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ENÉADAS

Plotino - Tratado 14,1 (II, 2, 1) — O movimento do céu imita aquele do Intelecto

Enéada II, 2, 1

segunda-feira 17 de janeiro de 2022, por Cardoso de Castro

Capítulo 1: Solução geral.

  • 1-2. O movimento do céu imita aquele do Intelecto.
  • 2-19. O movimento do céu resulta do movimento da alma e daquele do corpo.

Míguez

1. ¿Por qué se mueve (el cielo) con un movimiento circular? Porque imita a la inteligencia. ¿Y a quién corresponde este movimiento, al alma o al cuerpo? ¿Por qué? ¿Acaso porque el alma está en sí misma y porque procura con todo celo el acercarse a sí misma? ¿O porque está en si misma, pero no continuamente? ¿Consideramos que al moverse mueve consigo al cuerpo? Pero entonces convendría que alguna vez dejase de transportarlo, cesando en ese movimiento; y así, debiera hacer que las esferas permaneciesen inmóviles y no que girasen siempre en círculo. El alma misma se mantiene inmóvil o, si se mueve, no lo hace con un movimiento local. ¿Cómo, pues, llega, a producir el movimiento local si ella se mueve con otra clase de movimiento? Tal vez porque el movimiento circular no es un movimiento local. Pero si sólo es un movimiento local por accidente, entonces, ¿de qué clase de movimiento se trata? Tratase sin duda, de un movimiento que vuelve sobre sí mismo, de un movimiento de conciencia, reflexivo y vital, que no sale de si ni busca asiento en otro lugar por la sencilla razón de que debe abarcarlo todo. Porque la parte principal del ser animado universal abarca todas las cosas y les da un sello unidad; si realmente permaneciese inmóvil, no abarcaría todas las cosas como lo hace un ser vivo; y de tener un cuerpo, no podría mantener todo cuanto hay en este cuerpo, porque es claro que la vida de un cuerpo radica en el movimiento. Así, pues, si el movimiento que le atribuimos es un movimiento local, el cielo se moverá con el movimiento que le corresponda y no ya sólo como se mueve un alma; lo hará, mejor, a la manera como se mueven un cuerpo animado y un ser dotado de vida. De modo que el movimiento circular viene a ser una composición del movimiento del cuerpo y del movimiento del alma; el primero se realiza por naturaleza en línea recta, aunque con la resistencia que le opone el alma. De estos dos movimientos, esto es, del cuerpo que se mueve y del alma que tiende a permanecer inmóvil, toma su origen el movimiento circular. Si se adujese que el movimiento circular es propio del cuerpo, cabría preguntarse: ¿y cómo entonces todos los cuerpos, e incluso el luego, se mueven en línea recta? Diremos que se mueve en línea recta hasta donde está dispuesto que deba moverse, porque, una vez llegado a su lugar, parece natural que se detenga y que ese movimiento concluya ahí donde debe concluir. Pero, ¿y por qué una vez llegado a ese lugar no se detiene (el fuego) en él? ¿Tal vez porque corresponda a la naturaleza del fuego el mantenerse siempre en movimiento? Pues, indudablemente, si no cumpliese un movimiento circular, se disiparía en un movimiento en línea recta; por lo cual, parece convenirle mejor el movimiento circular. Pero este movimiento habrá que atribuirlo a la providencia y se dará en el fuego como procedente de la providencia; y así, una vez llegado al cielo, el Fuego debe moverse por sí mismo con un movimiento circular, o, en otro caso, tendremos que afirmar que se mueve en línea recta, pero que al no encontrar lugar a dónde dirigirse, se ve precisado a curvarse y a deslizarse sobre la esfera hasta el lugar que realmente pueda. Porque nada encontraremos después del cielo, ya que él constituye la región última. El fuego, pues, se mueve en la región que le es propia y tiene en sí mismo el lugar adecuado, pero no desde luego para permanecer (ahí) inmóvil, una vez llegado a ese lugar, sino para continuar moviéndose.

