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A REPÚBLICA

Platão - A República - Livro I (347e-354c) – A injustiça é mais vantajosa que a justiça?

LIVRO I

sexta-feira 17 de setembro de 2021, por Cardoso de Castro

      

Eggers Lan

Ahora me parece mucho mejor examinar lo que dice Trasímaco cuando afirma que el modo de vida del injusto vale más que el del justo. En lo que toca a ti, Glaucón, ¿cuál de ambos modos   de vida eliges? ¿Cuál de las dos afirmaciones te parece más valedera?

—Creo —dijo— que el modo de vida del justo es más provechoso.

348a—¿Tú has escuchado cuántos bienes acaba de enumerar Trasímaco en el modo de vida del injusto?

—Lo he escuchado, pero no me ha convencido.

—¿Quieres que lo persuadamos, si podemos descubrir de qué modo hacerlo, de que no dice la verdad?

—¿Cómo no he de quererlo? —exclamó Glaucón.

—Pues bien, si nos contrapusiéramos a él, efectuando un recuento frente al suyo, de cuántos bienes ofrece el ser justo, y él a su vez replicara y nosotros a él, habría que enumerar los bienes y contar cuántos bmencionamos de cada lado; y por ende necesitaríamos jueces que decidieran. Si hacemos el examen, en cambio, poniéndonos de acuerdo entre nosotros, como antes, nosotros mismos seremos a la vez jueces y oradores.

—Es muy cierto.

—¿Cuál de los dos procedimientos prefieres?

—El segundo.

—Pues entonces —dije—, Trasímaco, vuelve al comienzo, y respóndenos: ¿afirmas que la completa injusticia es más provechosa que la justicia plena?

—Claro que lo afirmo —replicó Trasímaco—, y también he dicho cpor qué.

—Y bien, veamos de qué modo hablas de esas dos cosas: ¿calificas a una de «excelencia» y de «malogro» la otra?

—Sí.

—Por tanto, ¿calificas a la justicia de «excelencia» y a la injusticia de «malogro»?

—Probablemente, mi gracioso   amigo, puesto que digo que la injusticia da provecho y la justicia no.

—Pues entonces, ¿qué afirmas?

—Lo contrario.

—En tal caso, ¿es la justicia malogro?

—No, más bien una genuina candidez.d

—¿Y a la injusticia la llamas mala predisposición?

—No, sino buen sentido.

—¿Y también crees, Trasímaco, que los injustos son inteligentes y buenos?

—Sí, al menos los que pueden obrar   de modo completamente   injusto, y que tienen el poder   de someter a Estados y a pueblos enteros. Tú piensas, tal vez, que me refiero a los cortadores de bolsas; incluso esto da provecho, también, si pasa inadvertido, pero lo que es digno de mención no es eso, sino las cosas de que acabo de hablar.

—No, me doy bien cuenta de lo que quieres decir, pero aún me easombra que coloques a la injusticia en la sección de la excelencia y de la sabiduría, y a la justicia en la sección contraria.

—Sin embargo, así las coloco, por cierto.

—Esto es ahora algo más sólido, mi amigo, y ya no es fácil poder contestarlo. Si hubieses afirmado, en efecto, que la injusticia da provecho, pero concordaras con otros en que es maldad y algo vergonzoso, podríamos replicar hablando conforme al uso habitual de estas palabras. Pero ahora es patente que dirás que es una cosa bella y vigorosa y que le atribuirás todo lo demás que atribuimos a lo justo, ya que has 349atenido la audacia de colocar   a la injusticia en la sección de la excelencia y de la sabiduría.

—Adivinas perfectamente la verdad.

—Sin embargo, no debo vacilar en proseguir el examen del argumento  , al menos mientras suponga que lo que dices es lo que piensas. Pues me da la impresión, Trasímaco, de que ahora realmente no bromeas, sino que dices lo que crees acerca de la verdad de estas cosas.

—¿Y qué diferencia te hace el que lo crea o no? Más bien refuta mi argumentación.

b—No hay ninguna diferencia. Pero trata de responder también a esto: ¿te parece que el hombre justo quiere superar en algo a otro justo?

—De ningún modo, pues en tal caso no sería tan encantador y cándido como es.

—¿Y tampoco está dispuesto a superar a la acción justa?

—Tampoco.

—¿Consideraría valioso, en cambio, superar al injusto, y creería que eso es justo, o pensaría que no es justo?

—Creería que es justo superar al injusto y lo consideraría valioso, pero no lo lograría.

—Esto último no es lo que pregunté, sino sólo si el justo no consideraría cvalioso ni querría superar al justo, mas sí al injusto.

—Sí, así es.

—Y en lo que hace al injusto, ¿acaso consideraría valioso aventajar al justo y a la acción justa?

—¿Y cómo no, si precisamente es el que considera valioso superar a todos?

—Por consiguiente, el injusto luchará para aventajar al hombre injusto y a la acción injusta, de modo de lograr mucho más que todos.

—Así es.

—Afirmemos esto, entonces: el justo no tratará de aventajar a su dsemejante, sino a su contrario; mientras el injusto tratará de aventajar tanto a su semejante como a su contrario.

—Muy bien dicho.

—Ahora bien, el injusto es inteligente y bueno; el justo ni una cosa ni la otra.

—Efectivamente.

—Por consiguiente, el injusto se parece al inteligente y al bueno, mientras el justo no se parece a éstos.

—¿Y cómo no ha de parecérseles aquel que es como ellos, en tanto el otro no?

—Muy bien. Por lo tanto, ¿cada uno   de ellos es tal como aquellos a quienes se parece?

—¡Pero no veo de qué otro modo podría ser!

—Está bien, Trasímaco, ¿llamas «músico  » a alguien, y a otro «no músico»?e

—Sí.

—¿Y cuál de ellos dices que es inteligente y a cuál llamas tonto?

—Por supuesto, digo que el músico es inteligente y que el no-músico es tonto.

—Y en lo que uno   es inteligente es también bueno, mientras que en ese sentido el tonto es malo.

—Así es.

—Y respecto del médico hablaremos del mismo modo.

—Del mismo modo.

—¿Y te parece, mi excelente amigo, que un buen músico, al templar la lira, quiere aventajar a otro músico en cuanto a poner tensas las cuerdas o aflojarlas, y considera valioso aventajarlo en eso?

—No, claro.

—Pero querrá aventajar, en esa actividad, a quien no sea músico.

—Forzosamente.

—Y en cuanto al médico, cuando prescribe un régimen de comidas 350ay bebidas, ¿te parece que quiere aventajar a un médico o a la profesión de médico?

—Sin duda que no.

