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Abdil

segunda-feira 28 de março de 2022

Claro está que todo esto fue teniendo poco a poco un fuerte efecto sobre la mentalidad de los entes ordinarios, de modo que incluso aquellos más próximos a él, que antes lo habían estimado, comenzaron entonces a evitarlo gradualmente, repitiendo toda suerte de calumnias acerca de su persona.

Incluso los que un día antes le habían mandado flores y otros diversos presentes, reverenciándolo casi como a un ente divino, se volvieron tan acérrimos enemigos, debido a las constantes habladurías, que no parecía sino que aparte de injuriarlos personalmente, les hubiera matado a sus entes más queridos.

Así es la psiquis de los entes que habitan aquel peculiar planeta.

En resumen, merced a su sincera buena voluntad para con aquellos que lo rodeaban, este amigo mío debió sufrir un verdadero martirio. Y aun esto quizás no hubiera sido nada, si la culminación de la inconsciencia por parte del clero no los hubiera llevado a determinar su fin, es decir, a determinar la muerte   del sacerdote Abdil.

Así ocurrieron las cosas:

Mi amigo no tenía ningún familiar en la ciudad de Koorkalai, debido a que había nacido en un pueblo muy distante.

Y en cuanto a los cientos de servidores y otras nulidades terrestres ordinarias que lo habían rodeado durante su anterior   prosperidad, lo habían ido abandonando ahora paulatinamente, debido, claro está, a que el amo había perdido ya su anterior importancia e influencia.

Hacia el fin, sólo permaneció a su lado un viejo amigo que había vivido toda la vida con él.

A decir verdad, este anciano había permanecido a su lado sólo a causa de su avanzada edad, lo cual, en aquel planeta, suele volver a la gente absolutamente inútil para cualquier cosa.

Se quedó a su lado simplemente porque no tenía otro lugar donde ir y ésa fue la única razón por la cual no abandonó a su amigo, acompañándolo incluso en los días de plena persecución.

Al entrar en la habitación del sacerdote una funesta mañana, el anciano descubrió que le habían dado muerte, hallándose su cuerpo planetario hecho pedazos.

Sabiendo que yo había sido amigo de su amo, se dirigió inmediatamente a mí para darme la triste noticia.

Ya te he dicho, querido niño, que había concebido en mi corazón un profundo cariño por aquel infortunado sacerdote, exactamente igual que si se hubiera tratado de uno de mis familiares más próximos. Así pues, cuando conocí la terrible nueva, experimenté en toda mi presencia una especie de Skinikoonartzino, es decir, que la conexión entre mis centros eserales separados casi sufrió una dislocación total.

Pero entonces temí que durante el día aquellos entes inconscientes cometieran nuevos ultrajes sobre el cuerpo planetario de mi amigo, de modo que decidí impedir por lo menos la posible actualización de aquel crimen.

Dispuse inmediatamente, entonces, que varios entes adecuados que me apresuré a contratar por una elevada suma de dinero, retiraran el cuerpo planetario de mi amigo, depositándolo temporalmente en mi Selchan, esto es, en la balsa en que había llegado y que se hallaba anclada a corta distancia del río Oksoseria y que todavía no había utilizado porque tenía la intención de navegar desde allí hasta el mar Kolhidius a bordo de nuestra nave Ocasión.

El triste fin de la existencia de mi amigo no impidió que sus prédicas acerca del cese de los sacrificios a los dioses tuvieran un profundo efecto sobre un amplio sector de la población.

Y, a decir verdad, el número de víctimas ofrecidas en sacrificio comenzó a disminuir apreciablemente, haciéndose claro el hecho de que si bien la costumbre quizás no fuera abolida totalmente en aquel tiempo, por lo menos habría de mitigarse considerablemente.