Añadamos que el centro de un círculo es inmóvil por naturaleza y que si la circunferencia lo fuese también constituiría un inmenso círculo. Será mejor que gire alrededor de su centro, si consideramos el cuerpo como un ser vivo y dominado por la naturaleza. Así (la circunferencia), convergerá a su centro, pero no encaminándose hacia él — esto, naturalmente, destruiría el círculo —, sino, puesto que tal cosa no es posible, realizando un giro alrededor de él. Sólo de esta manera podrá la circunferencia satisfacer su deseo; y el alma que la rodea no conocerá la fatiga, porque ni la arrastra ni se produce contra la naturaleza, al ser la misma naturaleza la ordenadora del alma universal. Y aún hay más: el alma toda entera está en todas partes y no es divisible; e igualmente, el alma del universo concede al cielo el encontrarse en todas partes, de manera parcial y según le es posible; cosa que puede hacer recorriendo sin interrupción alguna todas esas partes.

Si el alma permaneciese inmóvil en un lugar, el fuego haría lo mismo una vez llegado a él. Ahora bien, como la totalidad del alma está en todas partes (el fuego), quiere moverse a todas partes. Pero, ¿qué ocurrirá? ¿Nunca alcanzará ese fin? Digamos que lo alcanza siempre, y aun mejor que el alma lo conduce de continuo hacia ella, con lo cual también lo mueve eternamente. Pero al no moverlo hacia otro lugar sino hacia sí misma, lo mantiene en el mismo sitio, llevándole de este modo no en círculo sino en línea recta y dándole ocasión de que la posea allí por donde pase. Si el alma permaneciese inmóvil y asentase únicamente en la región dé los inteligibles, donde todo también está inmóvil, el cielo no se movería. Pero si el alma no se encuentra solamente allí ni en cualquier otro lugar, el cielo habrá de moverse hacia todas partes, aunque no fuera de sí; por tanto, se moverá en círculo.

Bréhier

1. Pourquoi le ciel se meut-il d’un mouvement circulaire ? - Parce qu’il imite l’intelligence. - À quel sujet appartient ce mouvement ? Est-ce à l’âme du ciel ou à son corps ? - Et pourquoi ? Est-ce parce que l’âme est en elle-même, et parce qu’elle fait toujours effort pour aller vers elle-même ? Est-ce parce qu’elle est en elle-même, sans y être continuellement ? D’ailleurs, estce en se mouvant d’un mouvement local qu’elle meut le corps avec elle ? S’il en était ainsi, il faudrait qu’elle cessât de le transporter, et que ce transport arrivât à sa fin ; elle devrait rendre les sphères immobiles, et non pas les faire éternellement tourner. L’âme est immobile, ou du moins, si elle se meut, ce n’est pas d’un mouvement local. - Comment alors produit-elle le mouvement local, puisqu’elle est mue d’une autre espèce de mouvement ? - Mais peut-être le mouvement circulaire n’est-il pas un mouvement local. - S’il n’est un mouvement local que par accident, qu’est-il donc ? - C’est un mouvement qui revient sur lui-même, mouvement de la conscience, de la réflexion et de la vie ; jamais il ne sort de son cercle, et il n’y fait rien entrer d’ailleurs, pour cette raison aussi qu’il doit embrasser toutes choses ; la partie principale de l’animal universel [le ciel] embrasse toutes les choses et les unifie. Mais s’il restait immobile, il n’embrasserait pas toutes les choses à la manière d’un être vivant ; s’il a un corps, il ne maintiendrait pas ce qui est en ce corps ; car la vie d’un corps, c’est le mouvement. Si donc ce mouvement est aussi un mouvement local, le ciel aura le mouvement qu’il peut avoir, et il sera mû non seulement comme se meut une âme, mais comme se meuvent un corps animé et un être vivant. Le mouvement circulaire est donc composé du mouvement du corps et du mouvement de l’âme : le corps se meut par nature en ligne droite, et l’âme retient le corps ; des deux ensemble, du corps mobile et de l’âme immobile, vient le mouvement circulaire. Dit-on en effet que le mouvement circulaire ne vient que du corps ? Comment est-ce possible, puisque tous les corps, et même le feu, se meuvent en ligne droite ? Il se meut en ligne droite jusqu’au lieu propre qui lui est assigné ; mais, arrivé à sa place, il semble qu’il est naturel qu’il s’arrête et qu’il se meuve seulement jusqu’au lieu où il est au rang qui lui convient. Pourquoi donc le feu, arrivé là, ne reste-t-il pas immobile ? Est-ce parce que la nature du feu est d’être toujours en mouvement ? Par conséquent, s’il n’était pas animé d’un mouvement circulaire, il se dissiperait par un mouvement rectiligne. Il doit donc être animé d’un mouvement circulaire. Mais c’est alors le résultat de la providence ; ce mouvement vient en lui de la providence ; le feu, arrivé au ciel, doit se mouvoir de luimême d’un mouvement circulaire, à moins qu’on ne dise que le feu, tendant toujours à se mouvoir en ligne droite, mais n’ayant plus de place où monter, glisse le long de la sphère, et se recourbe sur lui-même à l’endroit où il peut ; car il n’y a plus de région supérieure après lui ; la région du ciel est la dernière. Il circule dans la région qu’il occupe ; il est à lui-même son propre lieu, non pas pour y rester immobile, une fois arrivé, mais pour s’y mouvoir.

