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A REPÚBLICA

Platão - A República - Livro X (614a-621d) — Descida aos infernos: o mito de Er

LIVRO X

terça-feira 7 de dezembro de 2021

  • 3 Recompensas da justiça após a morte: Mito de Er o Pamphyliano (mito da escolha do destino) (614a até o fim)
    • Er, morto em uma batalha, retorna à vida e relata o que viu no além. As almas, julgadas, e punidas ou recompensadas na proporção de sua conduta sobre a terra.
    • Estrutura do mundo
    • Antes de renascer à vida mortal, as almas devem, em uma ordem fortuita, escolher o gênero de vida ao qual elas serão em seguida ligadas necessariamente: "cada um é responsável de sua escolha, o deus está fora de causa". Descrição da escolha das vidas pelas almas, aí incluso aquelas dos animais, em geral segundo os hábitos de sua vida anterior. Em seguida depois de ter bebido a água da planície de Lethe para tudo esquecer elas renascem à vida.
    • Praticando a justiça, estaremos em paz com nós mesmo e com os deuse e seremos felizes sobre esta terra e sempre.

Gredos

—Tales son los premios, recompensas y presentes que llegan al justo, [614a] durante su vida?, de parte? de los dioses? y hombres, además de aquellos bienes? que le procuraba la justicia? en sí misma.

—Son premios bellos y sólidos.

—Pero no son nada?, ni en cantidad? ni en magnitud, en comparación con aquellos que aguardan a cada uno? tras haber muerto. Es necesario escuchar cómo son éstos, a fin de que cada cual tome del discurso? lo que debe escuchar.

—Habla, entonces, porque no son muchas las cosas? que escucharía bcon mayor agrado.

—No es precisamente un relato? de Alcínoo   lo que te voy a contar?, sino el relato de un bravo varón, Er? el armenio, de la tribu panfilia. Habiendo muerto en la guerra?, cuando al décimo día fueron recogidos los cadáveres putrefactos, él fue hallado en buen estado?; introducido en su casa para enterrarlo, yacía sobre la pira cuando volvió a la vida y, resucitado, contó lo que había visto? allá. Dijo que, cuando su alma? había cdejado el cuerpo?, se puso en camino junto con muchas otras almas, y llegaron a un lugar maravilloso, donde había en la tierra dos aberturas, una frente a la otra, y arriba, en el cielo?, otras dos opuestas a las primeras. Entre ellas había jueces sentados que, una vez? pronunciada su sentencia, ordenaban a los justos que caminaran a la derecha y hacia arriba, colgándoles por delante letreros indicativos de cómo habían sido juzgados, y a los injustos los hacían marchar a la izquierda y hacia abajo, portando por atrás letreros indicativos de lo que habían hecho. Al aproximarse [d] Er, le dijeron que debía convertirse en mensajero de las cosas de allá para los hombres, y le recomendaron que escuchara y contemplara cuanto sucedía en ese lugar. Miró entonces cómo las almas, una vez juzgadas, pasaban por una de las aberturas del cielo y de la tierra, mientras por una de las otras dos subían desde abajo de la tierra almas llenas de suciedad y de polvo, en tanto por la restante descendían desde el cielo eotras, limpias. Y las que llegaban parecían volver de un largo viaje; marchaban gozosas a acampar en el prado, como en un festival, y se saludaban entre sí cuantas se conocían, y las que venían de la tierra inquirían a las otras sobre lo que pasaba en el cielo, y las que procedían del cielo sobre [615a] lo que sucedía en la tierra; y hacían sus relatos unas a otras, unas con lamentos y quejidos, recordando cuantas cosas habían padecido y visto en su marcha bajo tierra, que duraba mil años, mientras las procedentes del cielo narraban sus goces y espectáculos de inconmensurable belleza?. Tomaría mucho tiempo, Glaucón, referir sus múltiples relatos, pero lo principal era? lo siguiente: cuantas injusticias había cometido cada una, contra alguien, todas eran expiadas por turno, diez veces por cada una, ba razón de cien años en cada caso, por ser ésta la duración de la vida humana, a fin de que se pagara diez veces cada injusticia. Por ejemplo, si algunas eran responsables de muchas muertes, fuera por traicionar a Estados o a ejércitos, reduciéndolos a la esclavitud, o por haber sido partícipes de alguna otra maldad, recibían por cada delito un castigo diez veces mayor; por su parte, las que habían realizado actos buenos y habían sido justas y piadosas, recibían en la misma proporción su recompensa. cEn cuanto a los niños que habían muerto en seguida de nacer o que habían vivido? poco tiempo, Er contó otras cosas que no vale la pena? recordar. Y narraba que eran mayores aún las retribuciones por la piedad e impiedad respecto? de los dioses y de los padres, así como por haber cometido asesinatos con su propia mano.

