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CORPO ESPIRITUAL E TERRA CELESTE

Corbin (CETC) – Xvarnah, a Luz-de-Glória

Imago Terrae mazdéenne

segunda-feira 22 de agosto de 2022, por Cardoso de Castro

    

CORBIN  , Henry. Cuerpo espiritual y Tierra celeste. Del Irán mazdeísta al Irán chi  íta. Traducción de Ana Cristina Crespo. Madrid: Ediciones Siruela, 2006

    

Ahora la tarea consistirá en buscar cómo y en qué condiciones se perfila precisamente la figura del Ángel, cuando la Imaginación activa (cuando el gētīk   se capta en su mēnōk) transfiere los datos de la percepción sensible   al estado   diáfano. Esta labor equivale a concretar cuál es esta Forma imaginal como órgano a través del cual la Imaginación activa, al percibir directamente las cosas, realiza la transmutación; cómo es posible que, una vez efectuada esta transmutación, sea su propia Imagen lo que las cosas reflejan al alma  , y cómo entonces este autorreconocimiento del alma instaura una ciencia espiritual de la Tierra y de las cosas terrenales, de modo que estas cosas se conozcan en su Ángel, como presintió la intuición visionaria de Fechner.

Aquí entra en juego una Energía que sacraliza tanto el estado mēnōk como el estado gētīk del ser, y cuya representación es tan esencial para toda la visión mazdeísta del mundo que se integró plenamente en la restauración filosófica realizada por Suhrawardī. Esta Energía actúa desde el instante   inicial de la formación del mundo hasta el acto final anunciado y presentido bajo el término técnico   de Frashkart, que designa la Transfiguración que los Saoshyants, o Salvadores surgidos de la raza de Zaratustra  , realizarán al final del Aion  . Esta Energía es la que en el Avesta (persa jurrah, farrah) se designa con el término de Xvarnah. Algunas traducciones han tratado de delimitar   su extensión, de expresar todos sus matices, y nos parece que “Luz-de-Gloria” expresa lo esencial, si al mismo tiempo lo asociamos en el pensamiento con los equivalentes griegos que se le han dado: Δόξα y Ͳύχη, Gloria y Destino. Representa la sustancia plenamente luminosa, la luminiscencia pura propia de las criaturas de Ohrmazd   en su origen  . “Con ella Ahura Mazda ha creado múltiples y buenas criaturas … bellas, maravillosas, … llenas de vida, resplandecientes” (Yasht XIX, 10). Es la Energía de luz sacra que cohesiona su ser, que mide a la vez el Poder y el destino otorgados a un ser, que garantiza a los seres de luz la victoria contra la corrupción y la muerte   introducidas en la creación de Ohrmazd por las Potencias demoníacas de Tinieblas [1]. Está pues asociada esencialmente a las esperanzas escatológicas. Por ello es el canto   litúrgico dedicado a Zamyāt, el Ángel de la Tierra, la mención de las criaturas de luz, cuyo atributo es esta Luz-de-Gloria, repite como estribillo esta doxología: “Construirán un mundo nuevo, ajeno a la vejez y a la muerte, a la descomposición y la corrupción, eternamente vivo, eternamente creciente, que dispondrá de cuanto poder desee, entonces los muertos se levantarán, a los vivos les llegará la inmortalidad, y el mundo se renovará a voluntad” (Yasht XIX, 11-ss.)

La iconografía la ha representado como el halo luminoso el Aura Gloriae que aureola a los reyes y sacerdotes   de la religión mazdeísta y cuya representación ha transferido tanto a las figuras de los Budas y de Bodisattvas como a las figuras celestiales del arte cristiano primitivo. Finalmente, un párrafo del gran Bundahishn, el libro mazdeísta del Génesis, establece con la mayor precisión a qué tiende este conjunto   de representaciones, cuando identifica el Xvarnah, esta Luz que es Gloria y Destino, con el alma misma [2].

Luego, final y esencialmente, es la Imagen fundamental tras la cual y por la cual el alma se comprende a sí misma y capta sus energías y poder. Representa en el mazdeísmo lo que la ontología del mundus imaginalis   nos ha enseñado a distinguir   como la Imago (miṯāl), la Forma imaginal. Equivale aquí a esa Forma imaginal del Alma que consideraremos como Imago Animae. Entonces tal vez estemos acercándonos a la estructura secreta que revela, y que hace posible, la visión de la Tierra en su Ángel.

Esta Luz-de-Gloria, que es la Forma imaginal del Alma mazdeísta, es el órgano mediante el cual el alma capta el mundo de luz que le es homogéneo y mediante el cual efectúa, inicial y directamente, la transmutación de los datos físicos, esos mismos datos que para nosotros son datos “positivos”, pero que para ella no son más que datos “insignificantes”. Es esta misma Forma imaginal la que el alma proyecta en los seres y en las cosas, llevándolos a la incandescencia de ese Fuego victorioso con el que el alma mazdeísta abarca toda la Creación, y que ella ha percibido por excelencia en las auroras resplandeciendo en las cimas de las montañas, allí mismo donde anticipaba con su propio destino la Transfiguración de la Tierra.

En definitiva, mediante esta proyección de su propia Imagen, el alma realiza la transmutación de la Tierra material, instaura inicialmente también una Forma imaginal de la Tierra, una Imago Terrae que le refleja y anuncia su propia Imagen, es decir, una Imagen cuyo Xvarnah es también su propio Xvarnah. Es entonces cuando en, y a través de, este doble reflejo de la misma Luz-de-Gloria, el Ángel de la Tierra se manifiesta a la visión mental  , es decir, cuando la Tierra se capta en la persona de su Ángel. Y esto es lo que expresa un rasgo admirable y profundo de la angelología mazdeísta, sobre el que apenas se ha meditado hasta ahora, cuando se indica que la Amahraspand Spenta Armaiti  , el Arcángel femenino de la existencia terrenal, es la “madre” de Daēnā.