—Pero querrá aventajar en eso a quien no sea médico.

—Claro.

—Mira ahora, respecto de cualquier conocimiento artesanal o de la ausencia del mismo, si te parece que el conocedor de un arte quiere lograr, en lo que hace o dice, más que otro conocedor de ese arte, en lugar   de obtener lo mismo que su semejante en dicha actividad.

—Parecería forzoso que sea de la segunda manera.

—¿Y el que desconoce el arte? ¿No trataría de aventajar tanto al conocedor de dicho arte como igualmente al que lo desconoce?b

—Tal vez.

—¿Y el conocedor es sabio?

—Sí.

—¿Y el sabio es bueno?

—Sí.

—En tal caso, el que es bueno y sabio no querrá aventajar a su semejante, sino a su contrario.

—Así parece.

—El malo e ignorante, en cambio, querrá aventajar tanto a su semejante como a su contrario.

—Es manifiesto.

—Pues bien, Trasímaco, el injusto nos parecía que quería aventajar tanto a su contrario como a su semejante. ¿Acaso no decías eso?

—Sí.

c—Y vimos que el justo no quiere aventajar a su semejante, sino a su contrario.

—Sí.

—En tal caso, el justo se parece al sabio y bueno, el injusto al malo e ignorante.

—Probablemente.

—Pero nos hemos puesto de acuerdo, además, en que cada uno de ellos es tal como aquellos a los que cada uno se parece.

—En efecto, lo hemos acordado.

—Por lo tanto, el justo se nos ha revelado como bueno y sabio, en tanto el injusto como ignorante y malo.

Trasímaco convino en todo esto, pero no tan fácilmente como lo narro ahora, sino que lo hizo compelido y a regañadientes, con gran sudor, más aún por el calor   que había. Entonces vi algo que nunca había visto antes: Trasímaco enrojecía. Ahora bien, después de que hubimos convenido en que la justicia es excelencia y sabiduría y la injusticia, en cambio, malogro e ignorancia, dije:

—Bien, demos esto por establecido. Pero también hemos dicho que la injusticia es vigorosa. ¿Recuerdas, Trasímaco?

—Recuerdo —dijo—. Pero no estoy conforme con lo que acabas ede decir, y tendría bastante que hablar de estas cosas. Claro que si lo hiciera, bien sé que dirías que estoy arengando. De modo que, o bien me dejas hablar como quiero, o bien, si quieres preguntar, pregunta, y yo te diré «está bien» —como a las viejas que cuentan leyendas—, asintiendo o disintiendo con la cabeza.

—Pero de modo que, en ningún caso, sea en contra de tu propia opinión.

—Del modo que te plazca —dijo—, puesto que no me permites hablar. ¿Quieres algo más que eso?

—¡En nombre de Zeus  , nada más! Si obras así, hazlo. Yo preguntaré.

—Pregunta, pues.

—Te preguntaré lo que te acabo de preguntar, a fin de examinar la 351acuestión ordenadamente: cuál es la relación entre la justicia y la injusticia. Hace un momento ha sido dicho que la injusticia es más poderosa y más fuerte que la justicia. Pero ahora, añadí si la justicia es sabiduría y excelencia, pienso que se manifiesta fácilmente más fuerte que la injusticia, puesto que la injusticia es ignorancia: nadie lo desconocería. Mas no deseo valerme de algo tan simple, Trasímaco; prefiero examinarlo de otro modo: ¿dices que un Estado   puede ser injusto e intentar someter injustamente a otros Estados, o haberlos sometido ya, e incluso bmantener sometidos bajo sí muchos Estados?

—¡Claro! —contestó—. Y el mejor Estado, que es el injusto, lo llevará a cabo antes que ningún otro y del modo más perfecto.

—Comprendo, porque ésta era tu tesis —dije—. Pero respecto de ella examino lo siguiente: el Estado que llega a prevalecer sobre otro, ¿ha de mantener ese poder sin justicia, o le será forzoso contar con justicia?

—Si fuera como tú acabas de decir, que la justicia es sabiduría, ctendría que contar con justicia —respondió—. Pero si es como yo he dicho, con injusticia.

—Estoy encantado, Trasímaco —dije yo—, porque no te limitas a asentir y disentir con la cabeza, sino que también respondes tan brillantemente.

—Lo hago para complacerte —contestó.

—Y lo haces muy bien; pero ahora dime esto, también para complacerme: ¿te parece que un Estado o un ejército, o una banda de piratas o de ladrones, o cualquier otro grupo que se propusiera hacer en común algo injusto, podría tener éxito si cometieran injusticias entre sí?

—No, por cierto.d

—Y si no las cometieran ¿sería más probable que tuvieran éxito?

—Seguramente.

—En efecto, Trasímaco, la injusticia produce entre los hombres discordias, odios y disputas; la justicia, en cambio, concordia y amistad. ¿No es así?

—Aceptémoslo —contestó— para no discutir contigo.

—Pero haces muy bien, mi excelente amigo. Y ahora dime esto: si la obra de la injusticia es crear odio allí donde se encuentre, al surgir   entre hombres libres o bien entre esclavos, ¿no hará que se odien y disputen entre sí, de modo que sean incapaces de hacer juntos algo en común?e

—Sin duda.

—¿Y si surge entre dos personas? ¿No discutirán y se odiar  án y llegarán a ser tan enemigos entre sí como lo son de los justos?

—Sí, llegarán a serlo.

—¿Y esta propiedad la perderá la injusticia en caso de que surja en un solo hombre, admirable Trasímaco, o en nada disminuirá?

—En nada disminuirá —respondió.

—Por consiguiente, sea que surja en un Estado, en una familia, en un ejército o en donde sea, aparece siempre contando con la propiedad 352ade producir, primeramente, la incapacidad de obrar en conjunto  , a raíz de las disputas y discordias, y, en segundo lugar  , la existencia de una enemistad tanto consigo mismo como con cualquier otro y con el justo. ¿No es así?

—Así es.

—Y cuando se encuentra en un solo hombre, pienso, producirá todas las obras que corresponden a su naturaleza. Primeramente, la incapacidad para obrar, poniéndolo en conflicto y en desacuerdo consigo mismo, y, en segundo lugar, lo tornará hostil tanto consigo mismo como con los justos. ¿No es acaso así?

—Sí.

—Ahora bien, también los dioses son justos, ¿no, mi amigo?

b—Que lo sean —respondió.

—En tal caso, Trasímaco, el injusto será hostil a los dioses, y el justo será amigo de ellos.

—Disfruta del argumento sin temor a mi réplica —dijo—. Pues yo no te he de contradecir, para no volverme odioso a tus amigos.