»Contó que había estado junto a alguien que preguntaba a otro dónde estaba Ardieo el Grande. Ahora bien, este Ardieo había llegado a ser tirano en algún Estado? de Panfilia mil años antes de ese momento?, y había matado a su padre? anciano y a su hermano mayor y, según se ddecía, había cometido muchos otros sacrilegios. Dijo Er que el hombre? interrogado respondió: “No ha venido ni es probable que venga. En efecto, entre otros espectáculos terribles hemos contemplado? éste: cuando estábamos cerca de la abertura e íbamos a ascender, tras padecer todas estas cosas, de pronto divisamos a Ardieo y con él a otros que en su mayor parte habían sido tiranos; también había algunos que habían sido simples? particulares que habían cometido grandes crímenes. Cuando pensaban que subirían, la abertura no se lo permitía, sino que emugía cuando intentaba ascender alguno de estos sujetos incurablemente adheridos al mal? o que no habían pagado debidamente su falta?. Allí había unos hombres salvajes y de aspecto? ígneo, contó, que estaban alerta, y que, al oír el mugido, se apoderaron de unos y los llevaron; en cuanto a Ardieo y a los demás, les encadenaron los pies, las manos y la [616a] cabeza, los derribaron y, apaleándolos violentamente, los arrastraron al costado del camino y los desgarraron sobre espinas, explicando a los que pasaban la causa por la que les hacían eso, y que los llevaban para arrojarlos al Tártaro”. Allí, dijo Er, de los muchos y variados temores que habían experimentado, éste excedía a los demás: el de que cada uno oiría el mugido cuando ascendiera, y si éste callaba subían regocijados. De tal índole eran las penas y los castigos, y las recompensas eran bcorrelativas; y después de que pasaban siete días en el prado, al octavo se les requería que se levantaran y se pusieran en marcha. Cuatro días después llegaron a un lugar desde donde podía divisarse, extendida desde lo alto a través del cielo íntegro y de la tierra, una luz? recta como una columna, muy similar? al arco iris pero más brillante y más pura, hasta la cual arribaron después de hacer un día de caminata; y en el centro de la luz vieron los extremos de las cadenas, extendidos desde el ccielo; pues la luz era el cinturón del cielo, algo así como las sogas de los trirremes, y de este modo? sujetaba la bóveda en rotación. Desde los extremos se extendía el huso de la Necesidad?, a través del cual giraban las esferas; su vara y su gancho eran de adamanto, en tanto que su tortera era de una aleación de adamanto y otras clases de metales. La naturaleza? [d] de la tortera era de la siguiente manera. Su estructura era como la de las torteras de aquí, pero Er dijo que había que concebirla como si en una gran tortera, hueca y vacía por completo, se hubiera insertado con justeza otra más pequeña, como vasijas que encajan unas en otras, luego una tercera, una cuarta y cuatro más. Eran, en efecto, en total ocho las torteras, insertadas unas en otras, mostrando en lo alto bordes circulares ey conformando la superficie continua de una tortera única alrededor de la vara que pasaba a través del centro de la octava. La primera tortera, que era la más exterior?, tenía el borde circular más ancho; en segundo lugar la sexta, en tercer lugar la cuarta, en cuarto lugar la octava, en quinto lugar la séptima, en sexto lugar la quinta, en séptimo lugar la tercera y en octavo lugar la segunda. El círculo de la tortera más grande era estrellado, el de la séptima el más brillante, el de la [617a] octava tenía su color del resplandor de la séptima, el de la segunda y el de la quinta eran semejantes entre sí y más amarillos que los otros, el tercero tenía el color más blanco, el cuarto era rojizo, el sexto era segundo en blancura. El huso entero giraba circularmente con el mismo movimiento?, pero, dentro? del conjunto que rotaba, los siete círculos interiores daban vuelta lentamente en sentido? contrario al del conjunto. El que de éstos marchaba más rápido era el octavo; en segundo lugar, by simultáneamente entre sí, el séptimo, el sexto y el quinto; en tercer lugar, les parecía, estaba el cuarto, que marchaba circularmente en sentido inverso; en cuarto lugar el tercero y en quinto lugar el segundo. En cuanto al huso mismo, giraba sobre las rodillas de la Necesidad; en lo alto de cada uno de los círculos estaba una sirena que giraba junto con el círculo y emitía un solo sonido de un solo tono, de manera que todas las voces, que eran ocho, concordaban en una armonía única. Y chabía tres mujeres? sentadas en círculo a intervalos iguales, cada una en su trono; eran las Parcas, hijas de la Necesidad, vestidas de blanco y con guirnaldas en la cabeza, a saber?, Láquesis, Cloto y Átropo, y cantaban en armonía con las sirenas: Láquesis las cosas pasadas, Cloto las presentes y Átropo las futuras. Tocando el huso con la mano derecha, en forma? intermitente, Cloto ayudaba a que girara la circunferencia exterior; del mismo modo Átropo, con la mano izquierda, la interior; den cuanto a Láquesis, tocaba alternadamente con una u otra mano y ayudaba a girar alternadamente el círculo exterior y los interiores. Una vez que los hombres llegaban, debían marchar inmediatamente hasta Láquesis. Un profeta primeramente los colocaba en fila, después tomaba lotes y modelos de vida que había sobre las rodillas de Láquesis, y tras subir a una alta tribuna, dijo: “Palabra? de la virgen Láquesis, hija de la Necesidad: almas efímeras, éste es el comienzo, para vuestro género mortal?, de otro ciclo anudado a la muerte. No os escogerá un edemonio, sino que vosotros escogeréis un demonio. Que el que resulte por sorteo el primero elija un modo de vida, al cual quedará necesariamente asociado. En cuanto a la excelencia, no tiene dueño, sino que cada uno tendrá mayor o menor parte de ella según la honre o la desprecie; la responsabilidad? es del que elige, Dios? está exento de culpa?”. Tras decir esto, arrojó los lotes entre todos, y cada uno escogió el que le había caído al lado, con excepción de Er, a quien no le fue permitido. A cada uno se le hizo entonces claro el orden? en que debía escoger. Después de esto, el profeta colocó en tierra, delante de ellos, los [618a] modelos de vida, en número mayor que el de los presentes, y de gran variedad. Había toda clase de vidas animales y humanas: tiranías de por vida, o bien interrumpidas por la mitad, y que terminaban en pobreza, exilio o mendicidad; había vidas de hombres célebres por la hermosura de su cuerpo o por su fuerza en la lucha, o bien por su cuna y bpor las virtudes de sus antepasados; también las había de hombres oscuros y, análogamente, de mujeres. Pero no había en estas vidas ningún rasgo del alma, porque ésta se volvía inexorablemente distinta según el modo de vida que elegía; mas todo lo demás estaba mezclado entre sí y con la riqueza? o con la pobreza, con la enfermedad o con la salud, o con estados intermedios entre éstas. Según parece, allí estaba todo el riesgo para el hombre, querido Glaucón. Por este motivo? se deben cdesatender los otros estudios y preocuparse al máximo sólo de éste, para investigar? y conocer? si se puede descubrir y aprender quién lo hará capaz y entendido para distinguir? el modo de vida valioso del perverso, y elegir siempre y en todas partes lo mejor en tanto sea posible, teniendo en cuenta las cosas que hemos dicho, en relación con la excelencia de su vida, sea que se las tome en conjunto o separadamente. Ha de saber cómo la hermosura, mezclada con la pobreza o la riqueza do con algún estado del alma, produce? el mal o el bien?, y qué efectos tendrá el nacimiento noble y plebeyo, la permanencia en lo privado? o el ejercicio de cargos públicos, la fuerza y la debilidad, la facilidad y la dificultad de aprender y todas las demás cosas que, combinándose entre sí, existen por naturaleza en el alma o que ésta adquiere; de modo que, a partir de todas ellas, sea capaz de escoger razonando el modo de vida mejor o el peor, mirando a la naturaleza del alma, denominando e“el peor” al que la vuelva más injusta, y “mejor” al que la vuelva más justa, renunciando a todo lo demás, ya que hemos visto que es la elección que más importa, tanto en vida como tras haber muerto. Y hay [619a] que tener esta opinión de modo firme, como el adamanto, al marchar al Hades?, para ser allí imperturbable ante las riquezas y males semejantes, y para no caer en tiranías y en otras acciones? de esa índole con que se producen muchos males e incurables y uno mismo sufre más aún; sino que hay que saber siempre elegir el modo de vida intermedio entre éstos y evitar los excesos en uno u otro sentido, en lo posible, tanto en esta vida como en cualquier otra que venga después; pues es de este bmodo como el hombre llega a ser más feliz?.

