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Coomaraswamy (ASM): Lila (jogo divino)

LILA

sexta-feira 5 de agosto de 2022, por Cardoso de Castro

      

Aquí nos interesaremos principalmente en la referencia de lila a la manifestación y actividad divina considerada como un «juego», una «recreación» o un «divertimiento». [AKCMeta  ]

      

español

La palabra del sánscrito tardío lila, como es bien sabido, describe cualquier tipo de juego, y puede compararse en significado al griego paidia  . Aquí nos interesaremos principalmente en la referencia de lila a la manifestación   y actividad divina considerada como un «juego», una «recreación» o un «divertimiento».

En una concepción tal no hay nada extrano o únicamente indio. El Maestro Eckhart  , por ejemplo, dice: «Siempre ha habido este juego en la Naturaleza del Padre  , del abrazo del Padre a su propia naturaleza viene este eterno juego del Hijo [1]. Este juego fue jugado eternamente antes de todas las criaturas ... El juego de los dos es el Espíritu Santo, en quien ambos se recrean, y que él mismo se recrea en ambos. Juego y jugadores son lo mismo» (ed. Evans, p. 148). Boehme   agrega «no que este primer gozo comenzara con la creación, no, pues era por toda eternidad ... La creación es el mismo juego de sí mismo» (Signatura rerum XVI.2-3).

Que Platón   consideraba la actividad divina como un juego se muestra por su llamarnos «juguetes» de Dios — «y en lo que concierne a lo mejor en nosotros, eso   es lo que nosotros somos realmente»; de aquí que prosiga diciendo que nosotros debemos danzar en consecuencia, obedeciendo solo a esa única cuerda de oro de la Ley, por la cual la marioneta está suspendida desde arriba [2], y pasar así la vida, sin tomar en serio los asuntos humanos, solo «jugando a los mejores juegos»; no como juegan esos jugadores cuyas vidas están entregadas a los juegos, sino siendo «de otra mente  » que esos cuyos actos están motivados por su propio interés o placer (Leyes 644, 803, 804). El «filósofo de otra mente  » de Platón que, habiendo hecho el ascenso y visto la luz, retorna a la Caverna   para tomar parte en la vida del mundo (República   VII) es en realidad un avatara («el que ha descendido de nuevo»), uno   que podría decir con Krishna  : «No hay nada en los Tres Mundos que yo tenga necesidad de hacer, ni nada que yo no haya obtenido y que pudiera obtener, y sin embargo participo en la acción. Lo mismo que el ignorante, por apego a las acciones, actúa, así el Comprehensor, aunque desapegado, debe actuar también, con miras al mantenimiento del orden en el mundo» (Bhagavad Gita III.22-25; v. Fazer). La palabra lila aparece por primera vez, en conexión con estas mismas ideas, en el Brahma Sutra  , II. 1.32, 33, na [...], «La actividad creativa de Brahma   no se lleva a cabo debido a una necesidad por su parte, sino simplemente a modo de juego, en el sentido común de la palabra».

Entendemos que el énfasis está siempre sobre la idea   de una actividad «pura», que puede describirse propiamente como «juego», debido a que el juego no se juega, como se hace ordinariamente un «trabajo», con miras a asegurar algún fin esencial al bienestar del trabajador, sino exuberantemente; el trabajador trabaja por lo que necesita, el jugador juega debido a lo que él es. El trabajo es laborioso, el juego aplicado; el trabajo agota, el juego recrea. La manera de vivir mejor y más a semejanza de Dios es «jugar el juego». Y antes de que dejemos estas consideraciones generales, debe entenderse que, en las sociedades tradicionales, todos esos juegos y representaciones que nosotros consideramos ahora como «deportes» y «espectáculos» meramente seculares son, hablando estrictamente, ritos, en los que solo participan iniciados; y que, bajo estas condiciones, la pericia (kausalam) nunca es una habilidad meramente física, sino también una «sabiduría» (sophia  , cuyo sentido básico es precisamente «la cualidad de ser experto  »). Y así los extremos se tocan, el trabajo deviene un juego y el juego un trabajo; vivir, por lo tanto, es haber visto «la acción en la inacción y la inacción en la acción» (Bhagavad Gita IV.18), es estar por encima de la batalla, y permanecer así inafectado por las consecuencias de la acción (Brhadaranyaka Upanishad   IV.4.23, Isavasya Upanishad 5, Bhagavad Gita V.7, etc.), pues las acciones ya no son «mías» sino del Senor [3].