Dans un cercle, le centre est naturellement immobile ; mais si la circonférence l’était aussi, elle ne serait qu’un centre immense. Il est mieux qu’elle tourne autour de son centre, si le corps est un corps vivant et organisé par la nature. De cette manière, elle tendra vers le centre, non pas en s’infléchissant vers lui, ce qui détruirait le cercle, mais, puisque cela est impossible, en tournant autour de lui. De cette manière seulement, elle satisfera son désir ; l’âme qui la fait tourner ne se fatiguera pas ; car cette âme ne l’entraîne pas, et il n’y a là rien de contraire à la nature, la nature n’étant que l’ordonnance de l’âme universelle. En outre l’âme est tout entière partout, sans division locale ; l’âme de l’univers permet aussi au ciel d’être partout, autant qu’il le peut, et partie par partie ; il le peut, en parcourant et en traversant successivement toutes les parties du lieu. Si l’âme était immobile en un lieu, le feu resterait immobile, arrivé là-bas ; mais, comme le tout d’ellemême est partout, il désire aller partout. - Quoi donc ? Il ne l’atteindra jamais ? - Au contraire, il l’atteint toujours, ou plutôt l’âme le mène éternellement vers elle, et, en l’y amenant, elle le meut éternellement ; en le menant toujours vers elle, elle le maintient au même endroit ; en le menant non pas en ligne droite mais circulairement, elle lui permet de la posséder partout où il passe. Si l’âme était immobile, si elle était seulement dans cette région des intelligibles où tout est immobile, le ciel s’arrêterait. Si donc elle n’est pas seulement dans cette région ni dans un lieu défini, le ciel se meut à travers tout l’espace mais non pas en dehors de son cercle ; il se meut donc en cercle.

Bouillet

Pourquoi le ciel se meut-il circulairement ?parce qu’il imite l’Intelligence. Mais à qui appartient ce mouvement? Est-ce à l’Âme ou au corps ? A-t-il lieu parce que l’Âme est dans la sphère céleste et que cette sphère tend à se mouvoir autour d’elle? L’Âme est-elle dans cette sphère sans que celle-ci la touche? Fait-elle mouvoir cette sphère parce qu’elle se meut elle-même? Peut-être l’Âme qui meut cette sphère ne devrait plus la mouvoir, mais l’avoir déjà mue, c’est-à-dire, la faire rester immobile au lieu de lui imprimer sans cesse un mouvement circulaire. Peut-être sera-t-elle elle-même immobile, ou, si elle a quelque mouvement, ce ne sera pas du moins un mouvement local.