»Y entonces el mensajero del más allá narró que el profeta habló de este modo: “Incluso para el que llegue último, si elige con inteligencia? y vive seriamente, hay una vida con la cual ha de estar? contento, porque no es mala. De modo que no se descuide quien elija primero ni se descorazone quien resulte último”. Y contó que, después de estas palabras, aquel a quien había tocado ser el primero fue derecho a escoger la más grande tiranía, y por insensatez y codicia no examinó suficientemente cla elección, por lo cual no advirtió que incluía el destino? de devorarse a sus hijos y otras desgracias; pero cuando la observó con más tiempo, se golpeó el pecho, lamentándose de su elección, por haber dejado de lado las advertencias del profeta; pues no se culpó a sí mismo de las desgracias, sino al azar?, a su demonio y a cualquier otra cosa? menos a él mismo. Era uno de los que habían llegado desde el cielo y que en su vida anterior había vivido en un régimen político bien organizado, habiendo tomado parte en la excelencia, pero por hábito dy sin filosofía. Y podría decirse que entre los sorprendidos en tales circunstancias no eran los menos los que habían venido del cielo, por cuanto no se habían ejercitado en los sufrimientos. Pero la mayoría de los que procedían de bajo tierra, por haber sufrido ellos mismos y haber visto sufrir a otros, no actuaban irreflexivamente al elegir. Por este motivo, además de por el azar del sorteo, era por lo que se producía para la mayoría de las almas el trueque de males y bienes. Porque si ecada uno, cada vez que llegara a la vida de aquí, filosofara sanamente y no le tocara en suerte ser de los últimos, de acuerdo con lo que se relataba acerca del más allá probablemente no sería sólo feliz aquí sino que también haría el trayecto de acá para allá y el regreso de allá para acá no por un sendero áspero y subterráneo, sino por otro liso y celestial. Dijo Er, pues, que era un espectáculo digno de verse, el de cada alma escogiendo modos de vida, ya que inspiraba piedad, risa y asombro, [620a] porque en la mayoría de los casos se elegía de acuerdo con los hábitos de la vida anterior. Contó que había visto al alma que había sido de Orfeo eligiendo la vida de un cisne, por ser tal su odio al sexo? femenino, a raíz de haber muerto a manos suyas, que no consentía en nacer procreada en una mujer; y que había visto también el alma de Támiras escogiendo la vida de un ruiseñor, y, a su vez, a un cisne que, en su elección, trocaba su modo de vida por uno humano, y del mismo modo con otros animales cantores. Al alma que le tocó en suerte ser la vigésima la vio eligiendo la vida de un león: era la de Ayante Telamonio, bque, recordando el juicio de las armas, no quería renacer como hombre. A ésta seguía la de Agamenón, también en conflicto con la raza? humana debido a sus padecimientos, que se intercambiaba con una vida de águila. Al alma de Atalanta le tocó en suerte uno de los puestos intermedios, y, luego de ver los grandes honores rendidos a un atleta, ya no pudo seguir de largo sino que los cogió. Después de ésta vio la de Epeo, hijo de Panopeo, que pasaba a la naturaleza de una mujer artesana; cy lejos, en los últimos puestos, divisó el alma del hazmerreír Tersites, que se revestía con un cuerpo de mono; y la de Ulises, a quien por azar le tocaba ser la última de todas, que avanzaba para hacer su elección y, con la ambición abatida por el recuerdo de las fatigas pasadas, buscaba el modo de vida de un particular? ajeno a los cargos públicos, dando vueltas mucho tiempo; no sin dificultad halló una que quedaba en algún lugar, menospreciada por los demás, y, tras verla, dijo que dhabría obrado del mismo modo si le hubiera tocado en suerte ser la primera, y la eligió gozosa. Análogamente, los animales pasaban a hombres o a otros animales, transform?ándose los injustos en salvajes y los justos en mansos; y se efectuaba todo tipo? de mezclas. Una vez que todas las almas escogieron su modo de vida, se acercaban a Láquesis en el orden que les había tocado. Láquesis hizo que a cada una la acompañara el demonio que había escogido, como guardián de su vida y eejecutor de su elección. Cada demonio condujo a su alma hasta Cloto, poniéndola bajo sus manos y bajo la rotación del huso que Cloto hacía girar, ratificando así el destino que, de acuerdo con el sorteo, el alma había escogido. Después de haber tocado el huso, el demonio la condujo hacia la trama de Átropo, para que lo que había sido hilado por [621a] Cloto se hiciera inalterable, y de allí, y sin volver atrás, hasta por debajo del trono de la Necesidad, pasando al otro lado de éste. Después de que pasaron también las demás, marcharon todos hacia la planicie del Olvido?, a través de un calor terrible y sofocante. En efecto, la planicie estaba desierta de árboles y de cuanto crece de la tierra. Llegada la tarde, acamparon a la orilla del río de la Desatención, cuyas aguas ninguna vasija puede retenerlas. Todas las almas estaban obligadas a beber una medida? de agua, pero a algunas no las preservaba su sabiduría de beber más allá de la medida, y así, tras beber, se olvidaban de todo. bLuego se durmieron, y en medio? de la noche hubo un trueno y un terremoto, y bruscamente las almas fueron lanzadas desde allí, unas a un lado, otras a otro, hacia arriba, como estrellas fugaces, para su nacimiento. A Er se le impidió beber el agua; por dónde y cómo regresó a su cuerpo, no lo supo, sino que súbitamente levantó la vista y, al alba, se vio tendido sobre la pira.

»De este modo, Glaucón, se salvó el relato y no se perdió, y también cpodrá salvarnos a nosotros, si le hacemos caso, de modo de atravesar el río del Olvido manteniendo inmaculada nuestra alma. Y si me creéis a mí, teniendo al alma por inmortal y capaz de mantenerse firme ante todos los males y todos los bienes, nos atendremos siempre al camino que va hacia arriba y practicaremos en todo sentido la justicia acompañada de sabiduría, para que seamos amigos? entre nosotros y con los dioses, mientras permanezcamos aquí y cuando nos llevemos los premios de la justicia, tal como los recogen los vencedores. Y, tanto aquí dcomo en el viaje de mil años que hemos descrito, seremos dichosos.

Chambry

— Pourtant ces choses-là, dis-je, ne sont rien, pour le nombre et pour la grandeur?, en comparaison de celles qui attendent l’un et l’autre de nos personnages une fois qu’ils auront terminé leur vie. Et il faut entendre cela, si l’on veut que chacun d’eux ait reçu complètement ce que l’argument lui devait.

— Voudrais-tu l’énoncer ? avec plus de plaisir. d’autres choses que j’entendrais b avec plus de plaisir.

