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Abdil

segunda-feira 28 de março de 2022

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Pues bien, querido nieto, durante los primeros días de mi viaje a la ciudad de Koorkalai, acerté a tratar diversos temas con aquel amigo mío que te mencioné antes, el sacerdote Abdil, pero, por supuesto, nunca le hablé de aquellos puntos que podían revelar mi verdadera naturaleza.

Al igual que la mayoría de los entes tricerebrados que habitan en tu planeta favorito con quienes trabé relaciones en mis dos visitas, también él me tomó por un congénere, pero considerándome sabio y entendido en la psiquis de los terráqueos.

Desde nuestros primeros encuentros, siempre que comenzábamos a hablar de otros entes semejantes a él, me conmovía profundamente la simpatía que por ellos experimentaba. Y cuando mi Razón me hizo comprender claramente que la función de la consciencia, fundamental para los entes tricentrados, que le había sido transmitida a su presencia por vía hereditaria, no se había atrofiado todavía completamente, comenzó a desarrollarse en mi naturaleza, a partir de ese momento, y a cristalizarse como resultado normal del proceso, un «impulso necesario realmente funcional» hacia él, semejante al que experimento hacia mis congéneres.

Desde entonces también él, de acuerdo con la ley cósmica que afirma «de toda causa nace su efecto correspondiente» comenzó a experimentar hacia mí un «Silnooyegordpana» o, como lo llamarían tus favoritos, «un sentimiento de confianza hacia un semejante».

Pues bien querido nieto, tan pronto como fue comprobado esto por mi Razón, se me ocurrió la idea   de materializar mediante mi primer amigo terrestre la tarea que se me había encargado ejecutar personalmente en esta mi segunda visita al planeta Tierra.

Comencé, en consecuencia, a encaminar deliberadamente todas nuestras conversaciones hacia el problema de los sacrificios a los dioses.

Si bien, mi querido nieto, es mucho el tiempo transcurrido desde que hablé con este amigo ente terrestre, creo que sería capaz todavía de recordar y repetir palabra por palabra todo cuanto en aquellas conversaciones dijimos.

Pero ahora me limitaré a recordar y repetirte solamente la que fue nuestra última conversación y que sirvió como punto de partida a todos los hechos posteriores que, aunque pusieron a la existencia planetaria de este amigo ente terrestre un doloroso fin, pusieron sin embargo a su alcance la posibilidad de proseguir su tarea de autoperfeccionamiento.

Esta G Sacrificium - última conversación tuvo lugar en su casa  . Le expliqué en aquella ocasión con toda franqueza la extrema estupidez   y lo absurdo de esta costumbre de los sacrificios.