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História do pensamento no mundo islâmico

Cruz Hernández: Ibn Arabi - Las divisiones del ser

O Neoplatonismo místico de Ibn Arabi de Múrcia (1165-1240)

quarta-feira 10 de agosto de 2022, por Cardoso de Castro

    

El concepto de lo que sea el ser   meramente posible se puede alcanzar por dos vías diferentes: 1.a La vía positiva, que consiste en disminuir la entidad del ser mediante la agrupación del no-ser; en este sentido, el concepto de ser posible es el de aquello que puede ser o no ser. 2.a La vía negativa, por la cual se define al ser meramente posible con lo que no es ni ser ni no-ser.

    

Siguiendo la tradición   neoplatónica musulmana, Ibn Arabi   establece también que el ser   se divide en dos grupos fundamentales: el ser meramente posible y el Ser Necesario. El concepto de lo que sea el ser meramente posible se puede alcanzar por dos vías diferentes: 1.a La vía positiva, que consiste en disminuir la entidad del ser mediante la agrupación del no-ser; en este sentido, el concepto de ser posible es el de aquello que puede ser o no ser. 2.a La vía negativa, por la cual se define al ser meramente posible con lo que no es ni ser ni no-ser. De aquí que Ibn Arabi se decida a definir   al ser meramente posible como la perplejidad «entre el ser y el no ser, por motivo de su indeterminación respecto de cada uno de ambos extremos. Y así resulta que sobre lo posible cabe formular por su esencia el siguiente juicio: Si de él dices que es verdad, dices verdad, y si dices que es mentira  , no mientes». En oposición al ser meramente posible, el Ser Necesario es aquel del que sólo se puede predicar el ser y no puede atribuírsele el no-ser en modo alguno, debiendo decir siempre que es el Ser y la Verdad. Por tanto, lo absolutamente contrario del Ser Necesario no es el ser posible, sino lo imposible, del cual nunca y en ningún sentido se puede predicar el ser. Los constitutivos esenciales de estos tres modos   fundamentales son: la luz, respecto del Ser Necesario; la oscuridad, de lo imposible absoluto, y la penumbra del ser posible.

El objeto inmediato del saber metafísico es el conocimiento del ser meramente posible. «Conocer lo posible — dice Ibn Arabi — es el océano de la ciencia, mar extensísimo cuyas hinchadas olas hacen zozobrar la débil barquilla de la mente   humana; mar, en fin, cuyas orillas no son otras que aquellos dos límites: lo necesario y lo imposible; los cuales no debemos figurárnoslos... como si ambos extremos difiriesen entre sí tan sólo a la manera que difieren la derecha y la izquierda... Si nos viésemos obligados a imaginarla de algún modo, no encontraríamos la forma más adecuada al asunto en cuestión, que compararla al centro   de la circunferencia y el espacio comprendido entre ésta y aquél. El centro es la Verdad; el vacío exterior a la circunferencia, la nada..., la oscuridad; el espacio comprendido entre el centro y dicho vacío exterior a la circunferencia, lo posible... Hemos tomado como ejemplo el centro porque éste es la raíz de la existencia de la periferia del círculo, que es producido por él, como del mismo lo posible es producido por la Verdad... Cada uno de los puntos de la circunferencia es el término del radio, y su principio es el punto central del que arranca el radio hacia la circunferencia. Así también Dios es el principio y el fin; el principio de toda cosa posible... Lo que está fuera (del círculo) excluido del ser de la Verdad, es la nada, que no puede recibir el ser. Las líneas salientes tienen su principio en Dios y en El tienen su fin, porque a Dios vuelven todas las cosas... (Porque Dios) no es las cosas creadas, ni éstas son algo distinto de El.»

Aunque se arranque, por tanto, del ser posible, el objeto total de la metafísica   está constituido por dichos tres elementos  , ya que «tres y sólo tres son los objetos de la ciencia. Primero: el Ser Absoluto, que no puede concretizarse y que es el Ser mismo de Dios, Ser Necesario per se. Segundo: el no-ser absoluto, que según su esencia es nada y tampoco puede concretizarse de modo alguno y que es el ser imposible, que se opone al Ser Absoluto, de tal modo, que si a ambos se les definiese con toda precisión, serían iguales. Ahora bien, no cabe que existan dos contradictorios opuestos sin que entre ellos haya   una diferencia que distinga a uno del otro... Esta diferencia que existe entre el Ser Absoluto y la nada es el Sublime intermediario, uno de cuyos aspectos mira al ser y el otro hacia la nada... Tal es, por consiguiente, el tercer objeto, en el cual está contenida la totalidad de los (seres) posibles». Estos seres posibles son infinitos numéricamente, no poseyendo por sí mismos el ser, por lo que no exigen per se una esencia real existente en acto, antes bien, considerados en sí mismos, antes miran a la nada. Mientras existen en el Sublime intermediario, son simples e indefinidos, y para alcanzar la existencia individual en acto precisan que le sea conferido el ser por el Ser necesario per se o Ser Absoluto, lo que éste hace a través del mandato existencial. Es entonces cuando presenta una entidad individual y concreta, con sus modos de ser, sus sustancias peculiares y sus accidentes propios y específicos.

La relativa novedad de Ibn Arabi, respecto al conjunto   del pensamiento neoplatónico, lo representa en este caso el Intermediario (barzaj), cuyo concepto es muy delicado  . Indudablemente no se trata de ningún ente concreto y más bien parece que Ibn Arabi lo considera como «mera posibilidad de ser», en tanto que afirma que no es ni existente ni no existente y que su modo de ser está en función de la perspectiva de la cual lo consideramos. Si lo vemos desde el ser, parecerá existente; si lo miramos desde la nada, se mostrará como carente de existencia. «La causa   de que el intermediario — escribe Ibn Arabi —, es decir, lo posible entre el ser y la nada, sea susceptible de esa doble relación positiva y negativa, no es otra cosa que el ser opuesto por su esencia misma a aquellas dos realidades. Más claro — dice Ibn Arabi con un ejemplo que, sin embargo, no lo es demasiado —, la nada absoluta se presenta como si fuese un espejo ante el Ser Absoluto. Este ve su forma propia en aquélla, y esa forma es la esencia de lo posible; por esto tiene lo posible esencia positiva y realidad en su mismo estado   de no-ser; por esto, también, aparece lo posible bajo la misma forma del Ser Absoluto; por esto, en fin, lo posible se define por la ilimitación, pudiendo decirse de él que es infinito  . A su vez, el Ser Absoluto es como un espejo para la nada absoluta. Esta se contempla a sí misma en ese espejo de la Verdad y la forma que en él se ve es la esencia misma de la nada.» Por tanto, la entidad de lo posible es comparada por Ibn Arabi con la que tiene la imagen reflejada en el espejo, que no es en sí ni la nulidad que es el espejo sin aquélla (el no ser) ni la realidad auténtica de la cosa reflejada (el ser). La entidad de lo meramente posible es tan sólo relativa y no inherente a la esencia de la cosa posible, sino que procede del acto existencial exclusivo del Ser Absoluto.

Y aunque esta concepción no sea demasiado clara, tampoco permite afirmar sin más que Ibn Arabi sea pan teísta; la sola afirmación de que el mundo proceda del centro y vuelva a él, no tiene que ser interpretada forzosamente en sentido panteísta, más aún cuando Ibn Arabi se refiere muchas veces a la creación coránica ex nihilo; y pese a las diferencias terminológicas y de estilo, Ibn Arabi se mueve dentro de los supuestos de la metafísica aviceniana.


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