— Et pourtant, dis-je, ce que je vais te raconter n’est pas un "récit chez Alcinoos " , mais le récit d’un homme vaillant , Er , fils d’Arménios, dont la race venait de Pamphylie. Il lui advint de mourir à la guerre. Lorsqu’au dixième jour on vint relever les cadavres, qui étaient déjà putréfiés, on le trouva en bon état, et quand on l’eut amené chez lui, dans l’intention? de l’ensevelir, le douzième jour, alors qu’il était étendu sur le bûcher, il revint à la vie ; et une fois revenu à la vie, il raconta ce qu’il avait vu là-bas. Il raconta qu’à partir du moment où elle était partie, son âme avait chemin?é avec beaucoup d’autres, et qu’elles étaient arrivées c dans un certain lieu? prodigieux , dans lequel il y avait deux béances de la terre? l’une à côté de l’autre, et par? ailleurs, dans les hauteurs, deux autres béances du ciel, juste en face. Que des juges "siégeaient entre elles, juges qui, une fois qu’ils avaient rendu jugement?, invitaient les justes à cheminer en suivant la route qui montait à droite à travers le ciel, après leur avoir attaché sur le devant des signes indiquant le jugement prononcé ; et ils invitaient les injustes à suivre la route qui descendait à gauche, avec d eux aussi, dans leur dos, des signes indiquant tout ce qu’ils avaient commis, Comme lui-même s’avançait, ils lui dirent qu’il aurait à devenir, pour les humains, le messager des choses de là-bas, et qu’ils l’invitaient donc à écouter et à regarder tout ce qui se passait dans ce lieu. Il y vit alors les âmes qui partaient par l’une des béances du ciel, et par l’une de celles de la terre, une fois que jugement avait été rendu sur elles ; et du côté des deux autres béances, des âmes qui passaient par l’une pour remonter du sein de la terre, pleines de saleté et de poussière, et d’autres qui passaient par l’autre pour descendre? du ciel, pures. Et celles e qui arrivaient, à chaque fois, on voyait qu’elles venaient de parcourir un long chemin, et qu’elles se réjouissaient de partir dans la prairie pour y camper comme dans une assemblée de fête ; celles qui se connaissaient se saluaient les unes les autres? affectueusement : celles qui sortaient de la terre demandaient aux autres des nouvelles de là-bas, et celles qui venaient du ciel des nouvelles du lieu d’où venaient les autres. Et elles se faisaient des récits les unes aux autres, les unes en gémissant et en pleurant, au souvenir? 615 de tout ce qu’elles avaient subi et vu au cours de leur cheminement sous terre — et ce cheminement durait un millénaire ; au contraire, celles qui venaient du ciel racontaient les bonheurs qu’elles avaient connus, et leurs visions d’une inimaginable beauté. L’ensemble de ces récits, Glaucon, il faudrait beaucoup de temps pour le raconter. Mais Er déclara que l’essentiel était ceci : que pour toutes les injustices que chacune avait jamais commises envers quelqu’un, et pour toutes les personnes? envers qui elle avait commis des injustices, pour tous ces "méfaits pris un par un, elle avait à payer un châtiment, dix fois autant dans chaque cas, un châtiment par centaine d’années, ce qui est b la durée d’une vie humaine, de façon qu’elles aient à payer un paiement dix fois plus grand que l’injustice commise : ainsi par exemple? si certains avaient été coupables de la mort de plusieurs personnes, ou avaient trahi des cités ou des armées, ou avaient réduit des hommes en esclavage?, ou avaient été coupables, avec d’autres, de quelque autre méfait, ils recevaient pour prix de chacun de ces actes des souffrances dix fois plus intenses ; et si inversement ils avaient dispensé des actions bienfaisantes, et s’étaient révélés justes et pieux, ils en recevaient le prix selon la même proportion. Quant à c ceux qui étaient morts aussitôt nés, ou qui n’avaient vécu que peu de temps, il rapportait à leur sujet? d’autres choses qui ne méritent pas d’être mentionnées. Et pour les actes d’irrespect ou de respect envers dieux et parents, et pour le meurtre commis de ses propres mains, il parlait de compensations encore plus grandes. Il déclara ainsi avoir été présent quand quelqu’un demanda à un autre où était le grand Ardiaios. Cet Ardiaios avait été tyran dans une certaine cité de la Pamphylie mille ans déjà avant ce moment-là, il avait fait tuer son vieux père et d son frère aîné, et avait accompli bien d’autres actes impies, à ce qu’on disait. Il rapporta que celui à qui on posait la question? répondit : " Il n’est pas venu ici, et ne risque pas d’y venir.

En effet, parmi les spectacles terribles que nous avons vus, il y eut en particulier celui-ci : lorsque nous fûmes près de la bouche, prêts à monter, après avoir subi tout le reste, nous l’aperçûmes tout à coup, lui et d’autres — la plupart d’entre eux des tyrans, à quelques exceptions près ; mais il s’y trouvait aussi certains individus privés, de ceux qui avaient "commis de grands crimes ; alors qu’ils croyaient e qu’ils allaient à présent remonter, la bouche refusa de les accepter, mais mugit chaque fois que l’un de ceux qui étaient si incurablement orient?és vers la méchanceté, ou qui n’avaient pas suffisamment payé leur châtiment, entreprenait de remonter. Et là, disait-il, des hommes sauvages, d’un aspect de feu?, qui se tenaient sur le côté, dès qu’ils eurent perçu le mugissement, se saisirent de certains d’entre eux pour les emmener ; quant à Ardiaios et aux autres, ils leur attachèrent ensemble bras, jambes, 616 et tête, les jetèrent à terre, et les écorchèrent en les traînant le long de la route, à l’extérieur de la bouche, en les cardant sur des épineux ; et à ceux qui pouvaient assister à la scène, ils faisaient savoir qu’ils les menaient vers le Tartare pour les y jeter, et pour quelles raisons." Sans aucun doute?, disait-il, alors qu’ils avaient éprouvé là bien des peurs?, et de toute sorte?, celle-là les dépassait, chacun craignant que cette voix ne se fasse entendre lorsqu’il monterait; et, à leur très grand plaisir, pour chacun d’eux elle se tut, et chacun put monter. Tels étaient à peu près, dit?-il, les châtiments b et les punitions, et inversement les bienfaits qui leur faisaient pendant. Mais lorsque pour chacun de ceux qui étaient dans la prairie sept jours se furent écoulés, il leur fallut, le huitième, se lever et cheminer pour partir de là, et arriver après trois jours en un endroit d’où l’on voyait, s’étendant depuis les hauteurs, à travers tout l’espace du ciel et de la terre, une lumière dressée comme une colonne, tout à fait comparable à l’arc-en-ciel, mais plus éclatante et plus pure?. Une fois qu’ils furent arrivés jusqu’à elle, après avoir marché pendant un jour de route, là même ils virent, au milieu c de la lumière, les extrémités des liens qui la rattachaient au ciel : car c’est cette lumière qui lie le ciel ensemble. À l’exemple des cerclages des trières, ainsi elle maintient tout ce mouvement circulaire. Et à ces extrémités ils virent tendu le fuseau de Nécessité, par l’intermédiaire duquel "tous les mouvements circulaires sont entretenus. La tige de ce fuseau, comme son crochet, était en acier, tandis que le poids qui tendait le fil à la verticale était fait d’un mélange de ce dernier métal et de matières d’autres espèces. Or la nature du poids d était à peu près la suivante : pour la forme extérieure, c’était celle des poids de ce monde?-ci, mais à partir de ce qu’il disait, on doit concevoir que c’était comme si, à l’intérieur d’un grand poids creux totalement évidé, s’en était trouvé un autre pareil, plus petit, qui s’y adaptait, comme les bols qui s’adaptent les uns dans les autres, et de même encore un troisième, un quatrième, et quatre autres. Et ainsi il y avait au total huit poids, placés les uns dans les autres, qui laissaient paraître en haut leurs bords e comme des cercles, formant le dos continu d’un seul poids autour de la tige. Et celle-ci passait exactement au milieu du huitième. Or le premier? poids, situé le plus à l’extérieur, avait le cercle du bord le plus large, celui du sixième était deuxième en largeur, le troisième en largeur était celui du quatrième, le quatrième celui du huitième, le cinquième celui du septième, le sixième celui du cinquième, le septième celui du troisième, et le huitième celui du second . Et le cercle du plus grand était brodé d’étoiles, celui du septième était le plus éclatant, celui du huitième tirait sa coloration du surplus d’éclat 617 du septième, celui du deuxième et celui du cinquième, similaires l’un à l’autre, étaient plus pâles que les précédents, le troi "sième avait la couleur la plus blanche, le quatrième était rougeâtre, le second pour la blancheur était le sixième. Et ils virent que le fuseau tout entier se mouvait en cercle selon son propre mouvement, mais que dans l’ensemble, qui était en mouvement circulaire, les sept cercles de l’intérieur se mouvaient doucement en un mouvement circulaire inverse de celui de l’ensemble ; et parmi ceux-là celui qui allait le plus rapidement était le huitième ; en second lieu, b et simultanément les uns avec les autres, venaient le septième, le sixième, et le cinquième. Venait au troisième rang, quant à la vitesse, dans ce mouvement circulaire inverse, à ce qu’il leur parut, le quatrième cercle ; en quatrième position le troisième, et en cinquième position le second. Ils virent que le fuseau lui-même se mouvait sur les genoux de Nécessité . En haut, sur chacun de ses cercles, était montée une Sirène emportée dans le même mouvement circulaire, et émettant un seul son, une seule note ; et toutes les huit composaient ensemble un accord unique. D’autres étaient assises autour, à des distances égales, au nombre de trois, chacune c sur un trône ; c’étaient les filles de Nécessité, les Moires , vêtues de blanc, portant des bandelettes sur la tête : Lachesis qui-distribue-les-lots, Clôthô la-fileuse, Atropos l’irréversible ; elles célébraient, accompagnées par l’accord des Sirènes, Lachesis le passé, Clôthô le présent, Atropos l’à-venir. Et Clôthô, le touchant de la main droite, contribuait de temps en temps à entretenir le mouvement circulaire extérieur du fuseau ; Atropos, de son côté, en faisait autant de la main gauche pour les mouvements internes ; quant à Lachesis, d tour à tour elle "touchait les uns et l’autre de l’une et de l’autre main.