—Y bien —proseguí—, completa lo que queda del festín respondiéndome como hasta ahora. Pues los justos aparecen como más sabios, mejores y más capaces de actuar, mientras los injustos no pueden chacer nada juntos: y si decimos que algunas veces, aun siendo injustos, hacen algo juntos en común y con vigor, no diremos la verdad en ningún sentido. En efecto, si fueran completamente injustos, no se habrían abstenido de enfrentarse entre sí, sino que evidentemente anidaba en ellos algo de justicia, lo que les impedía atacarse entre sí mientras cometían injusticias contra otros, y gracias a ella han hecho lo que han hecho. Esto es, se han abocado a obrar injustamente cuando estaban perjudicados sólo a medias por la injusticia, ya que los que estuvieran completamente depravados y fueran completamente injustos no hubiesen dpodido hacer nada. Que estas cosas sean así lo comprendo, pero no como tú las expusiste al comienzo. Ahora debemos examinar si los justos viven mejor que los injustos y si son más felices, que es lo que anteriormente propusimos. Por cierto, eso parece claro, al menos así lo creo, a partir de lo que hemos estado diciendo. No obstante, hay que examinarlo mejor, pues no es un tema cualquiera, sino que concierne a cuál es el modo en que se debe vivir.

—Examínalo, entonces —dijo.

—Lo examinaré —respondí—. Dime, ¿te parece que hay una función propia del caballo?

—Me parece que sí.e

—Y lo que admites como función del caballo, al igual que en cualquier otro caso, ¿no es lo que sólo aquél hace, o lo que él hace mejor?

—No comprendo —alegó.

—Veamos de este modo: ¿puedes ver con otra cosa que con los ojos?

—No, por cierto.

—¿Y puedes oír con otra cosa que con los oídos?

—De ningún modo.

—En tal caso, ¿sería correcto que dijéramos que ver y oír son funciones de esos órganos?

—Ciertamente.

—Ahora bien, ¿podrías cortar un sarmiento de una vid con un 353acuchillo o con un cincel o con otras herramientas análogas?

—¡Sí que podría!

—Sin embargo, me parece que con ninguna de ellas se podaría la vid tan apropiadamente como con una podadera, que ha sido fabricada para ello.

—Es verdad.

—¿Admitiremos, en consecuencia, que podar la vid es función de la podadera?

—Admitámoslo.

—Creo que ahora comprenderás mejor lo que te preguntaba hace un momento, cuando inquiría si la función de cada cosa es o no lo que sólo ella cumple o lo que esa cosa cumple más apropiadamente.

—Efectivamente, comprendo, y me parece que eso es la función bde cada cosa.

—Bien. ¿Y no te parece que hay una excelencia para cada cosa que tiene asignada una función? Pero volvamos a lo dicho antes: ¿no decíamos que los ojos tienen una función?

—Sí, tienen una función.

—¿Y no tienen los ojos también una excelencia?

—También.

—Pero, además, ¿había una función de los oídos?

—Sí.

—¿Y por consiguiente, también una excelencia?

—Sí, también.

—¿Y no sucede lo mismo respecto de todas las demás cosas?

—Lo mismo.

—Y bien, ¿acaso los ojos podrían alguna vez cumplir adecuadamente su función, si no cuentan con su propia excelencia, sino, en su clugar, con una falencia?

—¡Claro que no! —contestó—. Ya que seguramente quieres decir que tienen la ceguera en lugar de la vista.

—Cualquiera que sea su excelencia —repliqué—, pues todavía no pregunto esto, sino si las cosas que tienen una función la cumplen bien gracias a la propia excelencia, pero mal con su malogro.

—Eso es cierto.

—Por consiguiente, también los oídos, privados de su excelencia, cumplirán mal su función.

—Por cierto.

d—¿Y aplicaremos a todas las cosas el mismo argumento?

—Me parece que sí.

—Bien. Después de eso, debemos examinar lo siguiente: hay funciones del alma   que ninguna otra cosa distinta de ella podría cumplir. Por ejemplo, el prestar atención, el gobernar, el deliberar y todo lo de esa índole: ¿será correcto que atribuyamos estas funciones a otra cosa que al alma y diremos que son propias de ésta?

—Las atribuiremos al alma.

—Y respecto del vivir, ¿diremos que es una función del alma?

—Claro, por encima de todo.

—¿El alma tiene, por ende, una excelencia?

—Así es.

e—¿Y alguna vez, Trasímaco, el alma cumplirá bien sus funciones si está privada de su propia excelencia, o le será imposible?

—Le será imposible.

—Forzoso es, por consiguiente, gobernar y prestar atención mal con un alma mala, y, con un alma buena, hacer bien todas esas cosas.

—Forzoso.

—¿Y no habíamos convenido que la justicia es excelencia, y la injusticia malogro de aquélla?

—En efecto.

—El alma justa, por ende, el hombre justo, vivirá bien; el injusto, en cambio, mal.

—Según tu argumento —dijo— es manifiesto.

354a—Pero precisamente quien vive bien es feliz y bienaventurado, al contrario del que vive mal.

—Así es.

—Por lo tanto, el justo es feliz y el injusto desdichado.

—Admitámoslo.

—Ahora bien; no se obtiene provecho al ser desdichado, sino al ser feliz.

—¡Claro!

—En tal caso, bienaventurado Trasímaco, es más provechosa la justicia que la injusticia.

—Bien, Sócrates   —dijo—, ya tienes tu festín para honrar a la diosa Bendis.

—A ti te lo debo, Trasímaco —dije—, por haber sido tan amable conmigo y cesar de irritarte. Si a pesar de eso no lo disfruto, no es por tu causa  , sino por la mía. En efecto, tal como los glotones engullen vorazmente b cada nuevo manjar que les sirven, antes de saborear el anterior   de modo adecuado, así me parece que yo, antes de hallar lo que debíamos examinar primeramente, o sea, qué es lo justo, lo he dejado de lado y me he abocado al examen de si lo justo es ignorancia o sabiduría y excelencia; y luego, al ocurrírseme la cuestión de si la injusticia es más provechosa que la justicia, no he podido abstenerme de pasar del asunto anterior a éste; de modo que el resultado del diálogo   es que ahora no c sé nada. En efecto, puesto que no sé qué es lo justo, mucho menos he de saber si es excelencia o no, ni si quien lo posee es feliz o infeliz.

Chambry

Mais nous reviendrons sur ce point une autre fois; j’attache une bien plus grande importance à ce que dit maintenant Thrasymaque, que la vie de l’homme injuste est supérieure à celle du juste. Quel parti prends-tu, Glaucon ? demandai-je. Laquelle de ces assertions te semble la plus vraie ?

