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CORPO ESPIRITUAL E TERRA CELESTE

Corbin (CETC:) – onde se deu a predicação de Zoroastro?

Imago Terrae mazdéenne

terça-feira 23 de agosto de 2022, por Cardoso de Castro

    

CORBIN  , Henry. Cuerpo espiritual y Tierra celeste. Del Irán mazdeísta al Irán chi  íta. Traducción de Ana Cristina Crespo. Madrid: Ediciones Siruela, 2006

    

A partir de este punto podemos superar ya el nivel en el que se ha planteado una de las preguntas más irritantes que ha atormentado a varias generaciones de orientalistas: ¿dónde tuvo lugar la predicación de Zoroastro  ? ¿Dónde estaba Eran-Vej  , puesto que Zaratustra tuvo sus visiones y comenzó su predicación en Eran-Vej? La mayoría de los orientalistas admite hoy que el lugar de predicación de Zaratustra, tal como podemos considerarlo en nuestros días leyendo los Gathas, tenemos que situarlo en Asia central, en algún lugar de la región del Alto Oxus, en el límite oriental del mundo iraní. Sin embargo esta actitud científica imperante está en contradicción con las tradiciones iraníes posteriores, las de la época sasánida y post-sasánida, que sitúan el nacimiento y la predicación de Zaratustra en el extremo occidental del mundo iraní, en Azerbayán. Se han buscado soluciones conciliadoras, tratando de mantenerse en el terreno de los hechos positivos: Zaratustra podría haber nacido en el Oeste  , pero podría haber predicado en el Este. Una solución reciente se inspira precisamente en el sistema de los keshvars: la historia   sagrada del zoroastrismo primitivo podría haber tenido lugar en la parte oriental del mundo iraní, y luego, al ir penetrando progresivamente la misión zoroástrica hacia el oeste del mundo iraní, un buen día la orientación geográfica se habría invertido totalmente (el keshvar oriental se habría convertido en el keshvar occidental). Todo habría ocurrido como si el sistema de los keshvars hubiera girado sobre un eje central. Se ha pronunciado incluso la palabra «falsificación» porque de este modo los Magos occidentales habrían localizado en Azerbayán los lugares santos de la historia sagrada (el Arax, el monte Savalan, la ciudad santa de Shiz), sin que esta identificación tenga el menor valor   «histórico».

En realidad la palabra «falsificación» está aquí totalmente fuera de lugar dado que lo que podemos constatar es precisamente la conservación de la estructura de un espacio esencialmente cualitativo cuyas regiones no se reparten en función de unas coordenadas geométricas previas, sino en función de su cualificación intrínseca. Si ha habido una transposición total del lugar de las escenas históricas, este hecho presupone y demuestra en primer lugar la posibilidad de una operación mental   cuyo control y significado escapan a la ciencia positiva que, aferrada únicamente a los datos materiales, se limita a hablar de «falsificación» al menos inconsciente. Pero el esquema de los keshvar - siete keshvars, considerado como ilustración arquetípica, nos muestra precisamente esta posibilidad y el proceso: la presencia que constituye el centro   y que, como tal, es el origen   y no la resultante de las referencias espaciales, no está situada, sino que sitúa. Esta presencia conlleva su propio espacio y mantiene todo el sistema de sus referencias espaciales. O más bien podemos decir que, al ser siempre y cada vez el Centro, no ha habido en la realidad del acontecimiento   psíquico ninguna transferencia real (en el espacio). El significado del Centro, in medium   mundi, como lugar en el que siempre y cada vez se llevan a cabo los acontecimientos psico-espirituales, como espacio de las hierofanías, permite plantear el problema a un nivel en el que ya no se enfrentan la certeza   tradicional y las certezas de la ciencia positiva.

No pretendemos en absoluto relegar al «terreno de la leyenda» la historia sagrada del zoroastrismo, pero esencialmente se puede decir lo siguiente: en cualquier lugar que haya   podido ocurrir el acontecimiento histórico, en el sentido vulgar   de la palabra, en su realidad exterior y material, comprobado por los sentidos de los testigos, para que la notificación del Acontecimiento llegara hasta nosotros en su identidad espiritual, a pesar de la diversidad de las localizaciones físicas, ha sido necesario un órgano de rememoración que actúe de una forma muy distinta a como lo hace nuestra ciencia positiva que, atenta a lo que considera «hechos», tiene en cuenta tan sólo el acontecimiento en su aspecto físico. Este órgano de rememoración y de meditación religiosa es precisamente la Forma imaginal que, al proyectarse sobre espacios geográficos materialmente diferentes, ha podido transformarlos conduciéndolos hacia sí misma como Centro, de modo que el espacio hierofánico esté siempre y cada vez en el centro. La Imaginación activa ha podido entonces consagrarlos como lugares sagrados e identificarlos cada vez con claridad como Tierra de las visiones; a la inversa, cierta cualidad material (incluso «histórica») de espacios diversos no hubiera podido imponer la evidencia de su sacralización, ni decidir su identidad o, por el contrario, hacer cometer el «error». Las hierofanías tienen lugar en el alma  , no en las cosas, y el acontecimiento del alma es el que sitúa, califica y sacraliza el espacio en el que es imaginado.

