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SUFISMO E TAOÍSMO

Izutsu (ST:205-207) – Criação

Parte I - Ibn Arabi - Capítulo XIII

terça-feira 9 de agosto de 2022, por Cardoso de Castro

    

Excertos de Toshihiko Izutsu  , Sufismo y Taoismo  

    

En la cosmovisión de Ibn Arabi  , la manifestación   de lo Absoluto es un proceso perpetuo cuyas etapas principales, que son: 1) la «santísima emanación  », 2) la «santa emanación» y 3) la aparición de las cosas individuales concretas, se realizan una tras otra como oleadas repetidas y sucesivas. Este proceso ontológico se repite indefinida e infinitamente. En cada momento, y una vez tras otra, se reproduce el mismo proceso eterno de aniquilación y recreación. En este mismo momento, un número   infinito   de cosas y propiedades aparecen para ser aniquiladas y reemplazadas por otra infinidad de cosas y propiedades.

Por tanto, no podemos experimentar el mismo mundo dos veces en dos momentos distintos, ya que fluye perpetuamente y cambia en cada momento. Pero este cambio continuo y perpetuo se produce de una manera tan ordenada, de acuerdo con esquemas tan definidos que nosotros, observadores superficiales, imaginamos que nos rodea un mismo mundo.

En su descripción de este perpetuo fluir de cosas en lo referente al concepto de «creación», que es el tema central del presente   capítulo, Ibn Arabi explica que él mundo es creado de nuevo en cada instante   sin excepción. Llama a este proceso «nueva creación» (al-kalq al-jadid). La expresión no debe ser tomada en el sentido de una «nueva» creación en contraste con la «vieja» o anterior   creación del mundo. La palabra «nueva» (jadid), en este contexto, significa «siempre nueva» o «renovada en cada momento». La «nueva creación» indica, en pocas palabras, el eterno y perpetuamente renovado proceso del acto de creación.

El hombre, dotado de autoconsciencia, puede experimentar de esta «nueva creación», tanto dentro como fuera de sí mismo  , es decir en su mente   y en su cuerpo, al tomar consciencia de «sí mismo», que va cambiando en cada momento, sin cesar, a lo largo de su vida. Sin embargo, la gente corriente no es consciente del proceso de «nueva creación», ni siquiera en lo relativo a sí mismos.

Ibn Arabi describe este proceso también como «ascenso perpetuo» (taraqqi   daim). Se trata de un punto muy importante que nos da acceso a la base misma de su idea   de la «nueva creación».

El prodigio de todos los prodigios es que el hombre [y, en consecuencia, todas las cosas] se halla en perpetuo proceso de ascenso. Sin embargo [por lo general] no es consciente de ello, debido a la extrema tenuidad y finura del velo o a la gran similitud entre [las formas sucesivas].

El hecho de que todo participe en el proceso de la siempre nueva creacion significa principalmente que lo Absoluto se manifiesta sin cesar en la infinidad de las cosas «posibles». Este fenómeno se produce debido al «descenso» (nuzul) ontológico de lo Absoluto hacia los niveles inferiores del Ser, en primer lugar a los arquetipos y, en segundo lugar, a lo «posible». Pero el mismo proceso de continuo «descenso», considerado desde la perspectiva de lo «posible», resulta ser un continuo proceso de «ascenso» ontológico. Todo, en este sentido, «asciende» perpetuamente hacia lo Absoluto mediante el descenso mismo de éste.

En otras palabras, el «ascenso» (taraqqi) de las cosas no es sino la otra cara del «descenso» de lo Absoluto hacia ellas. Las cosas en estado   de inexistencia reciben la misericordia de lo Absoluto, obteniendo de ese modo la existencia, lo que produce, desde el punto de vista de dichas cosas, la imagen de su «ascenso» hacia la fuente original de la existencia. Al-Qashani parafrasea así el pasaje citado:

Una de las cosas más milagrosas del hombre es que se halla en perpetuo estado de ascenso respecto a los modos   de la «preparación» de su propia esencia arquetípica, ya que todos los modos de los arquetipos son cosas conocidas por Dios [desde la eternidad], permanentemente fijas en su estado de potencialidad, y Dios las actualiza incesante y perpetuamente. Transforma así las posibilidades [isti dadat, literalmente «preparaciones»] que allí se hallan desde un pasado sin inicio, siendo [por tanto] esencialmente increadas, en infinidad de posibilidades creadas en acto.
Todo se halla, pues, en estado ascendente en este mismo instante, dado que cada cosa recibe perpetuamente las siempre renovadas teofanías ontológicas (wuyubiyya) y, en cada teofanía, aumenta su receptividad para otra [o sea la siguiente] teofanía.
Sin embargo, el hombre puede no ser consciente de ello ya que sus ojos están velados, o porque el velo es extremadamente tenue y fino. Pero también puede cobrar consciencia de ello cuando las teofanías adoptan las formas de experiencias intelectuales, intuitivas, imaginativas o místicas.

El concepto de «nueva creación», incluyendo el «descenso» y el «ascenso», es un punto que pone claramente de manifiesto la naturaleza dinámica de la cosmovisión de Ibn Arabi. En ella, nada permanece estático, el mundo entero está en ferviente y perpetuo movimiento. Se transforma, en cada instante, como un caleidoscopio y, sin embargo, todos esos movimientos de autodesarrollo son los movimientos «ascendentes» de las cosas hacia lo Absoluto-Uno, precisamente porque son las autoexpresiones «descendentes» del Uno-Absoluto.


Ver online : Toshihiko Izutsu