Or, lorsqu’ils arrivèrent, dit-il, il leur fallut aussitôt aller vers Lachesis. Un porte?-parole les fit d’abord se ranger en ordre ; ensuite, ayant pris sur les genoux de Lachesis les sorts et les modèles de vies, il monta sur une tribune élevée et déclara : " Parole de la fille de Nécessité, la jeune fille Lachesis. Ames qui n’êtes là que pour un jour, voici le début d’un nouveau cycle? qui vous mènera jusqu’à la mort dans la race mortelle. Ce n’est pas un génie e qui vous tirera au sort, c’est vous qui vous choisirez un génie. Que le premier à être tiré au sort choisisse le premier une vie, à laquelle il sera uni de façon nécessaire. De l’excellence, nul n’est maître : chacun, selon qu’il l’honorera ou la méprisera, aura? d’elle une plus ou moins grande part. La responsabilité revient à qui choisit ; le dieu, lui, n’est pas responsable." Après avoir dit cela, il jeta les sorts entre eux tous, et chacun ramassa celui qui était tombé près de lui, sauf lui-même : on ne le lui permit pas. Et quand il l’eut ramassé, chacun vit quel rang le sort lui avait donné. 618 Après cela, il plaça alors sur le sol? les modèles de vies devant eux, en beaucoup plus grand nombre qu’il n’y avait d’âmes présentes. Il y en avait de toutes sortes : des vies de tous les genres d’êtres vivants, et en particulier toutes les vies humaines ; il y avait en effet parmi elles des tyrannies, les unes qui parvenaient à leur terme, et d’autres qui en cours de route allaient à leur perte? et finissaient dans la pauvreté, dans l’exil, et dans la mendicité. Il y avait aussi des vies d’hommes réputés, les uns pour leur aspect, pour leur beauté, et en général pour leur force b et leur aptitude aux compétitions, les autres pour leur ascendance et pour les qualités de leurs ancêtres, et des vies d’hommes dépourvus de réputation dans les mêmes domaines, et pareillement des vies de femmes aussi. L’ordonnance de l’âme n’y était pas incluse, parce que nécessairement, en choisissant telle ou telle vie, "l’âme devait devenir différente. Mais les autres données de la vie y étaient mélangées entre elles et avec la richesse et la pauvreté, d’autres avec les maladies, d’autres avec la bonne santé, d’autres encore tenaient le milieu entre ces extrêmes. C’est bien là, apparemment, mon ami Glaucon, qu’est tout le risque pour l’homme, et c’est pour cela que chacun de nous doit surtout appliquer ses soins, c en négligeant les autres connaissances, à rechercher et à apprendre cette connaissance-là, pour voir si elle le rendra à même de reconnaître et de découvrir la vie qui fera de lui un homme capable et avisé, qui sait distinguer entre une vie honnête et une vie malhonnête, pour choisir? toujours, en toute occasion, la vie meilleure parmi les vies possibles. Celui qui calcule comment tous les éléments qu’on a dits à l’instant, dans la mesure où ils se combinent ou se distinguent les uns des autres, contribuent à l’excellence d’une vie, sait aussi le bien ou le mal que peut faire? la beauté, quand elle est mélangée à la pauvreté, ou à la richesse, d et quand elle est accompagnée de telle ou telle disposition? de l’âme ; et l’effet qu’ont les naissances hautes ou basses, la situation d’individu? privé ou l’exercice d’une charge de direction, la force physique ou l’absence? de force, la facilité ou la difficulté à apprendre, et en général toutes les caractéristiques de ce genre, qu’elles appartiennent naturellement à une âme, ou qu’elles soient acquises par elle, quand elles sont mélangées les unes aux autres, Il lui est ainsi possible, en rassemblant les calculs? fondés sur toutes ces données, de faire son choix ; c’est en prenant en considération la nature de l’âme qu’il définira la vie pire ou la vie meilleure, nommant e pire celle qui la mènera à devenir plus injuste, meilleure celle qui la mènera à devenir plus juste. À tout le reste, il souhaitera bon voyage ; car nous avons vu qu’aussi bien pour un homme en vie que pour celui qui a fini ses jours, c’est là qu’est le choix déterminant. Et c’est donc 619 en conservant cette opinion? avec la rigueur de l’acier qu’il faut aller "chez Hadès, pour éviter, là aussi, de se laisser étourdir par la richesse et par ce genre de maux, et de se jeter dans des tyrannies, ou des types de vie similaires, où l’on causerait nombre de maux irréparables, et où soi-même on? en subirait de plus grands encore ; mais pour savoir à chaque fois choisir la vie qui tient le milieu entre ces extrêmes, et fuir les débordements dans un sens comme dans l’autre, à la fois dans cette vie, autant que possible, et dans toute vie ultérieure ; car c’est ainsi qu’un homme b peut devenir le plus heureux.

