Página inicial > Filosofia da Ciência e da Técnica > Varela: SOBRE EL SER COGNITIVO NO UNITARIO

La habilidad ética

Varela: SOBRE EL SER COGNITIVO NO UNITARIO

quinta-feira 21 de outubro de 2021, por Cardoso de Castro

      

Con el fin de que el ser no unitario cobre significado desde nuestra tradición   y nuestra perspectiva (occidental), se antoja necesario dirigirse a la ciencia cognitiva moderna; sin embargo, no hemos de quedarnos en una sola de las tendencias de la ciencia cognitiva, porque incluso las perspectivas más conservadoras de la misma, como la computacional, niegan la existencia de un ser unitario sólido y centralizado.

El computacionalismo de la ciencia cognitiva abraza la idea   de que el ser o el sujeto cognitivo aparece fundamentalmente fragmentado; establece procesos mentales o cognitivos de los que, no solo no somos conscientes, sino que además ni siquiera podemos llegar a concienciarnos de ellos. En realidad, el computacionalismo postula mecanismos y procesos mentales (no solo físicos o biológicos) que no son accesibles en el «nivel personal» de consciencia, especialmente si hablamos de autoconsciencia. Dicho de otro modo, no se puede discernir en conocimiento o introspección consciente ninguna de las estructuras y procesos cognitivos que se postulan con el fin de dar cuenta del comportamiento cognitivo. Si la cognición es sobre todo una computación simbólica, la discrepancia entre «personal» y «subpersonal» aparece de inmediato, porque, presumiblemente, nadie es consciente de estar computando símbolos internamente cuando piensa.

Es fácil dejar pasar por alto la importancia de esta objeción al entendimiento del ser, debido, sobre todo, a la creencia posfreudiana en el inconsciente. Sin embargo, hay una diferencia entre lo que generalmente se entiende por «inconsciente» y lo que el computacionalismo quiere decir cuando afirma que los procesos mentales son inconscientes. Tendemos a suponer que lo que es inconsciente se puede llevar al nivel de la consciencia —si no se consigue a través de la reflexión, entonces por medio de un análisis introspectivo como la psicoterapia freudiana—. El computacionalismo insiste en la existencia de procesos mentales que no se pueden transportar al nivel de la consciencia de ninguna manera. Según esto, no se trata de que seamos inconscientes de las reglas que gobiernan la generación de imágenes mentales o de las que rigen el procesamiento visual; sencillamente es que nunca podremos ser conscientes de estas reglas. Un enfoque computacional postula que estos procesos no pueden trasladarse al nivel de la consciencia sin que dejen de operar, porque, por naturaleza, la consciencia es lenta y deliberada, y no rápida y automática como ha de ser, por ejemplo, la vista para que funcione adecuadamente. Otro describe estos procesos como «modulares», es decir, como subsistemas nítidos en los que la actividad mental   consciente no puede «penetrar» [1]. En este sentido, el computacionalismo pone en tela de juicio nuestra convicción de que la consciencia y la mente   vienen a ser lo mismo o de que existe una conexión esencial o necesaria entre ambas.

Freud   también puso en duda que la mente   y la consciencia fueran lo mismo y se apercibió de que esa distinción lleva a la desunión del ser o sujeto cognitivo, punto al que volveremos en un instante. Sin embargo, no queda claro si Freud dio un paso más hasta poner en duda incluso la existencia de una conexión necesaria o esencial entre la mente y la consciencia. En sus argumentaciones sobre creencias, deseos y motivaciones inconscientes dejó abierta la posibilidad de que esos procesos pertenecieran a un fragmento de nosotros mismos oculto en las profundidades de la psique   [2]. Aunque no sabemos hasta dónde quería llegar Freud con esa fragmentación, sí que sabemos que cuando los cognitivistas hablan de un conjunto   de procesos fragmentarios quieren decir exactamente lo que dicen. Como afirma Dennett:

Aunque en las nuevas teorías [cognitivas] abundan metáforas de homúnculos deliberadamente extravagantes —subsistemas como pequeños hombrecillos que envían mensajes de un lado a otro del cerebro, piden u ofrecen ayuda y obedecen—, se considera que esos subsistemas en realidad son partículas de la maquinaria orgánica no conscientes y carentes de vida interna y punto de vista, como lo son, por ejemplo, el riñón o la rótula [3].

Es decir, la caracterización de estos sistemas «subpersonales» como «metáforas de homúnculos extravagantes» es provisional porque, con el tiempo, esas metáforas «se abandonan» en beneficio de la tormenta de actividad de procesos carentes de ser como las redes neuronales o las estructuras de datos típicas de la inteligencia artificial [4].

No obstante, nuestra convicción preteórica y cotidiana establece que la cognición y la consciencia —sobre todo la autoconsciencia— pertenecen al mismo dominio. El cognitivismo va en dirección contraria: al determinar el ámbito de la cognición, el cognitivismo elude la distinción entre consciencia e inconsciencia. Algunos sistemas representacionales son conscientes, pero no tienen por qué tener representaciones o estados intencionales. Por tanto, para los cognitivistas cognición e intencionalidad (representación) constituyen una pareja inseparable y no así cognición y consciencia.