Original

The late Sanskrit word lila, as is well   known, describes any kind of playing, and may be compared in meaning to Gr. παιδιά  . Here we shall be chiefly concerned with the reference of lila to the divine manifestation and activity thought of as a “sport,” “playing,” or “dalliance.”

In such a conception there is nothing strange or uniquely Indian. Meister Eckhart, for example, says: “There has always been this play going on in the Father-nature . . . from the Father’s embrace of his own nature there comes this eternal playing of the Son. This play was played eternally before all creatures... The playing of the twain is the Holy Ghost   in whom they both disport themselves and he disports himself in both. Sport and players are the same” (Evans ed., p. 148); Boehme adds “not that this joy first began with the creation, no, for it was from eternity. .. . The creation is the same sport out of himself” (Signatura rerum xvi.2-3).

That Plato thought of the divine activity as a game is shown by his calling us God  ’s “toys”—“and as regards the best in us, that is what we really are” (article 1872); whence he goes   on to say that we ought to dance accordingly, obeying only that one golden cord of the Law by which the puppet is suspended from above (article 1873), and so pass through life not taking human affairs to heart but “playing at the finest games”; not as those playboys play whose lives are devoted to sports, but being “otherwise minded” than those whose acts are motivated by their own interest or pleasure (Laws 644, 803, 804). Plato’s otherwise-minded “philosopher” who, having made the ascent and seen the light  , returns to the Cave to take part in the life of the world (Republic VII) is really an avatar a (“one who has gone down again”), one who could say with Krishna: “There is naught in the Three Worlds I have need to do, nor anything I have not gotten that I might get, yet I participate in action. . . . Just as the ignorant, being attached to actions, act, even so should the Comprehensor, being unattached, also act, with a view to the maintenance of order in the world” (BG   III.22-25) (article 1874). It is in the same connection of ideas that the word lila appears for the first time in the Brahma Sutra, II.I.32, 33, na prayoja-natvat, lokavat tu lilakaivalyam, “Brahma’s creative activity is not under taken by way of any need on his part, but simply by way of sport, in the common sense   of the word.” (article 1875)

The emphasis is, we realize, always upon the idea of a “pure” activity that can properly be described as “playful” because the game is played, not as “work” is ordinarily performed, with a view to secure some end essential to the worker’s well-being, but exuberantly; the worker works for what he needs, the player plays because of what he is. The work is laborious, the playing hard; the work exhausting, but the game a recreation. The best and most God-like way of living is to “play the game.” And before we relinquish these general considerations, it should be realized that in traditional societies all those actual games and performances that we now regard as merely secular “sports” and “shows” are, strictly speaking, rites, to be participated in only by initiates; and that under these conditions proficiency (kausalam) is never a merely physical skill, but also a “wisdom” (σοφία, of which the basic sense is precisely “expertise”). And so extremes meet, work becoming play, and play work; to live accordingly is to have seen “action in inaction, and inaction in action” (BG iv.18), to have risen above the battle, and so to remain unaffected by the consequences of action (BU   iv.4.23, Isa. Up. 5, BG v.7, etc.), the actions being no longer “mine” but the Lord’s (JUB   I.5.2, BG III.15, etc.), to whom they “do not cling” (KU   v.II, MU III.2, BG iv.14, etc.).


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[1Cf. Brhadaranyaka Upanishad IV.1.6, donde la beatitud (ananda) de Brahma se explica por el hecho de que «por medio de su Intelecto (manas) consorta con la Mujer», es decir, Vac. Por así decir, la beatitud divina se ocasiona por la reunión eterna de esencia y naturaleza in divinis; «ese mismo misterio de la generación eterna, en la que ha habido una perfección eterna» (Jacob Boehme, Signatura rerum XVI.1).