La vie du juste, répondit-il, me semble plus profitable.

As-tu entendu l’énumération que Thrasymaque vient de faire, des biens attachés à la vie de l’injuste ?

J’ai entendu, mais je ne suis pas persuadé.

Alors veux-tu que nous le persuadions, si nous pouvons en trouver le moyen, qu’il n’est pas dans le vrai?

Comment ne le voudrais-je pas? dit-il.

Si donc, repris-je, tendant nos forces contre lui et opposant discours à discours, nous énumérons les biens que procure la justice, qu’il réplique à son tour, et nous de nouveau, il faudra compter et mesurer les avantages (348b) cités de part et d’autre en chaque discours (31), et nous aurons besoin de juges pour décider ; si, au contraire, comme tout à l’heure, nous débattons la question jusqu’à mutuel accord, nous serons nous-mêmes ensemble juges et avocats.

C’est vrai, dit-il.

Laquelle de ces deux méthodes préfères-tu ?

La seconde.

Or çà, donc, Thrasymaque, reprenons au début et réponds-moi. Tu prétends que la parfaite injustice est plus profitable que la parfaite justice ?

(348c) Certainement, répondit-il, et j’ai dit pour quelles raisons.

Fort bien, mais à leur sujet comment entends-tu ceci : appelles-tu l’une vertu et l’autre vice ?

Sans doute.

Et c’est la justice que tu nommes vertu et l’injustice vice ?

Il y a apparence, très charmant homme, quand je dis que l’injustice est profitable et que la justice ne l’est pas !

Quoi donc alors ?

Le contraire, dit-il (32).

La justice est un vice ?

(348d) Non, mais une très noble simplicité de caractère.

Alors l’injustice est méchanceté de caractère?

Non pas, elle est prudence.

Est-ce, Thrasymaque, que les injustes te semblent sages et bons ?

Oui, répondit-il, ceux qui sont capables de commettre l’injustice avec perfection et de se soumettre villes et peuples. Tu crois peut-être que je parle des coupeurs de bourse ? De telles pratiques sont sans doute profitables, tant qu’elles ne sont pas découvertes ; mais elles ne méritent point mention à côté de celles que je viens d’indiquer.

Je conçois bien ta pensée, mais ce qui m’étonne c’est (348e) que tu classes l’injustice avec la vertu et la sagesse, et la justice avec leurs contraires.

Néanmoins, c’est bien ainsi que je les classe.

Cela s’aggrave, camarade, repris-je, et il n’est pas facile de savoir ce qu’on peut dire. Si, en effet, tu posais que l’injustice profite, tout en convenant, comme certains autres, qu’elle est vice et chose honteuse, nous pourrions te répondre en invoquant les notions courantes sur le sujet; mais évidemment tu diras qu’elle est belle et forte  , et tu lui donneras tous les attributs que nous donnions à la justice, puisque tu as osé la classer avec la vertu et la sagesse.

Tu devines très bien, dit-il.

Je ne dois   pourtant pas me refuser à poursuivre cet examen tant que j’aurai lieu de croire que tu parles sérieusement. Car il me semble réellement, Thrasymaque, que ce n’est point raillerie de ta part, et que tu exprimes ta véritable opinion.

Que t’importe, répliqua-t-il, que ce soit mon opinion ou non? Réfute-moi seulement.

Il ne m’importe en effet, avouai-je. Mais tâche de (349b) répondre encore à ceci : l’homme juste te paraît-il vouloir l’emporter en quelque chose sur l’homme juste ?

Nullement, dit-il, car il ne serait pas poli et simple comme il est.

Quoi! pas même dans une action juste ?

Pas même en cela.

Mais prétendrait-il l’emporter sur l’homme injuste, et penserait-il ou non le faire justement ?

Il le penserait, répondit-il, et le prétendrait, mais ne le pourrait point.

Ce n’est pas là ma question : je te demande si le juste n’aurait ni la prétention ni la volonté de l’emporter (349c) sur le juste, mais seulement sur l’injuste.

C’est ainsi, dit-il.

Et l’injuste prétendrait l’emporter sur le juste et sur l’action juste ?

Comment ne le voudrait-il pas, lui qui prétend l’emporter sur tous ?

Ainsi donc il l’emportera sur l’homme et sur l’action injustes, et luttera pour l’emporter sur tous ?

C’est cela.

Disons-le donc ainsi, repris-je : le juste ne l’emporte pas sur son semblable, mais sur son contraire ; l’injuste (349d) l’emporte sur son semblable et sur son contraire.

Excellemment exprimé, dit-il.

Mais, poursuivis-je, l’injuste est sage et bon, tandis que le juste n’est ni l’un ni l’autre?

Excellent aussi, dit-il.

Par conséquent l’injuste ressemble au sage et au bon, et le juste ne leur ressemble pas ?

Comment en serait-il autrement ? Étant ce qu’il est il ressemble à ses pareils, et l’autre ne leur ressemble pas.

Très bien. Chacun est donc tel que ceux auxquels il ressemble ?

Qui peut en douter ? demanda-t-il.

Soit, Thrasymaque ; maintenant ne dis-tu pas d’un (349e) homme qu’il est musicien, d’un autre qu’il ne l’est pas ?

Si.

Lequel des deux est sage, et lequel ne l’est pas ?

Le musicien assurément est sage et l’autre ne l’est pas.

Et l’un n’est-il pas bon dans les choses où il est sage, l’autre mauvais dans les choses où il ne l’est pas ?

Si.

Mais à l’égard du médecin n’est-ce pas ainsi ?

C’est ainsi.

Maintenant, crois-tu, excellent homme, qu’un musicien qui accorde sa lyre veuille, en tendant ou détendant les cordes, l’emporter sur un musicien, ou prétende avoir avantage sur lui ?

Non, je ne le crois pas.

Mais sur un homme ignorant la musique voudra-t-il l’emporter ?

Oui, nécessairement.

Et le médecin? en prescrivant nourriture et boisson voudra-t-il l’emporter sur un médecin ou sur la pratique médicale ?

Certes non.

Et sur un homme ignorant en médecine ?

Oui.

Mais vois, au sujet de la science et de l’ignorance en général, si un savant, quel qu’il soit, te semble vouloir l’emporter, en ses actes ou en ses paroles, sur un autre savant, et ne pas agir comme son semblable dans le même cas.

Peut-être est-ce nécessaire, avoua-t-il, qu’il en soit ainsi.

Mais l’ignorant, ne voudra-t-il pas l’emporter semblablement sur le savant et sur l’ignorant ?

