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O Homem de luz no sufismo iraniano

Corbin (HLSI) – Homem de Luz e Natureza Perfeita

A ideia hermetista da Natureza Perfeita

terça-feira 23 de agosto de 2022, por Cardoso de Castro

    

CORBIN  , Henry. EL HOMBRE DE LUZ   EN EL SUFISMO IRANIO. Traducción de María Tabuyo y Agustín López. Madrid: Ediciones Siruela

    

Podemos seguir el rastro de esta idea   del «hombre de luz  » hasta el sufismo de Najm Kobrâ, donde las expresiones árabes shakhs min nûr, shakhs nûrânî proporcionan el equivalente de la expresión griega photeinos anthropos  . Esta expresión figura en los documentos herméticos que nos han sido transmitidos gracias a Zósimo de Panópolis (siglo III), célebre alquimista cuya doctrina medita las operaciones metalúrgicas reales como tipos o símbolos de procesos invisibles, es decir, de transmutaciones espirituales164. Esta doctrina se refiere a la vez a un gnosticismo   cristiano representado para ella por los «Libros de los Hebreos», y a un platonismo   hermetizante representado por los «Libros santos de Hermes  ». Es común a unos y otros una antropología que plantea la idea del hombre de luz de la manera siguiente: está el Adán   terrenal, el hombre exterior carnal (sarkinos anthropos) sometido a los elementos  , las influencias planetarias y el destino; las cuatro letras que componen su nombre «cifran» los cuatro puntos cardinales del horizonte   terrenal. Está, por otra parte, el hombre de luz (photeinos anthropos  ), el hombre espiritual oculto, polo opuesto al hombre corporal: Phos. Hay una homonimia que atestiguaba así, en la lengua misma, la existencia del hombre de luz: phos, luz y phos, el hombre, el individuo por excelencia (el héroe espiritual, que corresponde en este sentido al persa javânmard). Adán es el arquetipo de los hombres de carne  ; Phos (cuyo nombre propio personal no fue conocido más que por el misterioso Nicotheos) es el arquetipo de no de los humanos en general, sino de los hombres de luz, los photes.

Phos preexistía, inocente y apacible, en el Paraíso  ; los arcontes le persuadieron, mediante la astucia, para que se revistiera con el Adán corporal. Ahora bien, este último, explica Zósimo, es aquel al que los helenos   llamaban Epimeteo, y a quien Prometeo-Phos, su hermano  , aconsejó no aceptar los dones de Zeus  , es decir, el lazo que sometió al Destino y a las Potencias de este mundo. Prometeo es el hombre de luz orientado y que orienta hacia la luz, pues sigue a su propio guía de luz. No pueden oírlo quienes sólo tienen un oído corporal, pues éstos están sometidos a la potencia del destino, a las potencias colectivas; sólo oyen su demanda y su consejo quienes tienen un oído espiritual, es decir, sentidos y órganos de luz. Y ya aquí podemos percibir la indicación de una fisiología del hombre y sus órganos sutiles.

En cuanto a las precisiones relativas al guía de luz, las recogemos a la vez de Zósimo y de los gnósticos a los que éste se refería. Es, en efecto, este hombre de luz el que habla por boca de María Magdalena, cuando asume, en el curso de las conversaciones iniciáticas del Resucitado con sus discípulos, el papel preponderante que le confiere el libro de la Pístis   Sophía  , Nuevo Testamento de la religión del hombre de luz: «La potencia que ha salido del Salvador   y que es ahora el hombre de luz en nuestro interior ... ¡Mi Señor!, no sólo el hombre de luz en mí tiene oídos, sino que mi alma   ha oído y comprendido todas las palabras que tú has dicho... El hombre de luz en mí me ha guiado; se ha regocijado y borboteado en mi interior como si deseara salir de mí y pasar a ti». Así como Zósimo opone, por un lado, Prometeo- Phos y su guía de luz que es el «hijo de Dios  », y por otra parte el Adán terrenal y su guía, el Antímimos, el «falsificador», así también se dice en el libro de la Pístis Sophía: «Soy yo, afirma el Resucitado, el que os ha otorgado la potencia que se encuentra en vosotros y el que procede de los doce salvadores del Tesoro de Luz.»

Por la misma inversión y la misma reciprocidad que, en el sufismo, hará del «testigo celestial» simultáneamente el contemplado   y el contemplador, el hombre de luz aparece a la vez como guía y guiado; esta communicatio idiomatum nos advierte ya que la biunidad, la unidad dialógica, no puede ser la asociación de Phos y el Adán carnal, que sigue a otro guía. La Luz se mezcla con la tiniebla demoníaca; ésta es la prisión de Phos, de la que lucha por separarse y que volverá a su negatividad primera. La sicigia   de luz es Prometeo-Phos y su guía, el «hijo de Dios». Así se precisa una estructura que se ha visto expuesta sin embargo a toda clase de errores. Se desprende de «la potencia que se encuentra en vosotros», en cada uno de vosotros, que no puede tratarse de un guía colectivo, de una manifestación   y una relación colectivamente idénticas para todas y cada una de las almas de luz. Tampoco puede referirse ni al macrocosmos ni al Hombre universal   (Insân kollî) que asumen el papel de complemente celestial de cada microcosmos. El precio infinito   acordado a la individualidad espiritual hace inconcebible que su salvación consista en la absorción en una totalidad, por muy mística que sea. Lo importante es ver que se trata de una analogía de relaciones que supone cuatro términos, y esto es en el fondo lo que ha expresado admirablemente la angelología de la gnosis   valentiniana: los ángeles   de Cristo   son Cristo mismo, porque cada ángel es Cristo referido a la existencia individual. Lo que Cristo es para el conjunto   de las almas de Luz, lo es cada ángel para cada alma. Cada vez que aparecen estas díadas, se reproduce la relación constitutiva del pleroma   de Luz. Esta relación tan fundamental se encuentra en el maniqueísmo, y es ella también la que, en la «teosofía oriental» de Sohravardî nos permitirá concebir la relación entre la Naturaleza Perfecta   del místico   y el Ángel arquetipo de la humanidad (identificado con el Espíritu Santo, el Ángel Gabriel de la Revelación coránica, la Inteligencia activa de los filósofos avicenianos). Lo que esta figura es para el conjunto de las almas de luz emanadas de ella misma, cada Naturaleza Perfecta lo es respectivamente para cada alma. A la concepción de esta relación nos conducen los textos herméticos en lengua árabe relativos a la Naturaleza Perfecta.

Entre estos textos, el más importante de los actualmente conocidos es la obra atribuida a Majrîtî: Ghâyat al-Hakîm (Objetivo del sabio«), redactado sin duda en el siglo XI, pero cuyos materiales son mucho más antiguos puesto que nos dan a conocer en detalle la religión y el ritual de los Sabeos de Harrân. Aquí la Naturaleza Perfecta es descrita como»el Ángel del filósofo«, iniciadora y preceptora del filósofo, y finalmente como el objeto y el secreto de toda la filosofía, la figura rectora de la religión personal del sabio. En cada ocasión, pone de relieve el rasgo fundamental: la Naturaleza Perfecta no puede manifestarse»en persona" más que a aquel cuya naturaleza es perfecta, es decir al hombre de luz; su relación es este unus-ambo en donde cada uno de los dos asume simultáneamente la posición de yo y de tú, imagen y espejo: mi imagen me mira por mi propia mirada; y yo le miro por su propia mirada.


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