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CORPO ESPIRITUAL E TERRA CELESTE

Corbin (CETC:54-57) – Livro de Zoroastro

Imago Terrae mazdéenne

segunda-feira 22 de agosto de 2022, por Cardoso de Castro

    

CORBIN  , Henry. Corps Spirituel et Terre Céleste. De l’Iran mazdéen à l’Iran shî’ite. Paris: Buchet/Chastel, 1979, p. 54-57 (inglês)

    

En los dos casos que acabamos de analizar vemos que la intención y el esfuerzo del alma   tienden a configurar y a realizar la Tierra celeste, para permitir así la epifanía de los seres de luz. Se trata de alcanzar la Tierra de las visiones, in medio mundi, allí donde los acontecimientos reales consisten en las propias visiones. Y éstos son precisamente los acontecimientos que describen los Relatos en torno a la investidura profética de Zaratustra  . El Zaratusht-Nama (El Libro de Zoroastro, en adelante Z. N.) nos lo señala con una indicación de una simplicidad sublime: «Cuando Zaratustra cumplió los treinta años, sintió el deseo de Eran-Vej   y fue en su busca con algunos compañeros, hombres y mujeres» . Sentir el deseo de Eran-Vej es desear la Tierra de las visiones, es llegar al centro   del mundo, la Tierra celeste donde tiene lugar el encuentro de los Santos Inmortales. En realidad, los episodios que indican el avance y la entrada de Zaratustra y de sus compañeros en Eran-Vej, el momento del tiempo en el que se efectúa esta entrada, no son ni acontecimientos externos ni fechas cronológicas: son episodios e indicaciones hierofánicas.

Los paisajes y los acontecimientos son perfectamente reales, y sin embargo no se pueden rastrear ni en la topografía positiva ni en la historia   cronológica. Paisajes e indicaciones topográficas aluden a una geografía imaginal, del mismo modo que los acontecimientos pertenecen a una historia imaginal. Ésta es «hiero-historia», porque sus acontecimientos son hierofanías, y las hierofanías no constituyen esencialmente una historia material, sino una historia Imaginal. Una aclaración esencial: el acceso a Eran-Vej señala la ruptura con las leyes del mundo físico. Una gran extensión de agua obstaculiza a este pequeño grupo pero, guiados por Zaratustra, todos la atraviesan sin quitarse siquiera la ropa: «Como el navío se desliza sobre las olas, así caminaron por la superficie del agua» (Z. N., cap. XVI). Dado que corresponde al espacio hierofánico, el Tiempo tampoco es el tiempo profano con fechas que se pueden situar en los calendarios de la historia (aunque se haya   intentado hacerlo). La llegada a Eran-Vej, la Tierra de las visiones in medio mundi, tiene lugar el último día del año (la víspera de Naw-Ruz, y en la teosofía chi  íta, laparusía del Imam   oculto se produce también el primer día del año, en Naw-Ruz). Ahora bien, cada mes mazdeísta, así como todo el resto del año, es homólogo del Aion  , el gran ciclo del Tempo-de-largo-dominio. La «fecha» es aquí una indicación hierofánica: anuncia el final de un milenio, el alba de un período nuevo (más adelante veremos también que la Tierra celeste de Hürqalya está en el límite del Tiempo y del Aevum). Por eso la primera teofanía tiene lugar el día   15 del mes de Urdibihisht, que corresponde al corte mediano   de los XII milenios, es decir, al momento en que la Fravarti (la entidad celeste) de Zaratustra fue enviada a la Tierra. Aquí las fechas corresponden a un ciclo litúrgico que conmemora y repite los «acontecimientos en el Cielo  ».

Ahora, vemos que Zaratustra abandona a sus compañeros. Alcanza el río Daiti, en el centro de Eran-Vej (Z. N., pág. 25, nota 6: Zat-spram = Zsp. II, 6), en cuyas orillas nació. Vuelve pues al origen  , al mundo arquetipo, preludio necesario para la visión directa de las Potencias de luz arquetípicas. Está allí, solitario en la orilla del inmenso río sin fondo dividido en cuatro brazos. Penetra en él sin temor, sumergiéndose un poco más en cada uno de los cuatro brazos del río (Z. N., cap. XX). La tradición   zoroástrica fue tan consciente de que éste era un acontecimiento   psico-espiritual que aplica a los datos externos el procedimiento del tawil  , la exégesis esotérica de los Espirituales del Islam para devolver el Acontecimiento a la realidad espiritual que lo configura. Según esta tradición, la travesía de los cuatro brazos del río Daiti equivale a la realización mental   de la totalidad del Aion: representa a Zaratustra redivivus en la persona de los tres Saoshyants surgidos de su Xvarnah, que realizarán la transfiguración del mundo (Z. N., cap. XXI; Zsp. XXI, 7).