(350b) Peut-être.

Or le savant est sage ?

Oui.

Et le sage est bon ?

Oui.

Donc l’homme sage et bon ne voudra pas l’emporter sur son semblable, mais sur celui qui ne lui ressemble pas, sur son contraire.

Apparemment, dit-il.

Tandis que l’homme méchant et ignorant voudra l’emporter sur son semblable et sur son contraire.

On peut le croire.

Mais, Thrasymaque, poursuivis-je, notre homme injuste ne l’emporte-t-il pas sur son contraire et son semblable ? Ne l’as-tu pas dit ?

Si, répondit-il.

Et n’est-il pas vrai que le juste ne l’emportera pas sur (350c) son semblable, mais sur son contraire?

Si.

Le juste, dis-je, ressemble donc à l’homme sage et bon, et l’injuste à l’homme méchant et ignorant.

Il y a chance.

Mais nous avons reconnu que chacun d’eux est tel que celui à qui il ressemble.

Nous l’avons reconnu en effet.

Le juste se révèle donc à nous bon et sage, et l’injuste ignorant et méchant.

Thrasymaque convint de tout cela, non pas aussi aisément (350d) que je le rapporte, mais malgré lui et avec peine. Il suait merveilleusement, d’autant plus qu’il faisait très chaud - et c’est alors que pour la première fois je vis Thrasymaque rougir ! Lors donc que nous fûmes convenus que la justice est vertu et sagesse et l’injustice vice et ignorance : Soit ! repris-je, tenons cela pour établi ; mais nous avons dit que l’injustice a aussi la force en partage. Ne t’en souviens-tu pas, Thrasymaque ?

Je m’en souviens, dit-il, mais ce que tu viens d’affirmer ne me plaît pas, et j’ai de quoi y répondre. Seulement je (350e) sais bien que si je prends la parole tu diras que je fais une harangue. Laisse-moi donc parler à ma guise, ou, si tu veux interroger, interroge ; et moi, comme on en use avec les vieilles femmes qui font des contes, je te dirai « soit ! », et de la tête je t’approuverai ou te désapprouverai.

Du moins, demandai-je, ne réponds nullement contre ton opinion.

Je ferai ce qui te plaira puisque tu ne me laisses pas parler. Que veux-tu davantage?

Rien, par Zeus, repris-je, fais comme tu l’entendras; je vais t’interroger.

Interroge.

Je te poserai donc la même question que tout à l’heure, afin de reprendre la suite de la discussion : qu’est la justice par rapport à l’injustice? Il a été dit, en effet que l’injustice est plus forte et plus puissante que la justice; mais maintenant, si la justice est sagesse et vertu, il apparaîtra aisément, je pense, qu’elle est plus forte que l’injustice, puisque l’injustice est ignorance. Personne ne peut encore l’ignorer. Pourtant ce n’est pas envisager la chose, mais du point de vue suivant : n’existe-t-il pas, dis-moi, de cité injuste qui tente d’asservir ou (351b) qui ait asservi injustement d’autres cités, tenant un grand nombre d’entre elles en esclavage ?

Assurément, répondit-il. Et c’est ainsi qu’agira la meilleure cité, la plus parfaitement injuste.

Je sais que c’était là ta thèse. Mais à ce propos je considère ce point : est-ce qu’une cité qui se rend maîtresse d’une autre cité le pourra faire sans la justice, ou sera obligée d’y avoir recours ?

Si, comme tu le disais tout à l’heure, la justice est (351c) sagesse, elle y aura recours; mais s’il en est comme je le disais, elle emploiera l’injustice.

Je suis charmé, Thrasymaque, que tu ne te contentes pas d’approuver ou de désapprouver d’un signe de tête, et que tu répondes si bien.

C’est, dit-il, pour te faire plaisir.

Très gentil de ta part. Mais fais-moi la grâce de répondre encore à ceci : crois-tu qu’une cité, une armée, une bande de brigands ou de voleurs, ou toute autre société qui poursuit en commun un but injuste, pourrait mener à bien quelque entreprise si ses membres violaient entre eux les règles de la justice ?

Certes non, avoua-t-il.

(351d) Mais s’ils les observaient ? Cela n’irait-il pas mieux ?

Certainement.

En effet, Thrasymaque, l’injustice fait naître entre les hommes des dissensions, des haines et des luttes, tandis que la justice entretient la concorde et l’amitié (33). N’est-ce pas?

Que cela soit ! dit-il, afin que je n’aie point de différend avec toi.

Tu te conduis fort bien, excellent homme. Mais réponds à cette question : si c’est le propre de l’injustice d’engendrer la haine partout où elle se trouve, apparaissant chez des hommes libres ou des esclaves, ne fera-t-elle pas qu’ils se haïssent, se querellent entre eux, et soient impuissants à rien entreprendre en commun? (351e)

Sans doute.

Mais si elle apparaît en deux hommes ? Ne seront-ils pas divisés, haineux, ennemis l’un de l’autre et des justes?

Ils le seront, dit-il.

Et si, merveilleux ami, l’injustice apparaît chez un seul homme, perdra-t-elle son pouvoir ou le gardera-t-elle intact ?

Qu’elle le garde intact ! concéda-t-il.

Donc, ne semble-t-elle pas posséder le pouvoir, en quelque sujet qu’elle apparaisse, cité, tribu, armée ou société quelconque, de rendre d’abord ce sujet incapable d’agir en accord avec lui-même, à cause des dissensions et des différends qu’elle excite, ensuite de le faire l’ennemi de lui-même, de son contraire et du juste ?

Sans doute.

Et chez un seul homme, j’imagine qu’elle produira ces mêmes effets, qu’il est dans sa nature de produire; d’abord elle le rendra incapable d’agir, excitant en lui la sédition et la discorde; ensuite elle en fera l’ennemi de lui-même et celui des justes. N’est-ce pas?

Oui.

Mais, mon cher, les dieux ne sont-ils pas justes?

(352b) Soit ! dit-il.

Donc, des dieux aussi l’injuste sera l’ennemi, Thrasymaque, et le juste l’ami.

Régale-toi sans crainte de tes discours : je ne te contredirai pas, afin de ne pas m’attirer le ressentiment de la compagnie.

