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CORPO ESPIRITUAL E TERRA CELESTE

Corbin (CETC:42-46) – La Tierra de los siete Keshvars

Imago Terrae mazdéenne

terça-feira 23 de agosto de 2022, por Cardoso de Castro

    

CORBIN  , Henry. Cuerpo espiritual y Tierra celeste. Del Irán mazdeísta al Irán chi  íta. Traducción de Ana Cristina Crespo. Madrid: Ediciones Siruela, 2006

    

El mapa de la superficie terrestre, tal como lo proyecta aquí la Imaginación activa, es el siguiente: en principio la Tierra se creó como un todo continuo, pero como consecuencia de la opresión de las Potencias demoníacas quedó dividida en siete keshvars   (avéstico karshvar). Con este término consideramos una representación análoga a la del latín orbis: son más bien zonas de Tierra firma, y no «climas». Esta representación no sólo es etimológicamente distinta, sino que conviene evitar cualquier confusión con la división en climas propiamente dichos, que expondremos más adelante.

Existe el keshvar central llamado Xvaniratha (que se puede interpretar como «rueda luminosa»), y cuya extensión es igual al conjunto   de los otros seis keshvars dispuestos a su alrededor, separados unos de otros por el océano cósmico   que los rodea. Hay un keshvar oriental, un keshvar occidental, dos al norte   y dos al sur.

En la parte oriental, el keshvar se llama Savahi, en la parte occidental, Arezahi, los dos keshvar del sur son Fradadhafshu y Vidadhafshu, y los dos keshvars del norte son Vourubareshti y Vourujareshti. Todos estos keshvars están separados unos de otros por el océano cósmico que los rodea (Vourukasha). En cuanto a su situación, ésta se deduce astronómicamente con relación al keshvar que constituye el centro   y cuya presencia es creadora del espacio, antes de situarse ella misma en dicho espacio. Dicho en otras palabras, no se trata de regiones repartidas en un espacio previamente dado, un espacio homogéneo y cuantitativo, sino de la estructura típica de un espacio cualitativo.

Desde el punto en el que sale el sol el día   más largo hasta el punto en el que amanece el día más corto, en este espacio se sitúa el keshvar oriental de Savahi. Entre este último punto y el punto de la puesta de sol el día más largo se sitúa el clima occidental de Arezahi. Finalmente, desde este último punto hasta el punto en que amanece el día más largo se sitúan los dos keshvars norte. En realidad, los nombres de los seis keshvars que rodean el clima central de Xvaniratha corresponden a regiones imaginales (cf. fig. 1). De este modo, ha sido posible creer que en un principio se referían a una topografía celeste, y que sólo más tarde se utilizaron para designar lugares terrestres; lagos y montañas de la Tierra han tomado su nombre según su arquetipo celeste. En cuanto al significado de los nombres de estos keshvars, lo podemos deducir de los nombres de los seis Saoshyants (Salvadores) que les corresponden simétricamente, es decir, los nombres de los seis héroes que, cada uno en su keshvar respectivo, colaboraron con el Saoshyant en la Transfiguración del mundo.

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Como acabamos de decir, la disposición de estos keshvars corresponde a regiones imaginales, no representa los datos de una geografía positiva sino que configura la Imago Terrae que proyecta la percepción imaginativa. Lo que ésta percibe es esencialmente una geografia imaginalis, formada por regiones imaginales. En vez de hablar de regiones «míticas» con la connotación de «irreal» que se confiere en la actualidad a este término, preferimos sugerir su realidad sui generis hablando de «regiones imaginales» de esta geografía visionaria. La Imaginación activa es la única que puede visitar estas regiones, aunque puede desfallecer y encontrar obstáculos. En la actualidad los humanos ya no pueden, como ocurrió en un principio, pasar de un keshvar a otro.
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También es posible ilustrarlo con otros ejemplos, que tienden siempre a establecer o a llevar el alma   al centro, porque la Imago Terrae sólo puede reflejar su propia Imagen al alma o, recíprocamente, el alma sólo puede meditar sobre la Imagen-arquetipo en el centro, no en la dispersión sino en la concentración. Éste fue, por ejemplo, el sentido del arte y de la estructura de los jardines en Irán (se sabe que nuestra palabra «paraíso  » parte de un término meda, pairi-daeza). Por eso podemos decir que la representación de la Tierra con siete keshvars, como ilustración arquetípica, es un instrumento de meditación. Se presenta como un mandala. Guía un camino del pensamiento que no actúa por vía silogística o dialéctica, sino a la manera del tawil  , la exégesis de los símbolos, exégesis espiritual que implica la vuelta al origen  , y que es el centro, el lugar en el que puede ocultarse precisamente lo aparente y manifestarse lo oculto (como en alquimia  , tal como hemos señalado anteriormente). En eso consiste efectivamente transmutar el texto (texto escrito o texto cósmico) en símbolos, es decir, llevarlo a la incandescencia en la cual el significado oculto aparece a través de la envoltura, que ahora se ha hecho diáfana. En este punto podemos comprender la conexión de esta cartografía con los acontecimientos de la geografía visionaria, geografía de un mundo que crea su propia luz, como esos mosaicos bizantinos en los que el oro ilumina el espacio que delimita, o como el fondo de oro rojo de los iconos o de los paisajes de determinada escuela persa, que cambia los colores; así es el paraíso de Yima, in medio mundi, y así es la Tierra de Hurqalya.


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