[2Cf. Brhadāranyaka Upanisad lll.l.1, donde (combinando el texto y el comentario de Sāyana): «¿Conoces tú ese Hilo con el que, y ese Controlador Interno con el que y por quien, este mundo y el otro y todos los seres están encordados juntos y controlados desde adentro, de modo que ellos se mueven como una marioneta, cumpliendo sus respectivas funciones?». Que Platón tenía conocimiento de una doctrina del «hilo del espíritu» (sūtrātman), está implícito en el pasaje citado de Leyes y es confirmado por el hecho de que, en Teeteto 153, conecta la cuerda de oro de la Ilíada VIH. 18 sig. con el Sol, a quien todas las cosas están atadas por ella, de la misma manera que en Śatapatha Brāhmana VI.7.1.17; cf. Atharva Veda Sarhhitā X.8.39 y Bhagavad Gītā VII.7. [No podemos tratar aquí en toda su extensión la doctrina de la «cuerda de oro», pero podemos señalar que el pensamiento de Ilíada VHI.23 erysaimi (teniendo presente que en este verbo, especialmente en las formas media y pasiva, el sentido de «tirar» apenas puede separarse del de «rescatar») subyace en San Juan 12:32 pantas elkyson pros emauton, en Hermes, Lib. XVI.5 eis auton ta panta elkon y XVI.7 anadesas eis eauton, y en Dante, Paradiso 1.117, «Questi la terra in sè stringe ed aduna»].
Las dos notables referencias budistas a la marioneta humana (Samyutta Nikāya 1.134, Therigāthā, II.390 sig.) ignoran al Marionetero, pues su único propósito es mostrar que la marioneta es un producto compuesto y evanescente de la concatenación causal, que no ha de ser considerado como el Sí mismo de uno. Rūmī apostrofa, «Oh ridicula marioneta, que saltas fuera de tu agujero (caja), como clamando a voz en grito “yo soy el señor de la tierra”, ¿cuánto durara tu salto? Abátete a ti mismo, o ellos te doblarán, como se dobla un arco» (Rūmī, Dīwān, Oda XXXVI); ridicula, porque «Quien no ha escapado de la (auto-) voluntad, no tiene voluntad» (ídem, Oda ΧΙΠ). Aquí «ellos» se refiere a los impulsos contrarios de las afecciones, instintos, gustos y disgustos por los que el animal hombre, que no es movedor de sí mismo, «es arrastrado a esta vía o aquella», al bien o al mal según pueda ser el caso (Platón, Jueyes 644D, cotejado en Hermes, Lib. XVI. 14). Cf. Aristóteles, De anima III.10 (433a), «El apetito produce movimientos inexplicables (para ton logismon): pues epithymia es un tipo de apetito, y la razón (noûs) nunca yerra».
De hecho, a nosotros nos ofende la interpretación mecanicista de nuestra individualidad solo porque identificamos nuestro ser con el «pequeño sí mismo» de la marioneta y no con el del Gran Sí mismo del Marionetero. ¡El hombre, Per sua diffalta... ed in affanno cambió onesto ríso e dolce gioco (Dante, Purgatorio XXVIII.95, 96)!. Lo que realmente se entiende por ser el juguete de Dios, y danzar en consecuencia, es haber hecho nuestra Su Voluntad; es jugar con Él, en vez de con nosotros mismos, en la escena; y al mismo tiempo compartir su punto de vista que contempla desde arriba, o desde el patio de butacas [stalls], o desde los palcos [sidelines] (según sea la metáfora); es haber devenido no más las víctimas, sino los espectadores de nuestro propio fatum.
[D. B. Macdonald, Hebrew Philosophical Genius, p. 135, observa que «las marionetas son conscientes de sí mismas y tienen una cierta elección en cuanto a cuál cuerda permitirán que les arrastre». La elección está entre la vida del instinto y la vida «racional» (kata logon); pero al decir esto debemos recordar que cuando Platón dice «guiado por la Razón» entiende «haciendo la voluntad de Dios» y no un sentido meramente común o un «comportamiento» pragmático; por «razón» nosotros entendemos lo que él llama «opinión»].

[3Jaiminiya Upanishad Brahmana 1.5.2, Bhagavad Gita III.15, etc.), a quien ellas «no atan» (Katha Upanishad V.11, Maitri Upanishad III.2, Bhagavad Gita IV.14, etc.