Eh bien, allons ! repris-je, rassasie-moi de la suite du festin en continuant à répondre. Nous venons de voir que les hommes justes sont plus sages, meilleurs et plus puissants dans l’action que les hommes injustes, et que ceux-ci sont incapables d’agir de concert - et quand (352c) nous disons qu’ils ont parfois mené vigoureusement une affaire en commun, ce n’est, d’aucune manière, la vérité  , car ils ne se seraient pas épargnés les uns les autres s’ils eussent été tout à fait injustes; aussi bien est-il évident qu’il y avait en eux une certaine justice qui les a empêch  és de se nuire mutuellement, dans le temps qu’ils nuisaient à leurs victimes, et qui leur a permis de faire ce qu’ils ont fait ; se lançant dans leurs injustes entreprises, ils n’étaient qu’à demi pervertis par l’injustice, puisque les méchants achevés et les parfaits injustes sont aussi parfaitement incapables de rien faire. Voilà comment (352d) je le comprends, et non comme tu le posais au début. Maintenant il nous faut examiner si la vie du juste est meilleure et plus heureuse que celle de l’injuste : question que nous avions remise à un examen ultérieur. Or cela est, ce me semble, évident d’après ce que nous avons dit. Cependant nous devons mieux examiner la chose, car la discussion ne porte pas ici sur une bagatelle, mais sur la manière dont il faut régler notre vie.

Examine donc, dit-il.

Je vais le faire, répondis-je. Et dis-moi : le cheval te paraît-il avoir une fonction ?

Oui.

(352e) Or, poserais-tu comme fonction du cheval, ou de n’importe quel autre sujet, ce qu’on ne peut faire que par lui, ou ce qu’on fait le mieux avec lui ?

Je ne comprends pas, dit-il.

Expliquons-nous : vois-tu par autre chose que par les yeux ?

Certes non.

Et entends-tu par autre chose que par les oreilles ?

Nullement.

Nous pouvons par conséquent dire justement que ce sont là les fonctions de ces organes.

Sans doute.

Mais quoi ! ne pourrais-tu pas tailler un sarment de vigne avec un couteau, un tranchet, et beaucoup d’autres instruments?

Pourquoi pas?

Mais avec aucun, je pense, aussi bien qu’avec une serpette qui est faite pour cela.

C’est vrai.

Donc, ne poserons-nous pas que c’est là sa fonction?

Nous le poserons certainement.

Maintenant, je pense, tu comprends mieux ce que je disais tout à l’heure quand je te demandais si la fonction d’une chose n’est pas ce qu’elle seule peut faire, ou ce qu’elle fait mieux que les autres.

Je comprends, dit-il, et il me semble que c’est bien (353b) là la fonction de chaque chose.

Bon, repris-je. Mais n’y a-t-il pas aussi une vertu en chaque chose à qui une fonction est assignée ? Revenons à nos exemples précédents : les yeux, disons-nous, ont une fonction ?

Ils en ont une.

Ils ont donc aussi une vertu ?

Ils ont aussi une vertu.

Mais quoi ! les oreilles, avons-nous dit, ont une fonction ?

Oui.

Et donc une vertu aussi ?

Une vertu aussi.

Mais à propos de toute chose n’en est-il pas de même ?

Il en est de même.

Eh bien ! les yeux pourraient-ils jamais bien remplir (353c) leur fonction s’ils n’avaient pas la vertu qui leur est propre, ou si, au lieu de cette vertu, ils avaient le vice contraire ?

Comment le pourraient-ils ? Tu veux dire probablement la cécité à la place de la vue?

Quelle est leur vertu, peu importe ; je ne te le demande pas encore, mais seulement si chaque chose s’acquitte bien de sa fonction par sa vertu propre, et mal par le vice contraire.

C’est comme tu dis, avoua-t-il.

Ainsi donc, les oreilles, privées de leur vertu propre, rempliront mal leur fonction ?

Sans doute.

(353d) Ce principe s’applique-t-il à toutes les autres choses?

Il me le semble.

Or çà, donc, examine maintenant ceci : l’âme n’a-t-elle pas une fonction que rien d’autre qu’elle ne pourrait remplir, comme de surveiller, commander, délibérer et le reste ? Peut-on attribuer ces fonctions à autre chose qu’à l’âme, et n’avons-nous pas le droit de dire qu’elles lui sont propres ?

On ne peut les attribuer à aucune autre chose.

Et la vie ? ne dirons-nous pas qu’elle est une fonction de l’âme ?

Assurément, répondit-il.

Donc, nous affirmerons que l’âme aussi a sa vertu propre ?

Nous l’affirmerons.

Or, Thrasymaque, est-ce que l’âme s’acquittera jamais (353e) bien de ces fonctions si elle est privée de sa vertu propre? ou bien est-ce impossible ?

C’est impossible.

Par conséquent, il y a nécessité qu’une âme mauvaise commande et surveille mal, et que l’âme bonne fasse bien tout cela.

Il y a nécessité.

Or, ne sommes-nous pas tombés d’accord que la justice est une vertu, et l’injustice un vice de l’âme ?

Nous en sommes tombés d’accord, en effet.

Donc l’âme juste et l’homme juste vivront bien, et l’injuste mal ?

Il le semble, dit-il, d’après ton raisonnement.

Mais certes, celui qui vit bien est heureux et fortuné, et celui qui vit mal le contraire.

Qui en doute?

Ainsi le juste est heureux, et l’injuste malheureux.

Soit ! concéda-t-il.

Et cela ne profite pas d’être malheureux, mais d’être heureux.

Sans doute.

Jamais, par suite, divin Thrasymaque, l’injustice n’est plus profitable que la justice.

Que cela, Socrate, dit-il, soit ton festin des Bendidées ! Je l’ai eu grâce à toi, Thrasymaque, puisque tu t’es adouci et que tu as cessé de te montrer rude à mon égard. (354b) Cependant je ne me suis pas bien régalé : par ma faute et non par la tienne. Il me semble que j’ai fait comme les gourmands, qui se jettent avidement sur le plat qu’on leur présente, avant d’avoir suffisamment goûté du précédent; de même, avant d’avoir trouvé ce que nous cherchions au début, la nature de la justice, je me suis lancé dans une digression pour examiner si elle est vice et ignorance ou sagesse et vertu; un autre propos étant survenu ensuite, à savoir si l’injustice est plus avantageuse que la justice, je n’ai pu m’empêcher d’aller de l’une à l’autre, en sorte que le résultat de notre conversation est que je ne sais rien ; car, ne sachant pas ce qu’est la justice, encore moins saurai-je si elle est vertu ou non, et si celui qui la possède est heureux ou malheureux.

Jowett

This latter question need not be further discussed at present ; but when Thrasymachus says that the life of the unjust is more advantageous than that of the just, his new statement appears to me to be of a far more serious character. Which of us has spoken truly ? And which sort of life, Glaucon, do you prefer ?

I for my part deem the life of the just to be the more advantageous, he answered.

Did you hear all the advantages of the unjust which Thrasymachus was rehearsing ?

