Página inicial > Medievo - Renascença > OrigenesPrece5

OrigenesPrece5

terça-feira 29 de março de 2022

1 Si además de lo dicho, he de continuar, como tú deseas, para examinar las razones de quienes sostienen que nada se consigue en la oración, y, por tanto, que orar es superfluo. no vacilaré en hacerlo en cuanto mis fuerzas lo permitan, sirviéndome en adelante del término más sencillo y común de oración. Hay quien ni siquiera en este sentido admiten la oración, se ríen con desprecio de los que oran, sea como sea la oración, y quieren acabar de una vez con la palabra sea cual sea su sentido.

Eso es una opinión muy desacreditada y no hay persona distinguida que la defienda. Apenas se hallará alguno que admitien do la providencia de Dios sobre el universo no acepte la idea de oración. Lo niegan los que son totalmente ateos y, por tanto, niegan la existencia de Dios, o quienes admiten la idea de Dios pero niegan su providencia. Sin embargo, el poder adverso (2 Tes. 2, 4.9), que quiere atribuir las doctrinas más impías al nombre de Cristo y a las enseñanzas del Hijo de Dios, ha logrado convencer a algunos de que no se debe orar. Son de tal parecer los que niegan rotundamente el mundo sensible y la práctica de los sacramentos, bautismo y eucaristía. Emplean tales sofismas que dan sentido diverso del que tienen a las verdades que se hallan en las Escrituras sobre la oración.

2. Estas son las razones que aducen para negar la oración los que admiten que Dios gobierna el mundo y que hay providencia. No intento ahora examinar lo que dicen quienes rechazan por completo a Dios y la providencia.

Dios conoce todas las cosas antes que existan. Nada de cuanto existe le es conocido en el momento de venir a la existencia, pues antes de eso ya le era conocido. Por tanto, ¿qué necesidad hay de dirigir una oración a aquel que sabe lo que necesitamos antes de pedírselo? El Padre celestial sabe lo que necesitamos antes de que se lo pidamos (Mt. 6, 8). Lógicamente el Padre, por ser creador de todas las cosas, «ama todos los seres y nada de lo que hizo aborrece» (Sab. 11, 24). Debe, pues, gobernar cada cosa sin que haya necesidad de orar. Lo hace como un padre que protege a sus hijos sin esperar a que ellos se lo pidan, porque son incapaces de pedírselo o porque, debido a su ignorancia, frecuentemente desean recibir cosas inútiles o perjudiciales. Pues lo que sucede entre padres e hijos sucede con mayor proporción entre Dios y nosotros.

3. Lo más probable es que Dios no solamente conozca de antemano lo que va a suceder sino también que lo tenga ya ordenado de manera que nada pueda acaecer contra lo dispuesto por él. Así, por ejemplo, sería tenido por tonto uno que rezase para que salga el sol y atribuya a su oración lo que nada tiene que ver con ella. De igual modo ha de tenerse por tonto a quien piense que las cosas suceden o no según que ore o deje de orar. Otro eiemplo: supongamos una persona que bajo los rigores del sol en verano sufre quemaduras y se imagina que orando va a cambiar la temperatura del sol como si estuviese en primavera. Tal persona rayaría en la locura. De igual modo estaría loco el que pensara que las circunstancias necesariamente impuestas al ser humano iban a cambiar por influjo de su oración.

4. «Torcidos están desde el seno los impíos» (Sal. 58, 4), y el justo «escogido desde el seno de su madre» (Gal. 1, 15). Está dicho: «El mayor servirá al menor aun antes de haber nacido, cuando no habían hecho ni bien ni mal, para que se mantuviese la libertad de la elección divina, que depende no de las obras sino del que llama» (Rom. 9, 1112; Gen. 25, 23). De aquí se deduce que es inútil pedir perdón por los pecados o que venga el espíritu de fortaleza para afirmarnos en Cristo todo lo que podamos (Flp. 4, 13).

Si somos pecadores, hemos sido ya desviados desde el seno materno. Pero si hemos sido elegidos ya en el seno materno nos sucederán las mejores cosas aunque no oremos. ¿Qué había rezado Jacob antes de nacer para que fuese profetizado su dominio sobre Esaú y que éste le sirviese? ¿qué impiedad cometió Esaú antes de nacer para que le odiasen? ¿para qué reza Moisés, como se dice en el Salmo   90, si Dios es su «refugio antes que los montes fuesen engendrados, antes que naciese tierra y orbe» (Sal. 90, 12)?

5 En la Carta a los efesios acerca de los que se salvan esta escrito que el Padre los «eligió en él», en Cristo, «eligiéndonos de antemano, antes de la creación del mundo, para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, para ser santos e inmaculados en su presencia» (Ef. 1, 45). Así, pues, al que ha sido escogido «antes de la creación del mundo» le es imposible separarse de tal elección. Por consiguiente, no tiene necesidad de orar. Si, por el contrario, no ha sido escogido o predestinado, es inútil que ore. No será escuchado aunque rece mil veces. «Pues a los que de antemano conoció, también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a esos también los llamó; y a los que llamó, a esos también los justificó; a los que justificó a esos también los glorificó» (Rom. 8, 2930). ¿Para qué se esforzaba Josías, o para qué oraba y se angustiaba pensando si era o no escuchado, si estaba profetizado expresamente muchos años antes y lo que iba a hacer estaba no sólo determinado sino también anunciado de antemano a las multitudes? (2 Re. 22; 1 Re. 13, 13). ¿Para qué reza Judas si su oración iba a «ser tenida por pecado» (Sal. 109, 7), pues había sido profetizado muchos años antes, desde los tiempos de David  , que iba a perder su oficio y otro iba a ocupar su lugar»? (Hech. 1, 1620; Sal. 109, 7). Puesto que Dios no cambia y de antemano dispone todas las cosas, no tiene razón de ser la plegaria, pues supone que le haría cambiar su plan como si él no hubiese fijado sus decretos de antemano. Como si estuviese esperando la oración de cada persona para ordenar las cosas conforme a la conveniencia de cada cual y sólo entonces lo reconoce como bueno, sin haberlo visto de antemano.

6. Traigamos aquí las razones aducidas en la precedente exposición con los términos de la carta que me has escrito: «Primero, si Dios conoce de antemano lo que va a suceder, y así va a ocurrir necesariamente, orar es inútil. Segundo, si todo sucede conforme a la voluntad de Dios y él lo ha determinado de manera que de lo establecido nada pueda cambiar orar es inútil». Creo será provechoso un previo razonamiento para resolver las dificultades puestas por gentes que no entienden de oración.

OrigenesPrece6   - 6. O livre arbítrio