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Coomaraswamy (AKCM) – exemplarismo e potencialidades individuais

O EXEMPLARISMO VÉDICO

quinta-feira 11 de agosto de 2022, por Cardoso de Castro

    

Como sigue: la procesión centrífuga de las potencialidades individuales depende esencialmente de la unidad central; su devenir, vida o espiración depende enteramente del ser y espiración del Espirante Primordial, en el sentido de que la existencia   misma de los radios o rayos   individuales deviene inconcebible si nosotros abstraemos el punto luminoso central...

    

Aquí surge un problema sutil  . ¿Pues qué se entiende por la aserción de que «El Espirante es interminable, omniforme, y sin embargo no hacedor de nada» ([...], Svetasvatara Upanishad   I.9), o, como lo expresa el Maestro Eckhart  , con la aparente contradicción de las afirmaciones de que «Él trabaja sin querer» y «allí ningún trabajo se hace». En vista de esto, de que todos los poderes personales pueden describirse como alcanzando a todas las cosas (visvaminva, Rg Veda   Samhita passim, cf. II.5.2, donde Agni   visvam invati), ¿qué se entiende por la aserción, «En la espalda de aquel cielo   [1], lo que cantan es una palabra omnisciente que no compele a nada» ([...], Rg Veda Samhita I.164.10, cf. 45), y por qué el carro del sol, aunque por naturaleza dirigido a todas partes (visuvrtam), se describe también como no teniendo efecto sobre nada (avisvaminvam, Rg Veda Samhita II.40.3)? Estas preguntas tienen un peso importante sobre los problemas del destino y el libre albedrío. Como sigue: la procesión centrífuga de las potencialidades individuales depende esencialmente de la unidad central; su devenir, vida o espiración depende enteramente del ser y espiración del Espirante Primordial, en el sentido de que la existencia   misma de los radios o rayos   individuales deviene inconcebible si nosotros abstraemos el punto luminoso central [2]; y esta dependencia se afirma constantemente, por ejemplo, en la designación de Agni como «omnisustentador» (visvambhara).

Por otra parte, no es la forma única de todas las potencialidades la que, haciendo uso de disposiciones arbitrarias («El Cielo no da órdenes»), determina el modo o el carácter individual de cada cosa y le da su «semejanza propia» (svarupam), sino la forma específica [3] de cada potencialidad. En otras palabras, Dios o el Ser es la causa   común del devenir de todas las cosas, pero no inmediatamente de las distinciones entre ellas, distinciones que están determinadas por «las diversas obras inherentes a las respectivas personalidades» (Sankaracarya, sobre Vedanta   Sutra   II. 1, 32, 35); ellos nacen según la medida de su comprensión (yatha-prajnam, Aitareya Aranyaka II.3.2); o, como se implica más comúnmente en el Rg Veda; según sus diversos fines o propósitos (anta, artha  ); «ellos viven dependientes (upajivanti) de sus deseados fines particulares» ([...], Chandogya   Upanishad VIII.2.10). De manera que se dice, «Proseguid vuestras diversas vías» ([...], Rg Veda Samhita VIII.100.7) [4]. «En conclusión», como lo expresa Plotino   (Enéada IV.3.13 y 15), «la ley se da en las entidades a quienes afecta; éstas la llevan consigo. Dejad que llegue el momento y lo que ella decreta se llevará al acto por aquellos seres en quienes reside; ellos la cumplen porque la contienen; ella prevalece porque está dentro de ellos; ella deviene como un pesado fardo y levanta en ellos un doliente anhelo de entrar en el reino al cual son atraídos desde dentro», y así «toda diversidad de condición en las esferas más bajas está determinada por los seres descendentes mismos» [5].