Comment l’Âme peut-elle imprimer au ciel un mouvement local en ayant elle-même un autre mode de mouvement? Peut-être le mouvement circulaire paraîtra-t-il n’être pas par lui-même un mouvement local. S’il n’est mouvement local que par accident, qu’est-il donc par lui-même? C’est le retour sur soi-même, le mouvement de la conscience, de la réflexion, de la vie ; il ne transporte rien hors du monde, il ne change rien de lieu, enfin il embrasse tout. En effet, la puissance qui gouverne l’animal universel [1] embrasse tout, ramène tout à l’unité. Or, si elle restait immobile, elle n’embrasserait pas tout sous le rapport vital ou sous le rapport local; elle ne conserverait pas la vie aux parties intérieures du corps qu’elle possède, parce que la vie du corps implique mouvement. Si c’est un mouvement local, l’Âme aura un mouvement local tel qu’il lui est possible d’en avoir un. Elle se mouvra non seulement comme Âme, mais encore comme corps animé, comme animal : son mouvement participera à la fois du mouvement propre à l’Âme et du mouvement propre au corps. Le mouvement propre au corps, c’est de se transporter en ligne droite ; le mouvement propre à l’Âme, c’est de contenir (κατέχειν); de ces deux mouvements, il en résulte un troisième, le mouvement circulaire où il y a tout à la fois translation et permanence. Si l’on avance que le mouvement circulaire est un mouvement corporel, comment admettre cette assertion quand on voit que tout corps, même le feu, se meut en ligne droite? On peut répondre que le feu ne se meut en ligne droite que jusqu’à ce qu’il atteigne la place qui lui est assignée par l’ordre universel. Conformément à cet ordre, il est permanent dans sa nature et il se meut vers la place qui lui est assignée. Pourquoi donc le feu n’y demeure-t-il pas en repos une fois qu’il y est arrivé ? C’est que sa nature est de se mouvoir toujours s’il allait en ligne droite, il se dissiperait ; il doit donc avoir un mouvement circulaire. N’est-ce pas là une disposition providentielle ? oui, sans doute. Le feu a été placé en lui-même [2] par la Providence, en sorte que, dès qu’il se trouve au ciel, il doit de lui-même s’y mouvoir circulairement.

On peut dire encore que, si le feu tend à se mouvoir en ligne droite, il doit, puisqu’il n’a pas de lieu hors du monde où il puisse aller, opérer un retour sur lui-même dans le seul lieu où cela lui est possible [dans le ciel ]. En effet, au delà du feu céleste, il n’y a plus de lieu ; il est lui-même le dernier lieu de l’univers ; il se meut donc circulairement dans le lieu qu’il a ; il est à lui-même son propre lieu, mais ce n’est pas pour rester immobile, c’est pour se mouvoir. Dans un cercle, le centre est naturellement immobile si la circonférence l’est aussi, elle ne sera plus qu’un centre immense. Il vaut donc mieux que le feu tourne autour du centre dans ce corps vivant et naturellement organisé. De cette manière, le feu tendra vers le centre, non en s’y arrêtant (car il perdrait sa forme circulaire), mais en se mouvant autour de lui ; c’est ainsi seulement qu’il pourra satisfaire le penchant qui l’entraîne [vers l’Âme universelle]. Si cette puissance fait tourner le corps de l’univers, elle ne le traîne pas comme un fardeau, elle ne lui donne pas une impulsion contraire à la nature. Qu’est-ce en effet que là nature sinon l’ordre établi par l’Âme universelle ? En outre, comme l’âme est tout entière partout, qu’elle n’est pas divisée en parties, elle donne au ciel l’ubiquité autant que celui-ci peut y participer; or il ne le peut qu’en parcourant tout. Si l’Âme restait immobile en un lieu, une fois que le ciel serait arrivé en ce lieu, il resterait immobile; mais comme l’Âme est partout, il cherche l’atteindre partout. Ne peut-il donc jamais l’atteindre? Au contraire, il l’atteint sans cesse. L’Âme, en l’attirant vers elle continuellement, lui imprime un mouvement continuel par lequel elle le porte, non vers un autre lieu, mais vers elle-même et dans le même lieu, non en ligne droite, mais circulairement, et lui permet ainsi de la posséder dans tous les lieux qu’elle parcourt.

Si l’Âme se reposait, si elle était seulement dans le monde intelligible où tout reste dans le repos, le ciel serait immobile. Mais comme l’Âme n’est pas dans un lieu déterminé, qu’elle est tout entière partout, le ciel se meut par tout l’espace ; et comme il ne peut sortir de lui-même, il doit se mouvoir circulairement.

Guthrie

QUESTIONS ABOUT THE MOVEMENTS OF THE HEAVENS.