Y cuando se produce la primera teofanía, cuando se hace nítida la visión del Arcángel Bahman (Vohu Manah), de una belleza impresionante, «resplandeciente a lo lejos como el sol, y vestido con un traje de luz», el Arcángel ordena a Zaratustra que se despoje de su vestido, es decir, de su cuerpo material, de los órganos de la percepción sensible  , para poderlo conducir a la presencia deslumbrante de la tearquía divina de los Siete. El diálogo   se inicia como el diálogo entre Hermes   y su Nous, Poimandres  . El Arcángel pregunta: «Dime tu nombre, lo que buscas en el mundo y a qué aspiras». En compañía del Arcángel, Zaratustra permanece extasiado en presencia del Concilio arcangélico. Una nueva precisión de fisiología mística: en cuanto entra en la asamblea de los seres Celestes, Zaratustra cesa «de ver la proyección de su propia sombra en el suelo, a causa   del resplandeciente esplendor de los Arcángeles» (Zsp. XXI, 13). Desprenderse del «vestido material» es anticipar el estado   del Cuerpo de luz o de resurrección, pura incandescencia diáfana de Luces arcangélicas; y esta pura incandescencia los alcanza sin proyectar ninguna sombra, porque son a su vez fuente de luz. No hacer sombra, ésta es la propiedad del cuerpo glorioso, significa estar en el centro. Y todo esto quiere decir que los acontecimientos que tienen lugar en tierra de Eran-Vej tienen como sede y órgano el cuerpo sutil   de luz.

Finalmente, las teofanías tienen lugar en las altas cumbres de esta Tierra. El Avesta menciona la montaña y el bosque de los encuentros sagrados. Algunas tradiciones tardías han identificado esta montaña con algunas montañas de la geografía positiva; anteriormente hemos tratado de establecer el sentido de la operación mental necesaria para esta homologación. Mencionemos aquí más bien la indicación de textos pahlevis que se refieren sobre todo a dos de estas montañas que fueron los escenarios de estas teofanías: Hukairya, la montaña de las Aguas esenciales, allí donde crece el Haoma blanco  , la planta   de inmortalidad  , y la montaña de la aurora  , aureolada por la Luz-de-Gloria en el preciso momento en que para el alma surge la aurora de su vida celeste. Luego podemos asegurar que los éxtasis de Zaratustra tienen lugar precisamente allí donde la visión interior anticipa la escatología individual. Las cumbres de la Tierra de las visiones son las cumbres del alma. Las dos Formas imaginales, las dos Imágenes-arquetipos, Imago Terrae e Imago Animae, se corresponden: la montaña de las visiones es la montaña psico-cósmica.

Finalmente, las teofanías tienen lugar en las altas cumbres de esta Tierra. El Avesta menciona la montaña y el bosque de los encuentros sagrados. Algunas tradiciones tardías han identificado esta montaña con algunas montañas de la geografía positiva ; anteriormente hemos tratado de establecer el sentido de la operación mental necesaria para esta homologación. Mencionemos aquí más bien la indicación de textos pahlevis que se refieren sobre todo a dos de estas montañas que fueron los escenarios de estas teofanías: Hükairya, la montaña de las Aguas esenciales, allí donde crece el Haoma blanco, la planta de inmortalidad, y la montaña de la aurora, aureolada por la Luz-de-Gloria en el preciso momento en que para el alma surge la aurora de su vida celeste. Luego podemos asegurar que los éxtasis de Zaratustra tienen lugar precisamente allí donde la visión interior anticipa la escatología individual. Las cumbres de la Tierra de las visiones son las cumbres del alma. Las dos Formas imaginales, las dos Imágenes-arquetipos, Imago Terrae e Imago Animae, se corresponden: la montaña de las visiones es la montaña psico-cósmica.

Esto lo confirman por otra parte determinadas tradiciones antiguas conservadas en los textos griegos relativos a Zaratustra. Porfirio  , por ejemplo, describe la retirada de Zaratustra a una cueva de las montañas de la Pérsida, adornada con flores   y manantiales, que ofrecía una perfecta Imago mundi para su meditación. Dion Crisóstomo menciona la alta cima a la que se retiró Zaratustra para vivir “a su manera” y donde, tras un decorado de fuego y de esplendor sobrenatural, tiene lugar un ceremonial de éxtasis invisible a las miradas profanas. La retirada a la montaña psico-cósmica representa una fase esencial en cualquier misteriosofía: el acto final lo constituye el abrazo del éxtasis; entonces se vuelven visibles para el alma las Figuras celestes que aparecen a través del órgano de su propia Imagen-arquetipo. Y aquí también debemos tal vez a un texto griego una precisión esencial acerca de los éxtasis sagrados en Éran-Véj: Zaratustra se había iniciado directamente en la sabiduría a través de Agathos Daimon  . Ahora bien, una investigación anterior   nos permitió reconocer en Agathos Daimon una figura homóloga a la de Daéna, el Yo celestial, el Anima caelestis.

Finalmente, la visión del paisaje terrenal que aureola el Xvarnah, la Luz-de-Gloria, así como la consistencia de los acontecimientos que se llevan a cabo en él, sólo visibles para el alma, todo ello anuncia una orientación escatológica: es el presentimiento que anticipa tanto la Transfiguración final de la Tierra (frashkart) como el acontecimiento supremo de la escatología individual, el encuentro en la aurora del Yo celeste, el Ángel Daéna, en la entrada del Puente Chinvat. Por esta razón la geografía visionaria forma una iconografía mental tendida como soporte para la meditación de lo que anteriormente hemos llamado “geosofía” y que aparece como inseparable de la escatología, ya que esencialmente debe preparar el nacimiento del ser humano   terrenal a su Yo celeste, que es Daéna, hija de Spenta Armaiti  -Sofía.


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