Or juste à ce moment-là, selon le messager venu de là-bas, le porte-parole parla ainsi : " Même le dernier venu, s’il fait son choix avec intelligence, et s’il mène sa vie avec énergie, peut trouver une vie digne d’être aimée, une vie qui n’est pas mauvaise. Que celui qui choisit le premier ne soit pas négligent ; et que celui qui choisit le dernier ne se décourage? pas." Et il racontait qu’après ces paroles, celui qui avait tiré de choisir le premier fit son choix en allant droit à la plus grande tyrannie, et que tant par manque de sagesse que par cupidité, il n’examina pas suffisamment toutes choses avant de faire son choix, c et ne s’aperçut pas qu’y était incluse la destinée consistant à manger ses propres enfants, et d’autres désastres. Mais lorsqu’il prit le temps de l’examiner, il se frappa la poitrine et déplora son choix, sans s’en tenir à ce qui avait été dit auparavant par le porte-parole : car ce n’était pas lui-même qu’il tenait pour cause? de ses maux, mais la fortune, les génies, tout plutôt que lui-même. Il était l’un de ceux qui étaient venus là du ciel ; il avait vécu sa vie précédente sous un régime politique ordonné, et avait eu? part à l’excellence par habitude?, d sans contribution de la philosophie? . On pouvait d’ailleurs dire que parmi les victimes de telles "erreurs, ceux qui étaient venus du ciel n’étaient pas les moins nombreux, du fait qu’ils n’avaient pas d’entraînement à la souffrance ; tandis que la plupart de ceux qui étaient venus de la terre, du fait qu’ils avaient souffert eux-mêmes, ou qu’ils en avaient vu d’autres souffrir, ne faisaient pas leur choix à la course. C’est précisément pourquoi, pour la plupart des âmes, se produisait une interversion des maux et des biens, et aussi à cause du hasard dans le tirage au sort. Car si, à chaque fois que quelqu’un arrive dans la vie d’ici, il philosophait sainement, e et à condition que le tirage au sort pour le choix ne le place pas parmi les derniers, il aurait toutes les chances, selon le message? rapporté de là-bas, non seulement d’être heureux ici, mais encore de n’avoir pas à faire le cheminement d’ici à là-bas, et celui de retour pour venir ici, sur un chemin souterrain et rude, mais sur un chemin aisé et céleste. Il racontait en effet que c’était un spectacle bien digne d’être vu que celui de chacune des âmes choisissant une vie. 620 Il était en effet pitoyable, risible, et étonnant à voir. En effet, c’était en fonction? des habitudes de leur précédente vie qu’elles choisissaient, dans la plupart des cas. Il racontait avoir vu l’âme qui avait jadis été celle d’Orphée choisir la vie d’un cygne, ne voulant pas, par haine du genre féminin, puisque c’était d’elles qu’il avait reçu la mort, naître d’une femme. Et avoir vu celle de Thamyras choisir la vie d’un rossignol. Et avoir vu aussi un cygne changer, pour choisir une vie humaine, et d’autres oiseaux musiciens pareillement. b Et il racontait "que l’âme qui avait tiré au sort le vingtième rang choisit la vie d’un lion ; c’était celle d’Ajax fils de Télamon, qui fuyait d’avoir à naître homme, se souvenant du jugement sur les armes , Celle qui vint après lui était celle d’Agamemnon : elle aussi, par haine de l’espèce humaine, à cause de ce qu’elle avait subi, changea pour la vie d’un aigle. Ayant tiré un rang intermédiaire, l’âme d’Atalante , lorsqu’elle vit les grands honneurs attachés à un athlète homme, ne fut pas capable de passer outre, mais les prit. Après c celle-là, il vit celle d’Epeios fils de Panopeus’ se diriger vers la nature d’une femme de métier. Plus loin, parmi les derniers, il vit celle de Thersite’, qui provoque le rire, se vêtir en singe. Et par l’effet du hasard ce fut celle d’Ulysse qui tira au sort d’aller faire son choix la dernière de toutes ; mais comme elle avait été, par le souvenir de ses souffrances antérieures, dégagée de son amour? des honneurs, elle fit longtemps le tour, en cherchant la vie d’un individu privé qui ne se mêle pas des affaires ; à grand peine elle en trouva une, posée quelque part et négligée par les autres ; dès qu’elle l’eut vue, d elle déclara qu’elle aurait fait la même chose même si elle avait tiré au sort le premier rang, et elle se réjouit de la choisir. Et on passait semblablement des autres bêtes au statut d’humains, et d’une bête à l’autre, les bêtes injustes chan "geant pour les bêtes sauvages, les bêtes justes pour les bêtes paisibles, et tous les mélanges s’opéraient. Il raconta que lorsque toutes les âmes eurent choisi leurs vies, elles se rendirent, dans l’ordre qu’elles avaient tiré au sort, vers Lachesis. Et le génie que chacun avait choisi, elle le lui assignait pour être le gardien e de sa vie, et pour accomplir ce qui avait été choisi. Ce dernier la conduisait en premier lieu vers Clôthô, et la faisait passer sous sa main et sous le mouvement tourbillonnant du fuseau, pour sceller le destin qu’il avait choisi après le tirage au sort ; une fois qu’il avait touch?é le fuseau, le génie le ramenait au filage d’Atropos, pour rendre irréversible ce qui avait été filé par Clôthô. Partant de là, sans pouvoir? revenir en arrière, il venait 621 sous le trône de Nécessité, et passait de l’autre côté. Lorsque les autres furent passés aussi, il raconta que tous cheminèrent vers la plaine de l’Oubli, par une chaleur terrible et étouffante. Et en effet il y avait là un lieu dénu?é d’arbres et de tout ce qui pousse sur la terre. Ils camp?èrent alors, comme le soir venait déjà, le long du fleuve Amélès , dont aucun récipient ne peut retenir l’eau?. Or, tous devaient nécessairement boire une certaine mesure d’eau, mais ceux qui n’étaient pas préservés par leur prudence? en buvaient plus que la mesure, et à chaque fois celui qui buvait ainsi b oubliait toutes choses. Lorsqu’ils se furent couchés et que vint la mi-nuit, il y eut du tonnerre et un tremblement de la terre, et tout à coup ils furent emportés de là vers les hauteurs, les uns d’un côté, les autres de l’autre, vers la naissance, fusant comme des étoiles. Mais lui fut empêché de boire de l’eau. Cependant, par quelle voie et de quelle "façon il était arrivé dans son corps, il dit qu’il ne le savait pas, mais que lorsque tout à coup il avait ouvert les yeux?, à l’aube, il avait vu qu’il gisait sur le bûcher. C’est ainsi, Glaucon, que l’histoire? a été préservée et n’a pas péri , et qu’elle peut nous c préserver nous-mêmes, si nous sommes capables d’y ajouter foi ; alors nous franchirons avec succès le fleuve de l’Oubli, et ne souillerons pas notre âme. Eh bien, si nous sommes capables d’ajouter foi à ce que je dis, nous devons considé- rer que l’âme est chose immortelle, et qu’elle est capable de supporter tous les maux ainsi que tous les biens. Nous nous tiendrons alors constamment à la route qui mène vers le haut, et nous pratiquerons la justice, li?ée à la prudence, de toutes les façons possibles. Ainsi nous pourrons être amis aussi bien avec nous-mêmes qu’avec les dieux, aussi bien lors de notre séjour ici que lorsque nous aurons d remporté les prix que rapporte la justice, comme des vainqueurs faisant un tour de piste triomphal; et nous pourrons tant ici, que dans le cheminement millénaire que nous avons décrit, connaître un plein succès !