1. Why do the heavens move in a circle? Because they imitate Intelligence. But to what does this movement belong? To the Soul, or to the body? Does it occur because the Soul is within the celestial sphere, which tends to revolve about her? Is the Soul within this sphere without being touched thereby? Does she cause this sphere to move by her own motion ? Perhaps the Soul which moves this sphere should not move it in the future, although she did so in the past; that is, the soul made it remain immovable, instead of ceaselessly imparting to it a circular movement. Perhaps the Soul herself might remain immovable; or, if she move at all, it will at least not be a local movement.

THREE KINDS OF MOVEMENT.

How can the Soul impart to the heavens a local movement, herself possessing a different kind of motion? Perhaps the circular movement, when considered by itself, may not seem a local movement. If then it be a local movement only by accident, what is its own nature, by itself? It is the reflection upon itself, the movement of consciousness, of reflection, of life; it withdraws nothing from the world, it changes the location of nothing, while embracing all. Indeed, the power which governs the universal Animal (or world) embraces everything, and unifies everything. If then it remained immovable, it would not embrace everything either vitally or . locally; it would not preserve the life of the interior parts of the body it possesses, because the bodily life implies movement. On the contrary, if it be a local movement, the Soul will possess a movement only such as it admits of. She will move, not only as soul, but as an animated body, and as an animal; her movement will partake both of the movement proper to the soul, and proper to the body. Now the movement proper to the body is to mobilize in a straight line; the movement proper to the Soul, is to contain; while both of these movements result in a third, the circular movement which includes both transportation and permanence.

FIRE MOVES STRAIGHT ONLY PRELIMINARILY.

To the assertion that the circular movement is a corporeal movement, it might be objected that one can see that every body, even fire, moves in a straight line. However, the fire moves in a straight line only till it reaches the place assigned to it by the universal order (it constitutes the heavens, which are its proper place). By virtue of this order its nature is permanent, and it moves towards its assigned location. Why then does the fire as soon as it has arrived there, not abide there quiescently ? Because its very nature is constant movement; if it went in a straight line, it would dissipate; consequently, it necessarily possesses a circular motion. That is surely a povidential arrangement. Providence placed fire within itself (because it constitutes the heavens, which are its location); so that, as soon as it finds itself in the sky it must spontaneously move in a circle.

WHY SOUL ASSUMES A CIRCULAR MOTION.

We might further say that, if the fire tended to move in a straight line, it must effect a return upon itself in the only place where it is possible (in the heavens), inasmuch as there is no place outside of the world where it could go. In fact there is no further place, beyond the celestial fire, for itself constitutes the last place in the universe; it therefore moves in a circle in the place at its disposal; it is its own place, but not to remain immovable, but to move. In a circle, the centre is naturally immovable; and were the circumference the same, it would be only an immense centre. It is therefore better that the fire should turn around the centre in this living and naturally organized body. Thus the fire will tend towards the centre, not in stopping, for it would lose its circular form, but in moving itself around it; thus only will it be able to satisfy its tendency (towards the universal Soul). However, if this power effect the movement of the body of the universe, it does not drag it like a burden, nor give it an impulsion contrary to its nature. For nature is constituted by nothing else than the order established by the universal Soul. Besides, as the whole Soul is everywhere, and is not divided into parts, it endows the sky with all the ubiquity it can assimilate, which can occur only by traversing all of it. If the Soul remained immovable in one place, she would remain immovable as soon as the-heavens reached this place; but as the Soul is everywhere, they would seek to reach her everywhere. Can the heavens never reach the Soul? On the contrary, they reach her ceaselessly; for the Soul, in ceaselessly attracting them to herself, endues them with a continual motion by which she carries them, not towards some other place, but towards herself, and in the same place, not in a straight line, but in a circle, and thus permits them to possess her in all the places which she traverses.

WHY THE HEAVENS DO NOT REMAIN STILL.

The heavens would be immovable if the Soul rested, that is, if she remained only in the intelligible world, where everything remains immovable. But because the Soul is in no one determinate place, and because the whole of her is everywhere, the heavens move through the whole of space; and as they cannot go out of themselves, they must move in a circle.

MacKenna

1. But whence that circular movement?

In imitation of the Intellectual-Principle.