Por lo tanto, ¿cuáles son los acontecimientos que se realizan en Ērān-Vēj? Hay liturgias memorables, celebradas por el propio Ohrmazd  , por los seres celestes y por los héroes legendarios. El propio Ohrmazd celebró liturgias en Ērān-Vēj en honor de Ardvī Sūrā Anāhitā «la Excelsa, la Soberana, la Inmaculada», el Ángel-diosa de las Aguas celestes, para pedir que Zaratustra se entregara a él y fuera su profeta   fiel (Yasht V, 17). También fue Zaratustra quien le pidió a ella la conversión del rey Vīshtāspa (Yasht V, 104)46. El bello Yima, «Yima el resplandeciente de belleza, el mejor de los mortales», recibió en Ērān-Vēj la orden de construir el recinto, el Var donde se reunió la elite de todos los seres, los más hermosos, los que poseían más dones, para protegerlos del invierno mortal   desencadenado por las Potencias demoníacas, y pudieran repoblar un día el mundo transfigurado. El Var de Yima consta, como si de una ciudad se tratara, de casas, recintos y murallas. Tiene puertas y ventanas luminosas de cuyo interior emana la luz, ya que está iluminado a la vez por luces increadas y por luces creadas. Sólo una vez al año se ve ocultarse y volver a salir las estrellas, la luna   y el sol, y por esta razón un año no parece más que un día. Cada cuarenta años de cada pareja humana nace otra pareja, masculino   y femenino. Y de este modo se sugiere tal vez la condición andrógina de estos seres que «viven la más bella existencia en el Var constante de Yima» [1].

¿Encontraremos la huella de ese Paraíso   de arquetipos, de esa Tierra celeste en el centro del mundo que protege la semilla de los cuerpos de resurrección, a través de la meditación o mediante una campaña de investigación arqueológica? El paraíso de Yima no se puede descubrir en la superficie de nuestros mapas, sometidos al sistema de coordenadas. A diferencia de una investigación topográfica, se trata de lograr que resurja la Forma imaginal, la Imagen arquetipo, que sólo puede resurgir allí, in medio mundi. Entonces nuestra pregunta es la siguiente: tal y como se percibe desde ese centro del mundo, ¿cómo se presenta la geografía visionaria y mediante qué acontecimientos psico-espirituales muestra su presencia esta geografía visionaria?


Ver online : Henry Corbin


[1Cf. Vendidād, II, 21-ss.; comparar Dātistān-i-Dīnīk, XXXVII, 126-ss. Otras tradiciones (Mēnōkē-Xrat, XXVII, 27-28, LXII, 15-19) hacen de este Var un lugar construido en Ērān-Vēj, pero bajo la Tierra, que crea su propia luz, sin necesidad del sol, la luna y las estrellas. Allí se llevaron y preservaron las criaturas más hermosas y exquisitas. Se ha asimilado, con acierto, esta idea con la concepción mazdeísta de Mshunia Kushta (Hastings, Encyclopedy of Religion and Ethics, t. II, págs. 702-708; Brandt, Mandaische Religion, pág. 154), Tierra misteriosa e invisible donde viven humanos bellísimos, buenos y felices, gracias a la cual se repoblará, después de las catástrofes últimas, el mundo transfigurado, y donde se lleva a cabo post mortem el encuentro con la Imagen o Alter Ego celeste. La comparación con el mandeísmo es tanto más interesante cuanto que más adelante veremos otras tradiciones iraníes relativas a la Tierra mística de Hūrqalyā (tradiciones išrāqiyya y šāyjiyya). Ahora bien, cuando a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, se le preguntó al šayj Aḥmad Aḥsā’ī (fundador de la Escuela šayjī) acerca de esa insólita palabra que designaba la Tierra celeste en la que se conservaba la semilla de los Cuerpos de resurrección, éste respondió: «Es una palabra corriente entre los Sabeos (es decir, entre los Mandeanos) de Basora». Cf. II.IX, 3. Habría que reunir todos estos datos para el proyecto de una ontología del mundus imaginalis.