Jowett

And yet, I said, all these are as nothing either in number or greatness in comparison with those other recompenses which await both just and unjust after death. And you ought to hear them, and then both just and unjust will have received from us a full payment of the debt which the argument owes to them.

Speak, he said ; there are few things which I would more gladly hear.

Well, I said, I will tell you a tale ; not one of the tales which Odysseus tells to the hero? Alcinous  , yet this, too, is a tale of a hero, Er the son of Armenius, a Pamphylian by birth. He was slain in battle, and ten days afterward, when the bodies of the dead were taken up already in a state of corruption?, his body was found unaffected by decay, and carried away home? to be buried. And on the twelfth day, as he was lying on the funeral pyre, he returned to life and told them what he had seen in the other world. He said that when his soul left the body he went on a journey with a great company, and that they came to a mysterious place at which there were two openings in the earth ; they were near together, and over against them were two other openings in the heaven above. In the intermediate space there were judges seated, who commanded the just, after they had given judgment on them and had bound their sentences in front of them, to ascend by the heavenly way on the right hand ; and in like manner the unjust were bidden by them to descend by the lower way on the left hand ; these also bore the symbols? of their deeds, but fastened on their backs. He drew near, and they told him that he was to be the messenger who would carry the report of the other world to them, and they bade him hear and see all that was to be heard and seen in that place. Then he beheld and saw on one side the souls departing at either opening of heaven and earth when sentence had been given on them ; and at the two other openings other souls, some ascending out of the earth dusty and worn with travel, some descending out of heaven clean and bright. And arriving ever and anon they seemed to have come from a long journey, and they went forth with gladness into the meadow, where they encamped as at a festival ; and those who knew one another embraced and conversed, the souls which came from earth curiously inquiring about the things above, and the souls which came from heaven about the things beneath. And they told one another of what had happened by the way, those from below weeping and sorrowing at the remembrance of the things which they had endured and seen in their journey beneath the earth (now the journey lasted a thousand years), while those from above were describing heavenly delights and visions of inconceivable beauty. The story, Glaucon, would take too long to tell ; but the sum was this : He said that for every wrong which they had done to anyone they suffered tenfold ; or once in a hundred years — such being? reckoned to be the length of man’s life, and the penalty being thus paid ten times in a thousand years. If, for example, there were any who had been the cause of many deaths, or had betrayed or enslaved cities? or armies, or been guilty of any other evil behavior, for each and all of their offences they received punishment ten times over, and the rewards of beneficence and justice and holiness were in the same? proportion. I need hardly repeat what he said concerning young children dying almost as soon as they were born. Of piety and impiety to gods and parents, and of murderers, there were retributions other and greater far which he described. He mentioned that he was present? when one of the spirits? asked another, “Where is Ardiaeus the Great ?” (Now this Ardiaeus lived a thousand years before the time of Er : he had been the tyrant of some city of Pamphylia, and had murdered his aged father and his elder brother, and was said to have committed many other abominable crimes.) The answer of the other spirit was : “He comes not hither, and will never come.” And this, said he, was one of the dreadful sights which we ourselves witnessed. We were at the mouth of the cavern, and, having completed all our experiences, were about to reascend, when of a sudden Ardiaeus appeared and several others, most of whom were tyrants ; and there were also, besides the tyrants, private individuals who had been great criminals : they were just, as they fancied, about to return into the upper world, but the mouth, instead of admitting them, gave a roar, whenever any of these incurable sinners or someone who had not been sufficiently punished tried to ascend ; and then wild men of fiery aspect, who were standing by and heard the sound, seized and carried them off ; and Ardiaeus and others they bound head and foot and hand, and threw them down and flayed them with scourges, and dragged them along the road at the side, carding them on thorns like wool, and declaring to the passers-by what were their crimes, and that they were being taken away to be cast into hell. And of all the many? terrors which they had endured, he said that there was none like the terror which each of them felt at that moment, lest they should hear the voice ; and when there was silence?, one by one they ascended with exceeding joy. These, said Er, were the penalties and retributions, and there were blessings as great.

Now when the spirits which were in the meadow had tarried seven days, on the eighth they were obliged to proceed on their journey, and, on the fourth day after, he said that they came to a place where they could see from above a line of light, straight as a column, extending right through the whole heaven and through the earth, in color resembling the rainbow, only brighter and purer ; another day’s journey brought them to the place, and there, in the midst of the light, they saw the ends of the chains of heaven let down from above : for this light is the belt of heaven, and holds together the circle of the universe?, like the under-girders of a trireme. From these ends is extended the spindle of Necessity, on which all the revolutions turn. The shaft and hook of this spindle are made of steel, and the whorl is made partly of steel and also partly of other materials?. Now the whorl is in form like the whorl used on earth ; and the description of it implied that there is one large hollow whorl which is quite scooped out, and into this is fitted another lesser one, and another, and another, and four others, making eight in all, like vessels which fit into one another ; the whorls show their edges on the upper side, and on their lower side all together form one continuous whorl. This is pierced by the spindle, which is driven home through the centre of the eighth. The first and outermost whorl has the rim broadest, and the seven inner whorls are narrower, in the following proportions — the sixth is next to the first in size, the fourth next to the sixth ; then comes the eighth ; the seventh is fifth, the fifth is sixth, the third is seventh, last and eighth comes the second. The largest (or fixed stars) is spangled, and the seventh (or sun) is brightest ; the eighth (or moon) colored by the reflected light of the seventh ; the second and fifth (Saturn and Mercury) are in color like one another, and yellower than the preceding ; the third (Venus) has the whitest light ; the fourth (Mars) is reddish ; the sixth (Jupiter) is in whiteness second. Now the whole spindle has the same motion ; but, as the whole revolves in one direction, the seven inner circles move slowly in the other, and of these the swiftest is the eighth ; next in swiftness are the seventh, sixth, and fifth, which move together ; third in swiftness appeared to move according to the law? of this reversed motion, the fourth ; the third appeared fourth, and the second fifth. The spindle turns on the knees of Necessity ; and on the upper surface of each circle is a siren, who goes round with them, hymning a single tone or note. The eight together form one harmony? ; and round about, at equal intervals, there is another band, three in number, each sitting upon her throne : these are the Fates, daughters of Necessity, who are clothed in white robes and have chaplets upon their heads, Lachesis and Clotho and Atropos, who accompany with their voices the harmony of the sirens — Lachesis singing of the past, Clotho of the present, Atropos of the future ; Clotho from time to time assisting with a touch of her right hand the revolution? of the outer circle of the whorl or spindle, and Atropos with her left hand touching and guiding the inner ones, and Lachesis laying hold of either in turn, first with one hand and then with the other.

