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SUFISMO E TAOISMO

Izutsu Alá e o Senhor

PARTE I - IBN ARABI

quinta-feira 28 de abril de 2022, por Cardoso de Castro

La expresión «el Señor absoluto» utilizada por al’Qâshânî corresponde a la expresión coránica «el Señor de los mundos» (Rabb al’‘âlamîn) y es equivalente a «Señor de los Señores» (Señor al’arbâb) o Allah. De este modo, la afirmación de que, en los casos normales, los Nombres, en su síntesis original, nunca pueden actualizarse en un solo ser, equivale a decir que Allah, como tal, no puede ser el Señor de ningún individuo en particular.

Has de saber que el objeto indicado por el Nombre Allah es unitario (ahadî) respecto a su Esencia, y sintético (kull) en lo que se refiere a los Nombres. Cada ser se relaciona con Allah únicamente en la forma de su Señor particular. Es imposible para cualquier ser relacionarse con Allah directamente en la forma original de síntesis...
¡Bienaventurado quien es aprobado por su Señor! Mas en verdad no hay nadie que no sea aprobado por su Señor porque (cada individuo) es la cosa merced a la cual subsiste el Señorío del Señor. De este modo, todo ser individual es aprobado por su Señor, y todo ser individual es feliz y bienaventurado.

En la última parte de este párrafo, se afirma una intima y recíproca relación entre cada ser individual y su Señor. Huelga decir que cada ser depende esencialmente de su Señor para su existencia. Pero el Señor también depende, en cierto sentido, de la aptitud receptiva (qabiliyya) del ser individual de quien es Señor. El Señor nunca puede ser tal sin alguien a quien «Señorear» (marbûb). lbn Arabi se refiere, en este punto, al siguiente aforismo de Sahl al-Tustari, un famoso teólogo sufí del siglo IX.

«El Señorío posee un secreto, y éste eres tú mismo», aquí (por «tú mismo) Sahl se dirige a cada ser individual existente en la realidad coticreta, «y si fuera anulado, el Señorío mismo se reduciría a nada». Observa bien que Salil dice “si”, lo que implica la imposibilidad de que se produzca realmente el acontecimiento en cuestión. En otras palabras, éste (secreto) nunca será anulado y, en consecuencia, el Señorío nunca se reducirá a nada. Porque no puede haber existencia para ser alguno, excepto en virtud de su Señor, pero, en realidad, todo ser individual existe por siempre (si no en el mundo físico, por lo menos en alguna de las dimensiones no físicas de la realidad). Así, el Señorío existirá por siempre.

Como ya se ha sugerido anteriormente más de una vez, el «Señor», en el pensamiento de Ibn Arabi  , es considerado en dos planos diferentes: 1) el «absoluto» (mutlaq) y 2) el «relativo» (idâfî). El Señor, en el plano «absoluto» es Allah, mientras que, en el segundo plano, es el Señor de un ser en particular y la forma actualizada de un Nombre determinado. Desde el punto de vista del concepto en sí de Señor (Rabb), el plano que le corresponde es el «relativo», siendo el Señor en el sentido «absoluto» un caso extremadamente excepcional. Al’ Qâshânî explica este hecho de la siguiente manera:

Rabb es un témiino relativo y requiere necesariamente su objeto (marbub, literalmente «el o lo señoreado»). La palabra Rabb, en árabe, se utiliza en tres sentidos: 1) el de «posesor», por ejemplo Rabb al’dâr (el posesor de la casa), Rabb al-ganam (el posesor del ganado), etc.; 2) el de «amo», por ejemplo Rabb al’qawm (el amo de las gentes), Rabb al’abîd (el amo de los esclavos), etc.; 3) el del «que educa», por ejemplo Rabb al’sabî (el que educa al muchacho), Rabb al’tifl (el que educa al niño), etc.
La palabra Señor no es aplicable en el sentido no relativo excepto cuando se refiere al Señor del universo entero. En ese caso, decimos al’Rabb, con artículo definido (sin mencionar el «objeto» del Señorío). Con ello se indica únicamente a Allah. Y a Él pertenece de forma esencial el Señorío en los tres significados distinguidos anteriormente, mientras que, a lo que no es Allah, el Señorío pertenece de forma accidental, ya que «lo que no es Allah» no es sino un lugar en que (el Señorío que pertenece a Allah se manifiesta.
Así, pues, el Señorío es un atributo que pertenece a una sola cosa (o sea Allah) pero aparece en muchas formas (como Señoríos «relativos»). Todo aquél en quien se manifiesta posee un Señorío accidental de acuerdo con el grado hasta el que se le otorgue el poder de libre disposición que puede ejercer sobre sus posesiones, esclavos o hijos.
Puesto que el atributo del Señorío difiere de un lugar a otro, en lo que a manifestación se refiere, aparecen necesariamente diversos grados. De este modo, aquél a quien ha sido otorgado mayor control (sobre sus posesiones) que a otros posee por naturaleza un Señorío supenor.

Vemos así que el «Señor», ya sea «absoluto» o «relativo», requiere esencialmente un objeto sobre el que ejercer su Señorío. En resumen, el Rabb no puede existir sin marbûb. Y eso es válido incluso cuando el Señor en cuestión es Allah. El único que no necesita nada más que a sí mismo es, como sabemos, lo Absoluto en su absolutidad, es decir la Esencia divina.

Los Nombres divinos son esencialmente lo mismo que lo Nombrado. Y lo Nombrado no es (al fin y al cabo) sino Allah. (Pero existe una diferencia, porque) los Nombres (al contrario de lo que sucede con la Esencial no dejan de requerir las realidades que ellos mismos producen. Y las realidades que requieren ,los Nombres no son sino el mundo. Así, la Divinidad (ulûhiyya, es decir lo Absoluto como Allah) requiere el objeto para el que aparece como Allah (ma’lûh, literalmente un objeto «dioseado»), al igual que requiere el Señorío su propio objeto (marbûb, «Señoreado»). De otro modo, o sea fuera del mundo, (la Divinidad o el Señorío) no posee realidad propia.
Lo único que es totalmente libre de cualquier necesidad en el mundo es lo Absoluto en cuanto Esencia. El Señorío no posee esa propiedad.
Así, la Realidad puede ser reducida a dos aspectos: por una parte, lo que es requerido por el Señorío y, por otra, la completa independencia respecto al mundo debidamente reivindicada por la Esencia. Pero (podemos avanzar un paso más y reducir ambos aspectos a uno solo, porque), en realidad y en verdad, el Señorío no es sino la Esencia misma.

De este modo, sabemos que el «Señor» no es sino la Esencia (dzât) considerada como portadora de diversas relaciones (nisab). No debemos olvidar, sin embargo, que dichas relaciones no son entidades reales que subsistan en la Esencia divina. Son sencillamente los puntos de vista subjetivos propios de la mente humana, que, por naturaleza, no es capaz de aproximarse a la Esencia divina sino a través de ellas.

A propósito, hemos visto, en el pasaje citado, que lbn Arabi distingue entre Divinidad (uIûhiyya) y Señorío (rubûhiyya). La Divinidad representa, como observa al’Qâshânî, la «Presencia» o plano ontológico de los Nombres, a saber, de aquellos Nombres que pertenecen a lo Absoluto considerado como Allah. En este plano, lo Absoluto (como Allah) es objeto de veneración, de alabanza, de temor, de miedo, de plegaria y de obediencia por parte de las criaturas. El Señorío es la «Presencia» de las acciones es decir el plano de los Nombres específicamente relacionados con las acciones divinas en lo referente a la administración, el sustento y el control de los asuntos de las criaturas.