Daēnā es, en efecto, el Ángel femenino que simboliza el Yo trascendente o celeste; se le aparece al alma en la aurora   siguiente a la tercera noche después de su marcha de este mundo. Es su Gloria y su Destino, su Aion. Esta indicación quiere decir que la sustancia del Yo celeste o Cuerpo de resurrección se engendra y forma a partir de la Tierra percibida y captada en su Ángel. Quiere decir asimismo que el destino de la Tierra, confiado al poder transfigurador de las almas de luz, conduce a la realización de estas almas, y viceversa. Éste es el sentido profundo de la oración mazdeísta repetida múltiples veces durante las liturgias: “Que podamos ser quienes realicen la Transfiguración de la Tierra” (Yasna 30:9).

El misterio de esta Imago Animae proyectando la Imago Terrae y, recíprocamente, el misterio de esta Forma imaginal de la Tierra “substanciando” la formación del Yo total venidero se expresa pues en términos de angelología en la relación que acabamos de mencionar. Spenta Armaiti, que los textos pahlevis consideran Pensamiento perfecto, Meditación silenciosa, y cuyo nombre Plutarco   traduce perfectamente por Sofía, traza el camino de una sofiología mazdeísta –Spenta Armaiti es a la vez la “madre” de Daēnā y la figura en la cual se inicia al fiel del mazdeísmo a la edad de quince años para que proclame: “Tengo como madre a Spandarmat, el Arcángel de la Tierra, y como padre   a Ohrmazd, el Señor de la Sabiduría”.

En lo que aquí es un principium   relationis podemos apreciar algo semejante a un sacramentum Terrae mazdeísta; en esencia, y de acuerdo con el propio nombre de Spenta Armaiti, Sofía, se puede designar como una geosofía, es decir, como si fuera el misterio sofiánico de la Tierra, cuya consumación será la Transfiguración escatológica (frashkart). Lo que debemos precisar a grandes rasgos es la metamorfosis del rostro de la Tierra visto por el órgano de la Imaginación activa mazdeísta.

La percepción del misterio sofiánico de la Tierra, de la geosofía, no puede realizarse, evidentemente, en el ámbito de una geografía positiva. Implica una geografía visionaria, lo que se ha llamado con acierto un “paisaje de Xvarnah”, es decir, un paisaje que simbolice el Frashkart. No se dispersa en espacios profanos previamente dados, concentra el espacio sacro in medio mundi, en el centro   de visión que determina la presencia misma del alma visionaria (o de la comunidad visionaria), y que no es necesario situar, ya que es ubicadora por sí misma. Los aspectos geográficos, las montañas, por ejemplo, tampoco son ya meros aspectos físicos, pues tienen un significado para el alma; son aspectos psico-cósmicos que constituyen una geografía imaginal. Los acontecimientos que allí se desarrollan consisten en la visión misma de estos aspectos; son acontecimientos psíquicos, los de una historia   imaginal. En este centro se encuentra también el paraíso   de Yima, el paraíso de los arquetipos, porque allí tiene lugar el encuentro de los seres Celestiales y los Terrenales.

Ésta es la imagen de la Tierra que nos mostrará el procedimiento cartográfico de los antiguos iraníes. De igual modo que un paisaje de Xvarnah no puede tratarse mediante un arte representativo, sino que requiere esencialmente un arte simbólico, tampoco esa cartografía trata de reproducir el contorno de ningún continente. Da forma a un instrumento de meditación que permite alcanzar mentalmente el centro, el médium mundi, o más bien situarse entrando en él. Sólo una geografía visionaria puede ser escenario de acontecimientos visionarios, porque ella misma forma parte de éstos. Las plantas, las aguas y las montañas se transforman en símbolos, de modo que quien los capta es el órgano de una Forma imaginal, que es a su vez la presencia de un estado visionario. Al igual que las Figuras celestes, los paisajes terrenales aparecen entonces aureolados por la Luz-de-Gloria, contemplados en su pureza   paradisíaca, y las visiones de Zaratustra, sus encuentros con Ohrmazd y con los Arcángeles tienen lugar y son “Imaginados” en un paisaje de montañas resplandecientes en las auroras, con aguas celestes donde crecen las plantas de inmortalidad.


Ver online : Henry Corbin


[1Esta Luz-de-Gloria, que es el atributo por excelencia de las Amahraspands y de los Īzads, adquiere en los seres terrenales, como forma preeminente, la forma del Xvarnah real (Kevaēm Xvarnah, que es también Farr-i Yazdān, la Luz-de-Gloria divina cuya imagen perdura tan viva entre los teósofos Išrāqiyyūn, discípulos de Suhrawardī). Esta Gloria real acumula en sí misma las tres formas del Xvarnah, la de los sacerdotes, la de los campesinos y la de los guerreros, tres formas que corresponden a las tres formas sacras del Fuego. Cf. Darmesteter, Zend-Avesta, II, págs. 615-ss, Introducción al Yasht XIX. Ver también En Islam iranien, t. IV, índice, s.v. Xvarnah.

[2Esta identificación entre el Xvarnah y el alma, de incalculables consecuencias, la ha destacado H.H. Schaeder, en su traducción de un párrafo del gran Bundahishn referente a la antropogonía, cf. R. Reitzenstein y H.H. Schaeder, Studien zum antiken Synkretismus aus Iran und Griechenland (abreviado aquí = Studien), Leipzig 1926, pág. 230, nota 1.