When Er and the spirits arrived, their duty was to go at once to Lachesis ; but first of all there came a prophet who arranged them in order ; then he took from the knees of Lachesis lots and samples of lives, and having mounted a high pulpit, spoke as follows : “Hear the word? of Lachesis, the daughter of Necessity. Mortal souls, behold a new cycle of life and mortality. Your genius? will not be allotted to you, but you will choose your genius ; and let him who draws the first lot have the first choice, and the life which he chooses shall be his destiny. Virtue is free?, and as a man honors or dishonors her he will have more or less of her ; the responsibility is with the chooser — God is justified.” When the Interpreter had thus spoken he scattered lots indifferently among them all, and each of them took up the lot which fell near him, all but Er himself (he was not allowed), and each as he took his lot perceived the number which he had obtained. Then the Interpreter placed on the ground before them the samples of lives ; and there were many more lives than the souls present, and they were of all sorts. There? were lives of every animal? and of man in every condition. And there were tyrannies among them, some lasting out the tyrant’s life, others which broke off in the middle and came to an end in poverty and exile? and beggary ; and there were lives of famous men, some who were famous for their form and beauty as well as for their strength and success in games?, or, again, for their birth and the qualities? of their ancestors ; and some who were the reverse of famous for the opposite qualities. And of women likewise ; there was not, however, any definite character? in them, because the soul, when choosing a new life, must of necessity become different. But there was every other quality, and they all mingled with one another, and also with elements of wealth and poverty, and disease and health ; and there were mean states also. And here, my dear Glaucon, is the supreme? peril of our human state ; and therefore the utmost care? should be taken. Let each one of us leave every other kind of knowledge and seek and follow one thing only, if peradventure he may be able to learn and may find someone who will make him able to learn and discern between good and evil?, and so to choose always and everywhere? the better life as he has opportunity. He should consider the bearing of all these things which have been mentioned severally and collectively upon virtue ; he should know what the effect of beauty is when combined with poverty or wealth in a particular soul, and what are the good and evil consequences of noble and humble birth, of private and public station, of strength and weakness, of cleverness and dullness, and of all the natural and acquired gifts of the soul, and the operation of them when conjoined ; he will then look at the nature of the soul, and from the consideration of all these qualities he will be able to determine which is the better and which is the worse ; and so he will choose, giving the name of evil to the life which will make his soul more unjust, and good to the life which will make his soul more just ; all else he will disregard. For we have seen and know that this is the best choice both in life and after death. A man must take with him into the world below an adamantine faith? in truth? and right, that there too he may be undazzled by the desire of wealth or the other allurements of evil, lest, coming upon tyrannies and similar villanies, he do irremediable wrongs to others and suffer yet worse himself ; but let him know how to choose the mean and avoid the extremes on either side, as far as possible, not only in this life but in all that which is to come. For this is the way of happiness.

And according to the report of the messenger from the other world this was what the prophet said at the time : “Even for the last comer, if he chooses wisely and will live diligently, there is appointed a happy and not undesirable existence?. Let not him who chooses first be careless, and let not the last despair.” And when he had spoken, he who had the first choice came forward and in a moment chose the greatest tyranny ; his mind having been darkened by folly? and sensuality, he had not thought? out the whole matter before he chose, and did not at first sight perceive that he was fated, among other evils, to devour his own children. But when he had time to reflect, and saw what was in the lot, he began to beat his breast and lament over his choice, forgetting the proclamation of the prophet ; for, instead of throwing the blame of his misfortune on himself, he accused chance and the gods, and everything rather than himself. Now he was one of those who came from heaven, and in a former life had dwelt in a well-ordered State, but his virtue was a matter of habit only, and he had no philosophy. And it was true of others who were similarly overtaken, that the greater number of them came from heaven and therefore they had never been schooled by trial, whereas the pilgrims WhO came from earth, having themselves suffered and seen others suffer, were not in a hurry to choose. And owing to this inexperience of theirs, and also because the lot was a chance, many of the souls exchanged a good destiny for an evil or an evil for a good. For if a man had always on his arrival in this world dedicated himself from the first to sound philosophy, and had been moderately fortunate in the number of the lot, he might, as the messenger reported, be happy here, and also his journey to another life and return to this, instead of being rough and underground, would be smooth and heavenly. Most curious, he said, was the spectacle — sad and laughable and strange ; for the choice of the souls was in most cases based on their experience of a previous life. There he saw the soul which had once been Orpheus choosing the life of a swan out of enmity to the race of women, hating to be born of a woman because they had been his murderers ; he beheld also the soul of Thamyras choosing the life of a nightingale ; birds, on the other hand, like the swans and other musicians, wanting to be men. The soul which obtained the twentieth lot chose the life of a lion, and this was the soul of Ajax the son of Telamon, who would not be a man, remembering the injustice which was done him in the judgment about the arms. The next was Agamemnon, who took the life of an eagle, because, like Ajax, he hated human nature by reason? of his sufferings. About the middle came the lot of Atalanta ; she, seeing the great fame of an athlete, was unable to resist the temptation : and after her there followed the soul of Epeus the son of Panopeus passing into the nature of a woman cunning in the arts? ; and far away among the last who chose, the soul of the jester Thersites was putting on the form of a monkey. There came also the soul of Odysseus having yet to make a choice, and his lot happened to be the last of them all. Now the recollection of former toils had disenchanted him of ambition, and he went about for a considerable time in search of the life of a private man who had no cares ; he had some difficulty in finding this, which was lying about and had been neglected by everybody else ; and when he saw it, he said that he would have done the same had his lot been first instead of last, and that he was delighted to have it. And not only did men pass into animals, but I must also mention that there were animals tame and wild who changed into one another and into corresponding human natures — the good into the gentle and the evil into the savage, in all sorts of combinations.

All the souls had now chosen their lives, and they went in the order of their choice to Lachesis, who sent with them the genius whom they had severally chosen, to be the guardian of their lives and the fulfiller of the choice : this genius led the souls first to Clotho, and drew them within the revolution of the spindle impelled by her hand, thus ratifying the destiny of each ; and then, when they were fastened to this, carried them to Atropos, who spun the threads and made them irreversible, whence without turning round they passed beneath the throne of Necessity ; and when they had all passed, they marched on in a scorching heat to the plain of Forgetfulness, which was a barren waste destitute of trees and verdure ; and then toward evening they encamped by the river of Unmindfulness, whose water no vessel can hold ; of this they were all obliged to drink a certain quantity, and those who were not saved by wisdom drank more than was necessary ; and each one as he drank forgot all things. Now after they had gone to rest, about the middle of the night there were a thunderstorm and earthquake, and then in an instant they were driven upward in all manner of ways to their birth, like stars shooting. He himself was hindered from drinking the water. But in what manner or by what means he returned to the body he could not say ; only, in the morning, awaking suddenly, he found himself lying on the pyre.

And thus, Glaucon, the tale has been saved and has not perished, and will save us if we are obedient to the word spoken ; and we shall pass safely over the river of Forgetfulness, and our soul will not be defiled. Wherefore my counsel is that we hold fast ever to the heavenly way and follow after justice and virtue always, considering that the soul is immortal and able to endure every sort of good and every sort of evil. Thus shall we live dear to one another and to the gods, both while remaining here and when, like conquerors in the games who go round to gather? gifts, we receive? our reward. And it shall be well with us both in this life and in the pilgrimage of a thousand years which we have been describing.


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