Yes, I heard him, he replied, but he has not convinced me.

Then shall we try to find some way of convincing him, if we can, that he is saying what is not true ?

Most certainly, he replied.

If, I said, he makes a set speech and we make another recounting all the advantages of being just, and he answers and we rejoin, there must be a numbering and measuring of the goods which are claimed on either side, and in the end we shall want judges to decide ; but if we proceed in our inquiry as we lately did, by making admissions to one another, we shall unite the offices of judge and advocate in our own persons.

Very good, he said.

And which method do I understand you to prefer ? I said.

That which you propose.

Well  , then, Thrasymachus, I said, suppose you begin at the beginning and answer me. You say that perfect injustice is more gainful than perfect justice ?

Yes, that is what I say, and I have given you my reasons.

And what is your view about them ? Would you call one of them virtue and the other vice ?

Certainly.

I suppose that you would call justice virtue and injustice vice ?

What a charming notion ! So likely too, seeing that I affirm injustice to be profitable and justice not.

What else then would you say ?

The opposite, he replied.

And would you call justice vice ?

No, I would rather say sublime simplicity.

Then would you call injustice malignity ?

No ; I would rather say discretion.

And do the unjust appear to you to be wise and good ?

Yes, he said ; at any rate those of them who are able to be perfectly unjust, and who have the power of subduing States and nations ; but perhaps you imagine me to be talking of cutpurses.

Even this profession, if undetected, has advantages, though they are not to be compared with those of which I was just now speaking.

I do not think that I misapprehend your meaning, Thrasymachus, I replied ; but still I cannot hear without amazement that you class injustice with wisdom and virtue, and justice with the opposite.

Certainly I do so class them.

Now, I said, you are on more substantial and almost unanswerable ground ; for if the injustice which you were maintaining to be profitable had been admitted by you as by others to be vice and deformity, an answer might have been given to you on received principles ; but now I perceive that you will call injustice honorable and strong, and to the unjust you will attribute all the qualities which were attributed by us before to the just, seeing that you do not hesitate to rank injustice with wisdom and virtue.

You have guessed most infallibly, he replied.

Then I certainly ought not to shrink from going through with the argument so long as I have reason to think that you, Thrasymachus, are speaking your real   mind ; for I do believe that you are now in earnest and are not amusing yourself at our expense.

I may be in earnest or not, but what is that to you ? — to refute the argument is your business.

Very true, I said ; that is what I have to do : But will you be so good as answer yet one more question ? Does the just man try to gain any advantage over the just ?

Far otherwise ; if he did he would not be the simple amusing creature which he is.

And would he try to go beyond just action ?

He would not.

And how would he regard the attempt to gain an advantage over the unjust ; would that be considered by him as just or unjust ?

He would think it just, and would try to gain the advantage ; but he would not be able.

Whether he would or would not be able, I said, is not to the point. My question is only whether the just man, while refusing to have more than another just man, would wish and claim to have more than the unjust ?

Yes, he would.

And what of the unjust — does he claim to have more than the just man and to do more than is just ?

Of course, he said, for he claims to have more than all men.

And the unjust man will strive and struggle to obtain more than the just man or action, in order that he may have more than all ?

True.

We may put the matter thus, I said — the just does not desire more than his like, but more than his unlike, whereas the unjust desires more than both his like and his unlike ?

Nothing, he said, can be better than that statement.

And the unjust is good and wise, and the just is neither ?

Good again, he said.

And is not the unjust like the wise and good, and the just unlike them ?

Of course, he said, he who is of a certain nature, is like those who are of a certain nature ; he who is not, not.

Each of them, I said, is such as his like is ?

Certainly, he replied.

Very good, Thrasymachus, I said ; and now to take the case of the arts : you would admit that one man is a musician and another not a musician ?

Yes.

And which is wise and which is foolish ?

Clearly the musician is wise, and he who is not a musician is foolish.

And he is good in as far as he is wise, and bad in as far as he is foolish ?

Yes.

And you would say the same sort of thing of the physician ?

Yes.

And do you think, my excellent friend, that a musician when he adjusts the lyre would desire or claim to exceed or go beyond a musician in the tightening and loosening the strings ?

I do not think that he would.

But he would claim to exceed the non-musician ?

Of course.

And what would you say of the physician ? In prescribing meats and drinks would he wish to go beyond another physician or beyond the practice of medicine ?

He would not.

But he would wish to go beyond the non-physician ?

Yes.

And about knowledge and ignorance in general ; see whether you think that any man who has knowledge ever would wish to have the choice of saying or doing more than another man who has knowledge. Would he not rather say or do the same as his like in the same case ?

That, I suppose, can hardly be denied.

And what of the ignorant ? would he not desire to have more than either the knowing or the ignorant ?

I dare say.

And the knowing is wise ?

Yes.

And the wise is good ?

True.

Then the wise and good will not desire to gain more than his like, but more than his unlike and opposite ?

I suppose so.

Whereas the bad and ignorant will desire to gain more than both ?

Yes.

But did we not say, Thrasymachus, that the unjust goes   beyond both his like and unlike ? Were not these your words ?

They were.

And you also said that the just will not go beyond his like, but his unlike ?

Yes.

Then the just is like the wise and good, and the unjust like the evil and ignorant ?

That is the inference.

And each of them is such as his like is ?

That was admitted.

Then the just has turned out to be wise and good, and the unjust evil and ignorant.

Thrasymachus made all these admissions, not fluently, as I repeat them, but with extreme reluctance ; it was a hot summer’s day, and the perspiration poured from him in torrents ; and then I saw what I had never seen before, Thrasymachus blushing. As we were now agreed that justice was virtue and wisdom, and injustice vice and ignorance, I proceeded to another point :

Well, I said, Thrasymachus, that matter is now settled ; but were we not also saying that injustice had strength — do you remember ?

Yes, I remember, he said, but do not suppose that I approve of what you are saying or have no answer ; if, however, I were to answer, you would be quite certain to accuse me of haranguing ; therefore either permit me to have my say out, or if you would rather ask, do so, and I will answer “Very good,” as they say to story-telling old women, and will nod “Yes” and “No.”

Certainly not, I said, if contrary to your real opinion.

Yes, he said, I will, to please you, since you will not let me speak. What else would you have ?

Nothing in the world, I said ; and if you are so disposed I will ask and you shall answer.

Proceed.

Then I will repeat the question which I asked before, in order that our examination of the relative nature of justice and injustice may be carried on regularly. A statement was made that injustice is stronger and more powerful than justice, but now justice, having been identified with wisdom and virtue, is easily shown to be stronger than injustice, if injustice is ignorance ; this can no longer be questioned by anyone. But I want to view the matter, Thrasymachus, in a different way : You would not deny that a State may be unjust and may be unjustly attempting to enslave other States, or may have already enslaved them, and may be holding many of them in subjection ?