And does this movement belong to the material part or to the Soul? Can we account for it on the ground that the Soul has itself at once for centre and for the goal to which it must be ceaselessly moving; or that, being self-centred it is not of unlimited extension [and consequently must move ceaselessly to be omnipresent], and that its revolution carries the material mass with it?

If the Soul had been the moving power [by any such semi-physical action] it would be so no longer; it would have accomplished the act of moving and have brought the universe to rest; there would be an end of this endless revolution.

In fact the Soul must be in repose or at least cannot have spatial movement; how then, having itself a movement of quite another order, could it communicate spatial movement?

But perhaps the circular movement [of the Kosmos as soul and body] is not spatial or is spatial not primarily but only incidentally.

What, by this explanation, would be the essential movement of the kosmic soul?

A movement towards itself, the movement of self-awareness, of self-intellection, of the living of its life, the movement of its reaching to all things so that nothing shall lie outside of it, nothing anywhere but within its scope.

The dominant in a living thing is what compasses it entirely and makes it a unity.

If the Soul has no motion of any kind, it would not vitally compass the Kosmos nor would the Kosmos, a thing of body, keep its content alive, for the life of body is movement.

Any spatial motion there is will be limited; it will be not that of Soul untrammelled but that of a material frame ensouled, an animated organism; the movement will be partly of body, partly of Soul, the body tending to the straight line which its nature imposes, the Soul restraining it; the resultant will be the compromise movement of a thing at once carried forward and at rest.

But supposing that the circular movement is to be attributed to the body, how is it to be explained, since all body, including fire [which constitutes the heavens] has straightforward motion?

The answer is that forthright movement is maintained only pending arrival at the place for which the moving thing is destined: where a thing is ordained to be, there it seeks, of its nature, to come for its rest; its motion is its tendence to its appointed place.

Then, since the fire of the sidereal system has attained its goal, why does it not stay at rest?

Evidently because the very nature of fire is to be mobile: if it did not take the curve, its straight line would finally fling it outside the universe: the circular course, then, is imperative.

But this would imply an act of providence?

Not quite: rather its own act under providence; attaining to that realm, it must still take the circular course by its indwelling nature; for it seeks the straight path onwards but finds no further space and is driven back so that it recoils on the only course left to it: there is nothing beyond; it has reached the ultimate; it runs its course in the regions it occupies, itself its own sphere, not destined to come to rest there, existing to move.

Further, the centre of a circle [and therefore of the Kosmos] is distinctively a point of rest: if the circumference outside were not in motion, the universe would be no more than one vast centre. And movement around the centre is all the more to be expected in the case of a living thing whose nature binds it within a body. Such motion alone can constitute its impulse towards its centre: it cannot coincide with the centre, for then there would be no circle; since this may not be, it whirls about it; so only can it indulge its tendence.

If, on the other hand, the Kosmic circuit is due to the Soul, we are not to think of a painful driving [wearing it down at last]; the soul does not use violence or in any way thwart nature, for "Nature" is no other than the custom the All-Soul has established. Omnipresent in its entirety, incapable of division, the Soul of the universe communicates that quality of universal presence to the heavens, too, in their degree, the degree, that is, of pursuing universality and advancing towards it.

If the Soul halted anywhere, there the Kosmos, too, brought so far, would halt: but the Soul encompasses all, and so the Kosmos moves, seeking everything.

Yet never to attain?

On the contrary this very motion is its eternal attainment.

Or, better; the Soul is ceaselessly leading the Kosmos towards itself: the continuous attraction communicates a continuous movement - not to some outside space but towards the Soul and in the one sphere with it, not in the straight line [which would ultimately bring the moving body outside and below the Soul], but in the curving course in which the moving body at every stage possesses the Soul that is attracting it and bestowing itself upon it.

If the soul were stationary, that is if [instead of presiding over a Kosmos] it dwelt wholly and solely in the realm in which every member is at rest, motion would be unknown; but, since the Soul is not fixed in some one station There, the Kosmos must travel to every point in quest of it, and never outside it: in a circle, therefore.


Ver online : ENÉADAS I-II (Gredos)


[1Animal universel est l’équivalent de monde. Voy. p. 143 de ce volume, note 1.

[2Le feu, d’après. Plotin, a été placé en lui-même parce qu’il constitue le ciel qui est son lieu.