Los primeros científicos cognitivistas consideraron que esta división teórica del dominio cognitivo era «un descubrimiento empírico de gran relevancia» [5], afirmación que vuelve a subrayar la importante transformación que esta ciencia puso en escena. Surge ahora un problema, porque parece que nos vamos olvidando de un hecho que nos es indudablemente cercano y familiar: nuestro sentido del ser. Si la consciencia, por no mencionar la inconsciencia, no es esencial para la cognición, y si, en el caso de sistemas cognitivos que son conscientes, como nosotros mismos, la consciencia representa sólo un tipo de proceso mental, ¿qué es el sujeto cognitivo? ¿Es el conjunto de todos los procesos mentales conscientes e inconscientes?, o ¿es simplemente un tipo de proceso mental, por ejemplo, el consciente, entre todos los demás? En cualquiera de los casos, nuestro sentido del ser se pone a prueba, porque, por lo general, suponemos que el ser implica la posesión de un «punto de vista» coherente y unificado, un lugar privilegiado y estable desde el que pensar, percibir y actuar. En realidad, este sentido que nos dice que tenemos (¿somos?) un ser parece tan incontrovertible que su negación —incluso por la ciencia— se nos antoja absurda; sin embargo, si tuviéramos que dar un vuelco a la situación y buscar el ser, nos costaría encontrarlo. Como siempre, Dennett trata este asunto con agudeza:

Entramos en el cerebro por el ojo, seguimos por el nervio óptico, damos vueltas y más vueltas por la corteza cerebral, miramos detrás de cada una de las neuronas y, antes de darnos cuenta, salimos a la luz del día impulsados por la fuerza de un nervio motor y nos encontramos rascándonos la cabeza y preguntándonos dónde está el ser [6].

Nuestro problema va más allá, porque no sólo se trata de que seamos incapaces de encontrar un ser coherente y unificado entre la fuerte tormenta de actividad «subpersonal». Esta inhabilidad ciertamente pondría a prueba nuestro sentido del ser, pero el desafío quedaría limitado. Podríamos suponer que sí que hay un ser pero que no hay manera de encontrarlo por ese camino. Quizá, como dijo Jean-Paul Sartre  , el ser está tan cerca que no hay manera de encontrarlo dándonos la vuelta. El desafío computacional es más serio; según este enfoque, la cognición puede desarrollarse sin consciencia, ya que no existe una conexión esencial o necesaria entre las dos. Sea lo que sea lo que supongamos que el ser es, tendemos a pensar que la consciencia constituye el rasgo central del mismo. Siguiendo por esa línea, el computacionalismo duda de la convicción de que ese rasgo central del ser sea necesario para la cognición. Dicho de otro modo, el desafío cognitivo no sólo consiste en afirmar   que no podemos encontrar el ser, sino en implicar que el ser no es ni siquiera necesario para la cognición.

Llegados a este punto, se hace tangible la tensión entre lo que la ciencia afirma y nuestra experiencia inmediata. Si la cognición puede proceder sin el ser, ¿por qué tenemos experiencia del ser? No nos podemos olvidar de esta experiencia sin antes dar una explicación. Hasta hace bien poco, muchos científicos y filósofos estudiosos de la mente quitaban hierro al asunto al afirmar que las incertidumbres que rodean este problema no son relevantes para los objetivos de la ciencia cognitiva [7].


Ver online : La habilidad ética


[1Jerry Fodor, The Modularity of the Mind, Cambridge, MIT Press, Bradford Books, 1983. (Existe versión en español: La modularidad de la mente. Un ensayo sobre la psicología de las facultades, Madrid, Morata, 1986.)

[2Douglas R. Hofstadter y Daniel Dennett (eds.), The Mind’s Eye: fantasies and Reflections on Self and Souls, Nueva York, Basic Books, 1981, pág. 12.

[3Ibid. 1 Procedimientos y conceptos / El comienzo de la cuestión / Primer Párrafo (Referencia a pág. 13 en el libro impreso).

[4Véanse los ensayos de Dennett «Toward a Cognitive Theory of Consciousness» y «Artificial Intelligence as Philosophy and Psychology», publicados en Brainstorms, Cambridge, MIT Press, Bradford Books, 1978.

[5Zenon Pylyshyn, Computation and Cognition, Cambridge, MIT Press, 1989, pág. 265. (Existe versión en español: Computación y conocimiento: hacia una fundamentación de la ciencia cognitiva, Madrid, Debate, 1988.)

[6Daniel Dennett, Elbow Room: The Varieties of Free Will Worth Wanting, Cambridge, MIT Press, Bradford Books, 1984, págs. 74-75.

[7Véase Jerry Fodor, The Language of Thought, Cambridge, Harvard University Press, 1975, pág. 52. (Existe versión en español: El lenguaje del pensamiento, Madrid, Alianza, 1984.)