True, he replied ; and I will add that the best and most perfectly unjust State will be most likely to do so.

I know, I said, that such was your position ; but what I would further consider is, whether this power which is possessed by the superior State can exist or be exercised without justice or only with justice.

If you are right in your view, and justice is wisdom, then only with justice ; but if I am right, then without justice.

I am delighted, Thrasymachus, to see you not only nodding assent and dissent, but making answers which are quite excellent.

That is out of civility to you, he replied.

You are very kind, I said ; and would you have the goodness also to inform me, whether you think that a State, or an army, or a band of robbers and thieves, or any other gang of evildoers could act at all if they injured one another ? No, indeed, he said, they could not.

But if they abstained from injuring one another, then they might act together better ?

Yes.

And this is because injustice creates divisions and hatreds and fighting, and justice imparts harmony and friendship ; is not that true, Thrasymachus ?

I agree, he said, because I do not wish to quarrel with you.

How good of you, I said ; but I should like to know also whether injustice, having this tendency to arouse hatred, wherever existing, among slaves or among freemen, will not make them hate one another and set them at variance and render them incapable of common action ?

Certainly.

And even if injustice be found in two only, will they not quarrel and fight, and become enemies to one another and to the just ?

They will.

And suppose injustice abiding in a single person, would your wisdom say that she loses or that she retains her natural power ?

Let us assume that she retains her power.

Yet is not the power which injustice exercises of such a nature that wherever she takes up her abode, whether in a city, in an army, in a family, or in any other body, that body is, to begin with, rendered incapable of united action by reason of sedition and distraction ? and does it not become its own enemy and at variance with all that opposes it, and with the just ? Is not this the case ?

Yes, certainly.

And is not injustice equally fatal when existing in a single person — in the first place rendering him incapable of action because he is not at unity with himself, and in the second place making him an enemy to himself and the just ? Is not that true, Thrasymachus ?

Yes. And, O my friend, I said, surely the gods are just ?

Granted that they are. But, if so, the unjust will be the enemy of the gods, and the just will be their friends ?

Feast away in triumph, and take your fill of the argument ; I will not oppose you, lest I should displease the company. Well, then, proceed with your answers, and let me have the remainder of my repast. For we have already shown that the just are clearly wiser and better and abler than the unjust, and that the unjust are incapable of common action ; nay, more, that to speak as we did of men who are evil acting at any time vigorously together, is not strictly true, for, if they had been perfectly evil, they would have laid hands upon one another ; but it is evident that there must have been some remnant of justice in them, which enabled them to combine ; if there had not been they would have injured one another as well as their victims ; they were but half-villains in their enterprises ; for had they been whole villains, and utterly unjust, they would have been utterly incapable of action. That, as I believe, is the truth of the matter, and not what you said at first. But whether the just have a better and happier life than the unjust is a further question which we also proposed to consider. I think that they have, and for the reasons which I have given ; but still I should like to examine further, for no light matter is at stake, nothing less than the rule of human life.

Proceed. I will proceed by asking a question : Would you not say that a horse has some end ?

I should.

And the end or use of a horse or of anything would be that which could not be accomplished, or not so well accomplished, by any other thing ?

I do not understand, he said.

Let me explain : Can you see, except with the eye ?

Certainly not.

Or hear, except with the ear ?

No. These, then, may be truly said to be the ends of these organs ?

They may.

But you can cut off a vine-branch with a dagger or with a chisel, and in many other ways ?

Of course.

And yet not so well as with a pruning-hook made for the purpose ?

True.

May we not say that this is the end of a pruning-hook ?

We may.

Then now I think you will have no difficulty in understanding my meaning when I asked the question whether the end of anything would be that which could not be accomplished, or not so well accomplished, by any other thing ?

I understand your meaning, he said, and assent.

And that to which an end is appointed has also an excellence ? Need I ask again whether the eye has an end ?

It has.

And has not the eye an excellence ?

Yes.

And the ear has an end and an excellence also ?

True.

And the same is true of all other things ; they have each of them an end and a special excellence ?

That is so.

Well, and can the eyes fulfil their end if they are wanting in their own proper excellence and have a defect instead ?

How can they, he said, if they are blind and cannot see ?

You mean to say, if they have lost their proper excellence, which is sight ; but I have not arrived at that point yet. I would rather ask the question more generally, and only inquire whether the things which fulfil their ends fulfil them by their own proper excellence, and fail of fulfilling them by their own defect ?

Certainly, he replied.

I might say the same of the ears ; when deprived of their own proper excellence they cannot fulfil their end ?

True.

And the same observation will apply to all other things ?

I agree.

Well ; and has not the soul an end which nothing else can fulfil ? for example, to superintend and command and deliberate and the like. Are not these functions proper to the soul, and can they rightly be assigned to any other ?

To no other.

And is not life to be reckoned among the ends of the soul ?

Assuredly, he said.

And has not the soul an excellence also ?

Yes.

And can she or can she not fulfil her own ends when deprived of that excellence ?

She cannot.

Then an evil soul must necessarily be an evil ruler and superintendent, and the good soul a good ruler ?

Yes, necessarily.

And we have admitted that justice is the excellence of the soul, and injustice the defect of the soul ?

That has been admitted.

Then the just soul and the just man will live well, and the unjust man will live ill ?

That is what your argument proves.

And he who lives well is blessed and happy, and he who lives ill the reverse of happy ?

Certainly.

Then the just is happy, and the unjust miserable ?

So be it.

But happiness, and not misery, is profitable ?

Of course.

Then, my blessed Thrasymachus, injustice can never be more profitable than justice.

Let this, Socrates, he said, be your entertainment at the Bendidea.

For which I am indebted to you, I said, now that you have grown gentle toward me and have left off scolding. Nevertheless, I have not been well entertained ; but that was my own fault and not yours. As an epicure snatches a taste of every dish which is successively brought to table, he not having allowed himself time to enjoy the one before, so have I gone from one subject to another without having discovered what I sought at first, the nature of justice. I left that inquiry and turned away to consider whether justice is virtue and wisdom, or evil and folly ; and when there arose a further question about the comparative advantages of justice and injustice, I could not refrain from passing on to that. And the result of the whole discussion has been that I know nothing at all. For I know not what justice is, and therefore I am not likely to know whether it is or is not a virtue, nor can I say whether the just man is happy or unhappy.


Ver online : A REPÚBLICA (Fundação Calouste)