Una doctrina de este tipo, que hace a cada criatura la fuente   y portadora no de su propio ser sino de su propio destino (y esto es lo que se entiende por «libre albedrío», aunque esto es en realidad un estado   de esclavitud, a saber, a la idiosincrasia de la voluntad individual), es común a todas las tradiciones y ha sido expresada por todas partes casi de la misma manera: por ejemplo, «Es manifiesto que el fatum (destino) está en las causas creadas mismas» (Summa Theologica   I.116.2); «El ser de Dios se da a todas las criaturas igualmente, sólo que cada uno le recibe según su receptividad» (Johannes Tauler  , The Following of Christ  , tr. J. K. Morrel, Londres, n.d., §154, p. 135); «Como es la armonía, así también es el sonido o el tono de la voz eterna en ella; en el santo, santo; en el perverso, perverso» (Jacob Boehme  , Signatura rerum XVI.6-7); «la luz formal... cuya diversidad es ocasionada por la diversidad de las superficies que reciben la luz» (Ulrich of Strassburg; ver Plotino, Enéada IV. 4.8); pues, como dice Macrobio, unus fulgor illuminat, et in universis appareat in multis speculis (Somnium Scipionis I.14). Encontramos este punto de vista también en el islam: el pronunciamiento creador, kun  , «Sé», causa o permite la existencia positiva de los individuos, pero en otro sentido (el del modo), ellos son causas de sí mismos «debido a que Él sólo quiere lo que ellos tienen en ellos devenir» (Ibn-u-l-’Arabi, según lo cita R. A. Nicholson  , Studies in Islamic Mysticism  , Cambridge, 1921, p. 151).

Que nosotros hacemos lo que debemos, es una cuestión de necesidad contingente (necessitas coactionis), enteramente distinta de la necesidad infalible (necessitas infallibilitatis) con la que El que actúa «voluntariamente, pero no desde la voluntad» (Maestro Eckhart), «hace lo que debe ser hecho» ([...], Rg Veda Samhita VII.20.1, cf. I.165.9 y VI.9.3), a saber, «esas cosas que Dios debe querer por necesidad» (Summa Theologica I.45.2C); el individuo, entonces, sólo está liberado (mukta) en la medida en que la voluntad privada a la que está sometido consiente a la Suya, que quiere todas las cosas igualmente, una condición implícita en Rg Veda Samhita V.46.1, la condición de quien «tiene lo que quiere, aquel para quien el Espíritu, que no quiere, es su querer» ([...], Brhadaranyaka Upanishad   IV.3.21); como lo expresa Boecio  , «Cuanto más cerca está una cosa de la Mente   Primera, tanto menos implicada está en la cadena del fatum (destino)». Se debe a que estas consideraciones apenas pueden hacerse inteligibles sin hacer referencia al concepto de la relación del uno y los muchos, propio del Ejemplarismo, por lo que hemos considerado oportuno hacer referencia al tema en la presente   conexión. [AKC  ]


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[1Es decir, «En el mundo más allá del halcón», Jaiminiya Upanishad Brahmana III.268, «allí el Sol no brilla» (Mundaka Upanishad II.2, 10 y Katha Upanishad V.15); en la obscuridad divina (tamas, passim); «Las cosas pertenecientes al estado de gloria no están bajo el sol» (Summa Theologica, III.91.1), «Uno escapa enteramente a través del medio del Sol» (Jaiminiya Upanishad Brahmana I.3); «Ningún hombre viene al Padre salvo a través de mí» (San Juan 14:6), que, en tanto que el Sol, es la «puerta de los mundos» (lokadvara, Chandogya Upanishad VIII.6.6).

[2En este caso, el del pralaya absoluto, todas las cosas son devueltas a la condición de potencialidad, donde ni siquiera está hecha la primera afirmación en la Divinidad, es decir, la de la luz o el ser. El individuo es «sumergido» entonces, perdiendo el «nombre y aspecto» y, si es un Comprehensor, es completamente liberado de toda necesidad sin elementos de existencia residuales; o si no está entera y conscientemente perfeccionado debe esperar las oportunidades de manifestación y experiencia en un eón subsecuente, cuando la Aurora de otro día efectúe de nuevo la Conmoción del Infierno.

[3Forma, idea, razón, especie, verdad, virtud y belleza, aunque no son sinónimos, son términos intercambiables en el ejemplarismo escolástico, debido a que son uno en su fuente. Especie, sin embargo, no implica en este sentido un grupo dentro de un género, sino lo que es individualmente específico y similarmente en lo que concierne a la bondad (o perfección) y a la belleza, pues las cosas son buenas o bellas en su tipo (y hay solamente una de cada tipo) y no indefinidamente.

[4En esta conexión puede observarse Katha Upanishad IV.14, «De la misma manera que el agua llovida sobre una elevada cima corre aquí y allá (vidhavati), así el que ve los principios en la multiplicidad ([...]) corre tras de ellos (anudhavati)».

[5«Según sus poderes receptivos», San Dionisio, De divinis nominibus IV.1.