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ARTIGOS SELETOS DE METAFÍSICA

Coomaraswamy: Si-mesmo e Sopros

SOBRE A PSICOLOGIA TRADICIONAL E INDIANA, OU MELHOR PNEUMATOLOGIA

segunda-feira 28 de março de 2022, por Cardoso de Castro

    

Como hemos dicho, al Sí mismo, como a su «principal» (sresthah), o como a «ninguno más glorioso» (nihsreyasah), los Soplos «recurren» o ante Él «se inclinan» (srayanti). En este sentido, ellos son a la vez sus rayos y sus glorias (sriyah) y, colectivamente, su «gloria» (sri), puesto que Él es la «cabeza» (siras, latín caput) hacia la cual tienden y en la cual reposan (sritah) como su refugio o su cobijo (sarman, saranam); y puesto que los Soplos son sus tributarios, Brahma   está «rodeado de gloria» (sriya parivrdham), que es a la vez un muro y una corona [1]. Esta es una descripción a la vez del hogar cósmico   y del hogar microcósmico (grha, con sus grhah y grhapati), y de la casa   adomada [domed house] (grha, dama, domos) misma (este cuerpo terrenal, en el que «los dos sí mismos» moran juntos); cuyas «vigas» (en los dos sentidos de la palabra inglesa «beams»), o cabrestantes [rafters], a la vez rodean y soportan, y son soportados, por el capitel de su poste-rey axial [axial kingpost] (sthuna-raja, sala-vamsa), de la misma manera que en el hogar cósmico, el techo es soportado por el (invisible) Axis Mundi [2]. En el simbolismo, tan estrechamente relacionado, de la Rueda y el Círculo   (cakra, kyklos, circus, ciclo) [3], los Soplos, nuestros sí mismos, y todas las cosas están en-jarjados [fixed-together-in] en (samarpitah), y son soportados por (pratisthitah) el Sí mismo y «Persona que se ha de conocer» central, como lo están los radios en el cubo de una rueda [hub of a wheel], desde donde irradian hacia su circunferencia [4].


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SEGUE: SAMADHI


[1Satapatha Brahmana VI.1.1.4, 7; Jaiminiya Upanishad Brahmana IV.24.11; Anguttara Nikaya II.1.4. Cf. Rg Veda Samhita I.59.9; IV.5.1; X.18.12. Todas las palabras sánscritas en esta sentencia vienen de √ sri, tender hacia, apoyarse contra, entrar dentro, juntarse con; lucir o brillar (√ sri), es solo una variante de la √ sri. Con sri en el primer sentido puede compararse armozo, juntar, y otras formas de aro, por ejemplo, el latín ars y el sánscrito r en sam-r, juntar, fijar (pp. samarpita); puede notarse especialmente harmonia como la cima o la piedra clave de un techo (Pausanias IX.38.3, cf. Hermes, Lib. I.14).
Anteriormente hemos traducido sri por «el reino, el poder y la gloria», pues, como una «personificación» femenina, Sri es todas estas cosas (Satapatha Brahmana XI.4.3.1 sig., etc.), es decir, la Fortuna o el Éxito (tyke) característico que acompaña al héroe victorioso o que protege a una ciudad, y sin la cual —o más bien prescindiendo de quien— el héroe estaría desvalido y la ciudad perdida. Se comprenderá fácilmente la identificación de Sri con Viraj (lit. brillo, √ raj, brillar, y también gobernar, cf. Satapatha Brahmana VIII.5.1.5, XI.4.3.10) —«gobernación», «administración», «intendencia», en tanto que un atributo de la esposa o, mitologicamente, la «esposa» del Gobernador (y esp. del «Vishnu» solar). Y también, de la misma manera que las «glorias» del Rey, consideradas juntas, son su corona de «gloria», así en el caso de Indra (rey de los dioses, in divinis y dentro de vosotros), sus facultades (indriyani), consideradas juntas, son su «esposa» Indrani y sus capacidades (sacih, √ sak, ser capaz, como en Sakra = Indra) son su «esposa» Saci; es justamente en este sentido como un rey «desposa a» su reino, «la señora de la tierra», y como el alma es la «esposa» del Espíritu. De la misma manera para Filón, la relación entre aisthesis y noûs (es decir, entre vac y manas) es la de Eva y Adán, la «mujer» y el «hombre».

[2Rg Veda Samhita I.10.1, [...]. Ver Coomaraswamy, «Pali kannika = Clave de Bóveda»; «El Simbolismo del Domo»; «Eckstein», 1939; «El Beso del Sol», 1940. Cf. también «El Ejemplarismo Védico».

[3No falto de relación con la noción de una arquitectura «Ciclópea».

[4Rg Veda Samhita I.33.15, I.149.19; Atharva Veda Samhita X.8.34; Taittiriya Samhita VII.4.11.2; Aitareya Brahmana IV.15; Brhadaranyaka Upanishad II.5.15; Chandogya Upanishad VII.15.1; Kausitaki Upanishad III.8; Prasna Upanishad VI.6: Plotino, Enéadas VI.5.5, VI.8.18. Los simbolismos de la casa redonda y de la rueda están relacionados muy estrechamente; pues un hombre es una casa móvil, y de la misma manera el sánscrito ratha y vimana son igualmente «vehículo» y «edificio», mientras que «caminar» es «rodar» (vrt).
La construcción de una rueda corresponde a la de un techo abovedado, o a la de un parasol (un techo móvil); cf. Coomaraswamy, «Usmsa y Chatra», 1938.
Se habrá notado que nuestra metafísica hace un uso continuo de analogías sacadas del arte. Un procedimiento tal es inteligible en una cultura tradicional en la que las artes son aplicaciones de los primeros principios a los problemas contingentes, es decir, «el arte imita a la Naturaleza en su manera de operación»; y donde, así mismo, en tanto que el artista no es un tipo especial de hombre, sino que cada hombre es un tipo especial de artista, la lengua del arte es familiar. Los términos técnicos del pensamiento tradicional son los de la construcción (harmonia, la carpintería, en tanto que un trabajo en «madera», hyle, análoga a la obra en la cual trabajó Aquel «por quien fueron hechas todas las cosas»; cf. Timeo 41B). Bajo tales condiciones la «manu-factura» provee a las necesidades del alma y del cuerpo a la vez, y, por consiguiente, cada «arte-facto» puede usarse no solo para fines inmediatos sino también como un soporte de contemplación. Por lo tanto, San Buenaventura pudo decir acertadamente, «La luz de un arte mecánico es la vía hacia la iluminación de la escritura. No hay nada en él que no prefigure la verdadera sabiduría, y por esta razón la Sagrada Escritura hace un uso constante de tales símiles» (De reductione artium ad theologiam 14). Y aunque este procedimiento nos es extrano a nosotros, cuya educación está más en las palabras que en las cosas (una consecuencia natural de nuestro nominalismo), un estudioso de la filosofía tradicional debe aprender a pensar en sus propios términos. Por ejemplo, el trasfondo de la filosofía griega clásica se preserva mejor y más completamente en las formas del «arte geométrico» que en los «fragmentos» literarios.