Y que el mundo oscuro quede privado de mí.
Cuando mi khirqa inviste Su esencia
Árabes y no árabes están perplejos por lo que he dicho.

La combinación de los dos vestidos queda ya establecida desde la época de Shibli e Ibn Khafif, y me adhiero a su doctrina en este punto. Yo he recibido la investidura de manos de nobles maestros espirituales después de ser su compañero y haber observado sus reglas, a fin de que la vestimenta sea tanto exterior como interior.

Al mismo tiempo mi doctrina, en lo que concierne a la investidura de los discípulos propiamente dichos (muridi al-tarbiya), se aleja de lo que es la práctica común hoy día. Consiste en esto: el maestro espiritual (al-shaykh al-murabbi) examina al discípulo   al que quiere investir la khirqa, y debido a su estado espiritual localiza necesariamente una imperfección en él. Entonces el maestro se reviste de su estado espiritual hasta que lo realiza plenamente y se sumerge en él. La fuerza de este estado espiritual se difunde en la vestidura que porta el shaykh y, despojándose de ella, se la pone al discípulo. El brebaje se desliza en éste, se esparce en sus miembros y le invade, provocando así la eliminación de tal defecto.

No obstante, la transmisión de la khirqa, entendida en este sentido es bien rara hoy día. La energía espiritual de los hombres no es lo suficientemente grande para permitir lo que he mencionado, pues han descendido de hecho al grado del común de los creyentes.


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