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Burckhardt Homem Universal Nomes

segunda-feira 28 de março de 2022

    

Da Essência   e das Qualidades Divinas  
A cada Cualidad divina corresponde un Nombre (ism). Ahora bien, las Cualidades son de una variedad inagotable; es entonces sólo por analogía con las Cualidades conocidas y nombradas en el Corán que simbólicamente se atribuye a cada Cualidad un Nombre, y que se habla de los «innumerables Nombres divinos». Principialmente, los «Nombres» designan otros tantos «aspectos» permanentes de la Esencia, y es en este sentido que debe comprenderse la oposición lógica   entre la «Esencia» y el conjunto   de los «Nombres».

Se distingue no obstante entre «Nombres de la Esencia» (asmâ dhâtiyah) y «Nombres cualitativos» (asmâ çîfâtiyah); los primeros, tales como El Uno (al-ahad), El Santísimo (al-quddûs), El Independiente (aç-çamad), expresan la trascendencia divina y se refieren más exclusivamente a la Esencia, mientras que los Nombres cualitativos, como El Clemente (ar-rahmân), El Generoso   (al-karîm), La Paz   (as-salâm), etc., expresan a la vez la trascendencia y la inmanencia de Dios. Estos últimos Nombres también comprenden por lo demás los de las Actividades divinas (al-af’âl), como Aquel-que-da-la-vida (al-muhyi), Aquel-que-da-la-muerte   (al-mumît), etc.

Por innumerables que sean, los Nombres divinos pueden ser siempre reducidos a un número   definido de tipos, a los cuales corresponden los grupos de Nombres revelados.

Se llama a los Nombres de las perfecciones divinas los «Más bellos Nombres» o los «Nombres de Belleza», pues el Corán dice: «Los más bellos nombres (asmâ al-husnâ) son de Allâh» (VII, 179); «Allâh, no hay divinidad fuera de Él; Suyos son los más bellos nombres» (XX, 7); «Invocad a Allah   o invocad al Clemente; bajo cualquier nombre con que Le invoquéis, los más bellos nombres son los suyos» (XVII, 110).

El Corán está por otra parte como tejido de Nombres divinos; todo es expresado en función de un aspecto divino, al igual que, en el universo   manifestado, toda cualidad positiva de algo puede reducirse a una realidad universal   y, por lo tanto, divina.


Todas las doctrinas tradicionales reconocen las Cualidades divinas, pues la Divindade - Divinidad se concibe por una síntesis de perfecciones o cualidades antinómicas. Las tradiciones de forma arcaica las contemplan a través de las fuerzas del universo sensible  ; las mitologías las personifican. El Cristianismo las considera sobre todo como funciones del espíritu Santo. El Islam refiere la riqueza   indefinida de las cualidades universales directamente a la Esencia única, y expresa esta relación con respecto a la que existe entre el hombre y sus facultades. Por ello, la mayoría de los nombres divinos revelados en el Corán son antropomorfos; algunos, como los Nombres de la Unidad, son abstractos; raros son los que dependen de un simbolismo cósmico  , como el Nombre an-nûr, «La Luz».

El antropomorfismo de los Nombres conlleva sin duda una limitación, ya que traduce a Dios a la medida de la imaginación religiosa. Pero todo simbolismo tiene dos caras; así, dicho antropomorfismo adquiere, en la perspectiva sufí, un alcance eminentemente espiritual, pues indica cómo lo humano se transpone en lo universal, y de qué manera las facultades y las virtudes humanas pueden ser los órganos de la contemplación de Dios.

Es en función del Hombre universal   que se revela la analogía entre lo divino y lo humano. En efecto, no podría haber conformidad del hombre a Dios si Éste no Se revelara a través de un prototipo a la vez universal y humano; pues, si no, ¿cómo se adecuaría el hombre a lo Infinito  ? De modo que el Hombre universal es también el modelo (imân) del Libro sagrado   y la verdadera naturaleza del Profeta  .

La conformidad del hombre a los «caracteres» (akhlâd) divinos -a las virtudes espirituales- no es sin embargo más que la base indispensable para la asimilación efectiva de las Cualidades divinas (al-ittiçâf biç-çîfât il-îlîhiyah), asimilación de orden puramente intelectual. Por «intelecto  » entendemos aquí la inteligencia pura, que no está limitada por el pensamiento y que no pertenece al individuo en particular; es entonces siempre en función del Hombre universal que se realiza la unión con Dios, sea cual sea el grado de esta unión.

La doctrina del Hombre divino es totalmente esotérica. Coincide con la vía contemplativa [1] de los Sufismo - Sufíes.



Ver online : TITUS BURCKHARDT


[1Algunos han querido ver en esta doctrina una interferencia cristiana; un examen más atento habría debido demostrarles que la teoría de que se trata, al igual que el simbolismo del que se sirve, se desarrolla orgánicamente a partir de informaciones coránicas. Por otra parte, puede decirse que el Cristianismo se caracteriza por su concentración sobre el Hombre-Dios, hasta tal punto que los misterios, que por lo demás son los arcanos de la vía contemplativa, asumen en él el papel de los dogmas. Hay aquí una serie de compensaciones que tornan muy complejas las relaciones entre el Cristianismo y el Islam. Ver, a este respecto, Frithjof Schuon, De l’Unité trascendante des Religions (col. Tradition, Ed. Gallimard, París).